Mujeres "genocidas" por abortar, gais endemoniados por serlo, Estados "ladrones" y curas pederastas. Adivinen cuál de los cuatro grupos mencionados -exceptuando al Borbón emérito- nunca ha sido justa o injustamente condenado en los tribunales o ha sufrido el látigo ardiente de la injusticia en forma de homofobia o misoginia. Exacto: los curas pederastas. Hoy no vamos a retrotraernos la etapa de la dictadura franquista, donde los sacerdotes de la Iglesia católica que en España encabeza Luis Argüello como presidente de la Conferencia Episcopal (CEE) podían ir con la sotana levantada y ventilando sus aberrantes intenciones con niños y mujeres y no pasaba nada, al revés: incluso se les reían, comprendían y tapaban los abusos, violaciones y/o pederastia. ¿No eran hombres también, acaso, con sus necesidades? Y cuanto más poder tuviera el religioso, mayor complicidad y ayuda para sus delitos. PublicidadLa democracia, sin embargo, no trajo avances sustanciales sobre los crímenes sexuales de los curas católicos hasta cerca de 50 años después de la muerte de Franco y con idéntico esfuerzo al que costaría destruir el templo de la Sagrada Familia con un tirachinas por parte de las víctimas de estos delitos perpetrados en el nombre de dios. Monseñor Argüello, que unas veces parece inteligente y amigable, y otras, una piraña con los dientes recién limados, ha querido recordarnos esta semana, primero, lo poco que le gusta el Gobierno de coalición progresista, llamando "banda de ladrones" al Estado y remitiéndose "a las pruebas". Y segundo, que el colectivo LGTBIQ+ es un invento del Maligno, algo muy repetido, por otro lado.El presidente de la CEE, preguntado a las pocas horas por la "banda de ladrones" estatal, sostuvo que fue el ministro Bolaños quien se dio por aludido, que él estaba citando a San Agustín y a Benedicto XVI y que, en todo caso, el problema lo debe de tener el titular de Justicia con las fuentes originales del infundio contra el Gobierno de Pedro Sánchez, o sea, un santo difunto y un papa ídem. Sobre el octavo de los Diez mandamientos de la ley de Dios, Argüello debe de tener la bula que suele ir inherente al poder en la cúpula eclesiástica. Pero si ustedes creían que el lanzamiento de dardos contra el Ejecutivo acababa con las palabras de Argüello sobre la "banda de ladrones", se nota que aún no conocen bien a la Conferencia Episcopal y su afán nunca disimulado por hacer política cada vez que se le presenta la ocasión, encima, a pocos meses de empezar un año electoral con ventaja para la ultraderecha, según todas las encuestas y los juzgados de Madrid. El también arzobispo de Valladolid aprovechó las preguntas sobre las terapias de conversión que ni PP ni Vox quieren penalizar, como aprobó el Congreso recientemente, para echar un cable a la ultraderecha. Argüello advirtió de que terapias de conversión, no, pero "terapias afirmativas", tampoco, dejándonos a quienes escuchamos este uso retorcido del lenguaje con el convencimiento de que estamos ante mutaciones de la derecha mucho peores de lo que creemos. "Terapias afirmativas" -pronto en sus programas electorales de ultraderecha y medios afines- son el conjunto de leyes del Gobierno progresista que apuestan por la igualdad, esto es, por garantizar los derechos del colectivo LGTBIQ+. "No vale penalizar las terapias de conversión y canonizar las terapias afirmativas que es lo que hacen las exposiciones de motivos de las leyes ofrecidas", contó el presidente de la CEE que le reprochó él mismo en una reunión a la ministra de Igualdad. Argüello insinúa a Ana Redondo que, con sus leyes igualitarias y su "modelo antropológico" (sic), el Ejecutivo va a acabar convirtiéndonos en homosexuales a todos/as y nadie se ha preguntado si la ministra de Igualdad ha salido del shock y se encuentra bien. ¿Pero qué país es éste?
Argüello y la invasión homosexual
El presidente de la Conferencia Episcopal ya está en campaña electoral












