“¿Por qué te portas así con mi país? ¿Qué te habíamos hecho?”. Lothar Matthäus no paraba de preguntar a Carles Puyol sobre el gol que marcó a Alemania en la semifinal de la Copa del Mundo de 2010. Ambos se habían encontrado en un hotel de Johannesburgo dos días antes de la final que disputarían España y Países Bajos y el célebre centrocampista quería saber cómo era posible que aquel central azulgrana se hubiera impuesto a la defensa de la Mannschaft en el área pequeña, a la salida de un córner botado por Xavi, para marcar en el minuto 73 el 1-0. Puyol no supo responder de manera convincente a Matthäus. La conversación prosiguió en la mesa en que el jugador azulgrana departía con Andrés Iniesta y el abogado de ambos, Ramon Sostres, antes del saludo de la leyenda del Bayern de Múnich y de Alemania. “¿Te das cuenta de que todo el mundo sabe que has marcado el gol más importante del fútbol español?”, inquirieron Iniesta y Sostres a Puyol. “Ojalá lo sea solo hasta el domingo; estoy seguro de que así será”, replicó Puyol, convencido de la victoria final de España. El domingo llegó el célebre gol del manchego que, de alguna manera, había sido anunciado por su compañero del Barça.Las complicidades afloran en los momentos decisivos, como sucedió en el Alemania-España, cuando la asociación Xavi-Puyol, la misma que había dado en el segundo de los goles del 2-6 del Barça en el Bernabéu del 2 de mayo de 2009, se repitió en Durban. Una jugada ensayada en un momento solemne y que no parecía formar parte del guion de una selección cuya bandera era el juego de posición, posesión y presión ya implantado y contrastado por Pep Guardiola en el Camp Nou. La España del “toco y me voy” de Xavi había abatido a Alemania en una acción muy alemana por el poderío físico y el testarazo de Puyol.Había sido el propio Puyol el que había advertido a Xavi durante el descanso para que en el próximo saque de esquina le pusiera la pelota “como se la has puesto a Capdevila” en una acción que se había preparado en los entrenamientos de la selección de Vicente del Bosque. Había seguridad y confianza en el equipo de que en Sudáfrica se presentaba una oportunidad única para alcanzar por vez primera la Copa del Mundo después de las últimas victorias mínimas contra Portugal y Paraguay. El obstáculo era la poderosa Alemania. La ilusión por la victoria se imponía a la presión sufrida después de la derrota inicial contra Suiza.A diferencia de los cruces de cuartos, la frontera que separa a las mejores selecciones de las eliminadas, la maldición de España durante cuatro ediciones de la Copa del Mundo, las semifinales. Se presentan como una oportunidad única, histórica por ser la segunda en el caso de la Roja, después de la ganada en 2010. España también acudía entonces como una de las favoritas por su condición de campeona de la Eurocopa y el enfrentamiento se consideraba como una final que hasta cierto punto se parece a la del martes contra Francia, la selección que hasta ahora más ha destacado en el Mundial. No hay que olvidar, sin embargo, que España la eliminó precisamente en la semifinal de la Eurocopa y también en la de la Liga de las Naciones.