El puesto de mando de Turre, en Almería, donde se coordinan los esfuerzos para acabar con el mortífero incendio de Los Gallardos, seguía siendo este sábado, en su segunda jornada luchando contra el fuego, un ir y venir de bomberos, policías, agentes de la Guardia Civil y de los servicios de emergencias, sanitarios, alcaldes de la zona y otros representantes políticos de todos los niveles. Por estar, estaba hasta el padre Víctor, el párroco de la comarca. El fuego, tras arrasar más de 6.600 hectáreas de la sierra de la Cabrera-Bédar, seguía sin control y las preguntas continuaban siendo las mismas: cómo se originó, cómo se propagó y, sobre todo, cómo, no siendo un incendio de grandes dimensiones, le ha costado la vida a al menos 12 personas, mientras 23 siguen desaparecidas o “ilocalizadas”, como prefieren referirse a ellas los responsables de la coordinación de la emergencia. El jueves por la tarde, cuando todo empezó, los gritos de Indalecia Balastegui, de 38 años y residente en Los Gallardos (3.100 habitantes), cruzaban las nubes de humo: “¡Mis niños están ahí!, ¡Mis niños están ahí!”. Ella y su marido, Miguel Pérez, de 46 años, fueron de los primeros en ver el fuego y avisar, junto con un operario de carreteras que se encontraba en el lugar de origen: Almocaizar, una pequeña pedanía, a siete kilómetros de Los Gallardos, muy próxima a la autovía A-7. Cuenta Miguel que cuando salió de la casa de su madre, en Almocaizar, a eso de las 16.20 de la tarde, vio fuego en la antigua venta abandonada que hay frente al bar Anita, cerrado desde hace años. “Se había caído un antiguo poste de la luz, de los de madera, y un operario de carreteras trataba de controlar el fuego, provocado por un chispazo del cable, que quedó atravesado en la carretera”, relata. Su relato concuerda con la hipótesis manejada hasta ahora por la Guardia Civil, que investiga como posible origen del incendio la caída de un cable de un tendido privado que en su momento daba servicio a una vivienda y a un restaurante ahora abandonados. “Le pregunté al operario si había llamado a los bomberos. Me dijo que sí, no parecía nada muy grave”, asegura Miguel. Se fue y dejó a sus dos hijos, de tres y cinco años, con su madre en el cortijo familiar. Pero sí iba a ser grave. Una combinación extrema de sequedad, altas temperaturas y fuertes ráfagas de viento propagó a toda velocidad el fuego por un barranco escarpado que dejó a las víctimas casi indefensas, encerradas. El resultado ha sido, está siendo, uno de los incendios más letales que se recuerdan en España, que además de cobrarse de momento 12 vidas obligó a desalojar en día y medio a más de 1.500 personas, muchas de las cuales continúan hospedadas fuera de sus casas. Aunque el viento dio una tregua este sábado, el fuego aún no ha sido derrotado. 01:29El ministro Bolaños admite estar trabajando "de la mano" con la Junta en el incendioEl ministro de Presidencia, Félix Bolaños, atiende a los medios por segunda vez en Turre (Almería), este sábadoFoto: Francisco J. Olmo / Europa PressIndicaciones desatendidasLa esposa de Miguel, Indalecia, había subido un momento a su casa, en Los Gallardos, para coger unas medicinas. “Yo no vi nada de fuego cuando salí”, asegura. “Pero cuando bajé, alertada por mi marido, ya todo eran llamas y humo”, recuerda. Dos guardias civiles de tráfico, Rodrigo y Fran, los primeros agentes en llegar al lugar, son desde entonces sus ángeles de la guarda. Lía e Izan, de tres y cinco años, salieron huyendo del cortijo de la mano de su abuela, asediados por las llamas y asfixiados por el humo. La determinación y la rápida reacción de los agentes Rodrigo y Fran, sumada a un feliz cambio de sentido del viento en ese momento, les salvó la vida. Otras 12 personas, que desde sus cortijos emprendieron la huida en coches, incluso a pesar de recibir la instrucción de permanecer refugiadas en sus viviendas, corrieron peor suerte y fueron fagocitadas por el fuego. Otras ocho resultaron heridas, cuatro de ellas de extrema gravedad. Y suman 23 las que alguien ha echado en falta, aunque solo se han registrado siete denuncias de desaparición oficialmente. Los responsables públicos, tanto de la Junta de Andalucía como del Gobierno central, han insistido en la importancia de atender las instrucciones en un caso como este. “Las autoridades, cuando están en una emergencia, no damos recomendaciones, damos instrucciones de obligado cumplimiento. No son decisiones caprichosas, son indicaciones que salvan vidas. Y desatenderlas puede provocar consecuencias tan terribles como las vividas”, ha subrayado el consejero andaluz de Presidencia andaluz, Antonio Sanz. También ha hecho hincapié en ello el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, que ha subrayado “la necesidad” de que en circunstancias así se sigan “las instrucciones que se dan”.El fuego salta a la carreteraEl jueves por la tarde, Indalecia y los dos guardias de tráfico, que ya cortaban la carretera para impedir el tránsito de vehículos en la zona, se adentraron entre el humo y las llamas en el todoterreno de la Guardia Civil en busca de los pequeños. Los encontraron “en ropa interior, con lo puesto”, recuerda su madre emocionada. Estaban de la mano con su abuela, junto a un contenedor, tratando de llegar hasta la carretera, a escasos metros. Todo sucedía demasiado deprisa. La pareja de Tráfico, Rodrigo y Fran, había recibido un aviso de “un pequeño fuego” cuando se encontraba en Cuevas de Almanzora. Y a las 16.30 horas estaban ya en Almocaizar, perplejos. “Ya había mucho humo y el fuego estaba alto, solo estaba el operario de carreteras, una dotación con tres bomberos y un camión y nosotros”, recuerda Rodrigo. “Se estaba quemando el poste, vi las chispas en el cable, como en ebullición”, recuerda Miguel. “Era un poste de los más viejos, de los de travesaño”, describe.Endesa, después de que sus técnicos inspeccionaran el tendido, ha negado que la infraestructura sea de su responsabilidad y que la línea estuviera activa, ya que el cableado no registraba “tensión” eléctrica, según explicaron fuentes de la compañía.Tras los “chispazos”, salió una bocanada de aire “muy fuerte y muy caliente procedente del interior”, “como si echaran gasolina”, relata el agente Rodrigo. “A los tres bomberos se les va de las manos, el fuego saltó al otro lado de la carretera, ya estaba el caos montado, ya no veíamos”, añade.De maleza a combustibleLa primera autoridad en llegar al lugar de origen del incendio fue el alcalde de Los Gallardos, Francisco Reyes, que comenzó a avisar a los vecinos para el desalojo junto con un policía local. El agente Rodrigo, directamente, solicitó medios aéreos, mientras iban llegando más bomberos de los municipios de la zona. A las 17.00, ya había también bomberos del Infoca y dos helicópteros echando agua. Pero el fuego ya había subido siete kilómetros en línea recta campo a través en sentido Bédar.Ángel Collado, alcalde de Bédar, que también se había acercado hasta el punto de origen de Almocaizar, voló a su pueblo cuando se percató de la velocidad de las llamas para avisar a sus vecinos de lo que estaba por llegar. A las 18.00, en una hora y media, esas tierras eran lo más parecido al infierno, pese a la rápida respuesta. Y lo que comenzó como un “pequeño accidente” con un fuego que parecía fácilmente controlable, acabó convirtiéndose en una trampa mortal. La orografía del terreno, un oasis de vegetación y fauna autóctonas en medio del desierto almeriense, donde crecen plantas en peligro de extinción como las Siemprevivas de Mojácar y donde los extranjeros han reconvertido viejos cortijos en singulares mansiones, unida a la enorme velocidad de propagación de las llamas, convirtió ese precioso rincón natural en una ratonera.“La propagación de las llamas era superior al propio viento”, señaló la directora de Protección Civil y Emergencias, Virginia Barcones, que acudió el sábado junto con el ministro Félix Bolaños al puesto de control de Turre para valorar la situación. “El fuego se propagó a una velocidad superior a los cien metros por minuto”, aseveró el ministro. Esa extraordinaria rapidez de propagación, que sorprendió a todos los protagonistas del incendio, se debió a diversos factores. Por un lado, el excepcional invierno de lluvias que ha vivido la zona, como gran parte de Andalucía. El terreno, desértico, con escasa vegetación y muchos matorrales, agradeció las aguas, de una especial viveza esta primavera. Pero el tórrido sol almeriense convirtió toda esa maleza en combustible. Y las fuertes rachas del viento del sur, de hasta 50 kilómetros por hora, empujaron las llamas hacia e norte. Imposible detenerlas desde tierra entre barrancos y ramblas inaccesibles. Viviendas diseminadasLa gran cantidad de viviendas habitadas y diseminadas por la zona fue el ingrediente final. Los avisos puerta a puerta eran más complicados. Tanto, que hubo que tirar de las campanas de la iglesia para avisar de que había peligro. No daba tiempo, iba demasiado rápido, coinciden los testimonios de vecinos, guardias y alcaldes. La mayoría de las casas han sido salvadas y este sábado tenían una marca amarilla en forma de equis que indicaba que agentes de la Guardia Civil habían pasado por allí comprobando si había supervivientes o fallecidos. La señal se encontraba también en cada pista de tierra y cada vehículo quemado que hay por la montaña, que los investigadores analizan para intentar identificarlos también. “Los agentes están peinando la zona de manera minuciosa”, aseguraba Barcones. “Habrá que hacer reflexión, cuando acabe la emergencia, y análisis del cómo y el porqué para aprender”, decía. Y sobre la controvertida decisión de no activar la alerta Es-Alert argumentaba que “la dirección de la emergencia ha tomado las decisiones que creía oportunas para proteger a las personas y a las poblaciones y, al mismo tiempo, atacar el incendio”.“No se utilizó porque podía causar confusión, no se podían disgregar los mensajes, y podíamos dar consejos contradictorios a la población, como confinarse y evacuar al mismo tiempo”, zanjaba el consejero de Presidencia de la Junta de Andalucía, Antonio Sanz.Este sábado Félix Bolaños aseguraba que, durante la mañana, el cambio de viento había abierto “una ventana de oportunidad” para atacar el fuego y que ello podría dar buenos resultados para la estabilización del mismo.El comandante Ángel Saldaña, coordinador de los medios de la Unidad Militar de Emergencias en la zona, explicó que sus equipos trabajaban en dos sectores. A un lado, al suroeste, cerca de la autovía A-7, para extinguir posibles focos secundarios. Al otro, al noroeste, en las inmediaciones de distintas localidades —como Lubrín, cuya población estuvo confinada durante toda la jornada—, para “contener” las llamas y que no progresaran hacia el norte”. Por su parte, la mayoría de evacuados querían volver cuanto antes a sus casas. Algunos lo hicieron incluso desafiando a las autoridades. La Guardia Civil confirmó la detención de dos personas que desafiaron las instrucciones de las fuerzas de seguridad “por desobediencia a la autoridad”, al intentar acercarse a sus viviendas en “zonas restringidas” y no hacer caso a las órdenes de los agentes.
Viento, maleza y viviendas sueltas: así se convirtió un “chispazo” en un incendio letal en Almería
Los primeros testigos, una familia y dos guardias civiles, apuntalan la hipótesis del fuego en la caída de un viejo poste de la luz y las fuertes rachas de viento












