España-Portugal. Otra vez. Y en octavos de final, como en Ciudad del Cabo en 2010 cuando Villa marcó a siete minutos del final el único gol, tres partidos antes de levantar la Copa en Sudáfrica el “Iniesta de mi vida”, la estrella sobre el escudo y todo lo que vino después. Pero también como en 2004, en la Euro de Portugal, donde el equipo que dirigía Iñaki Saez perdió por la mínima, no pudo cavar más hondo y regresó a casa en la primera ronda para que Luis Aragonés tomase las riendas de aquello.
El último España-Portugal en un torneo serio había sido en 2012 en Donetsk, semifinales de la Eurocopa de Ucrania donde el empate sin goles se dirimió en la tanda de penaltis. Se clasificó España para la final en la que luego golearía a Italia. Los aficionados más cafeteros recordarán cómo Cristiano Ronaldo se fue del partido clamando ante las cámaras: “Qué injusticia, qué injusticia”.
Los países vecinos también se midieron en la Nations League, el último invento de la UEFA (no, no solo la FIFA opera como una caja la registradora) para seguir exprimiendo el fútbol y a los futbolistas: España ganó la de 2023 y Portugal la de 2025, pero aquellos campeonatos perviven en la memoria de Google, mucho más que en la de la gente.










