Los restos de Eduardo de la Rubia ya descansan en España, su tierra natal, a la que no pudo regresar en vida. Su hija, Esperanza, de 95 años, llevaba días sin comer, esperando el funeral. Es ya muy mayor, camina en silla de ruedas y vive en una residencia, pero no olvida los años del exilio. Cuando estalló la Guerra Civil todavía era una niña.PublicidadSu padre, que había sido alcalde de Calzada de Calatrava (Ciudad Real) durante la II República, pudo huir, pero el resto de la familia se quedó en España. Consiguieron reunirse con él en Argelia en casi una década después. Por desgracia, el patriarca falleció en un accidente laboral en 1960 en Francia, sin llegar a pisar suelo español. Su mujer y su hija hicieron el camino de vuelta y jamás volvieron a Puybegon, el pueblo donde hasta principios de junio descansaba el político republicano.Manuel Ciudad Ruiz, historiador y sobrino de Eduardo, descubrió por casualidad en redes sociales imágenes de un cementerio francés. Investigando un poco, confirmó que allí se encontraba el nicho olvidado. Tras hablarlo con su prima, decidieron iniciar los trámites de repatriación. En cuestión de meses, y con la ayuda de Moisés, un familiar que vive en Francia, consiguieron "tener listo todo el papeleo".Según explica en conversaciones con Público, lo más difícil fue la parte burocrática. Una vez superada esa fase, en la aldea francesa todo el mundo se volcó con ellos. Incluso el alcalde estuvo moviendo arena para dar con los restos, que habían sido enterrados directamente sobre la tierra.PublicidadEl entierro definitivo de Eduardo de la Rubia se produjo el pasado 26 de junio en Calzada de Calatrava, la localidad en la nació y de la que fue alcalde. Acudieron al acto familiares, amigos y representantes del Partido Socialista, cuya agrupación local había ayudado a fundar en los años treinta. La alcaldesa, también del PSOE, estuvo presente."Fue muy emocionante, sobre todo para mi prima, para ella fue un carrusel de emociones. Pero bueno, Eduardo ya descansa junto a su mujer y su otra hija, que falleció de meningitis a los 7 años sin ver por última vez a su padre", relata Manuel. Una vez llegó el ataúd, lo cubrieron con la bandera republicana.El homenaje a este político manchego se ha producido en vísperas del 90 aniversario del estallido de la Guerra Civil y 87 años después de su huida. "Su historia es la de miles de familias españolas que se separaron tras la guerra. Él no pudo ver a su mujer, Antonia, y su hija, Esperanza, hasta el año 49. De hecho, su otra hija, Caridad, falleció antes de que esto sucediera", subraya.PublicidadA raíz de todo este proceso, el historiador ha logrado reconstruir la biografía de su tío. Procedía de una familia de la pequeña burguesía rural, de ideas liberales y anticlericales. De ahí su interés por la política, que le llevó más tarde a afiliarse al Partido Socialista y a convertirse en el segundo alcalde republicano de su pueblo (el primero fue su hermano José)."Con esas credenciales, alcalde y fundador del PSOE, al acabar la guerra, estaba condenado. Le debieron de avisar probablemente de que iban a ir a por él. Así que se fue para Alicante y consiguió salir en el mítico barco Stanbrook", relata. Sus otros dos hermanos no corrieron la misma suerte y fueron detenidos. Uno desapareció y el otro consiguió sobrevivir tras años en prisión.La embarcación en la que consiguió colarse Eduardo fue la última en salir con refugiados de España. Su capitán, Archibald Dickinson, hizo caso omiso de las órdenes de su gobierno y de la naviera, y cargó el barco hasta más allá de su capacidad. Zarpó el 28 de marzo de 1939 y, tras sortear el acoso de la marina franquista, arribó 22 horas después en el puerto de Mazalquivir, al noroeste de Argelia.El exilio no fue fácil. Las autoridades francesas no dejaron desembarcar a los refugiados por completo hasta pasado un mes. Una vez en tierra, la mayoría fueron enviados a campos de concentración o a realizar trabajos forzados en la construcción del Ferrocarril Transahariano, integrados en Compañías de Trabajadores Extranjeros. Eduardo acabó internado en Orán. De allí, fue trasladado a otros centros.Su experiencia trabajando en la destilería de sus padres, además de su formación en química, le garantizaron la libertad. Durante la Segunda Guerra Mundial fue reclutado para trabajar en una cooperativa de vinos argelina. En 1949 consiguió llevarse consigo a su mujer y su hija y, en 1955, inició los trámites para intentar volver a España. Aunque consiguió los permisos, le recomendaron no hacerlo por miedo a represalias.PublicidadVivió en Argelia hasta que el conflicto derivado de los movimientos independentistas le obligó a huir por segunda vez. Puybegon, una pequeña comuna del departamento de Tarn, cercana a Toulouse, fue su último destino. Allí quedaron sus restos hasta hace unas semanas. Sus intentos de volver a España se vieron frustrados por un accidente con un tractor, que acabó con su vida en 1960. En abril de esa año había iniciado un nuevo trámite para regresar, solicitando un certificado de nacimiento al Registro Civil de Calzada de Calatrava."Tengo pedida mucha más documentación al Centro de Memoria, al Archivo Histórico Nacional, al Archivo General de la Administración... pero ya sabes que todo va muy lento, que hay muchas peticiones y no dan abasto", afirma Manuel. También se ha puesto en contacto con él Elian Ortega, investigadora del exilio en el norte de África, que le ha ayudado a reconstruir la estancia de su tío en Argelia.PublicidadA pesar de todo, su principal fuente de información ha sido la familia. "Si hay algo de lo que me arrepiento es de no haber hecho muchas más preguntas en su día, sobre todo a mi tía Antonia. De haber grabado esos testimonios", concluye.
Calzada de Calatrava recupera a su alcalde republicano 90 años después de exiliarse en el Stanbrook por la guerra
La historia de Fernando es la de miles de exiliados: tras haber militado en el Partido Socialista, pudo huir en barco hasta Argelia.






