EditorialLa estrechez del margen no disminuye la legitimidad del mandato obtenido por el nuevo Presidente en las urnas.11.07.2026 19:37 Actualizado: 11.07.2026 23:30 La suspensión del proceso de empalme entre el gobierno del presidente Gustavo Petro y el del mandatario electo, Abelardo de la Espriella, a mediados de esta semana fue una muy mala noticia para el país y para nuestra democracia.Lo que comenzó como una sucesión de tensiones por las cuestionables contrataciones de última hora de la administración saliente y por los reiterados e infundados cuestionamientos del jefe de Estado, retomados por el excandidato Iván Cepeda, a los resultados electorales terminó por romper las mesas para la transición. El gobierno entrante anunció que no continuaría participando en las reuniones formales, mientras el saliente respondió en el mismo sentido. El resultado, además de inédito, es profundamente lamentable. Colombia ha construido durante décadas una valiosa tradición de empalmes institucionales que, aun en medio de profundas diferencias políticas, habían privilegiado el interés general sobre la confrontación.Aunque ese proceso no es un requisito indispensable para la posesión del nuevo presidente, lo ocurrido implica un desafío adicional para el aterrizaje de la nueva administración, que busca información precisa, oportuna y de calidad para enfrentar problemas tan apremiantes como la crisis fiscal, el deterioro de la seguridad, el colapso del sistema de salud y las amenazas sobre el abastecimiento energético.Pero, más allá de la suspensión del empalme, esta semana dejó una preocupación todavía mayor. Es inaceptable que desde lo más alto del Gobierno se siga cuestionando, subvirtiendo y relativizando el resultado de las elecciones presidenciales. La estrechez del margen entre los dos candidatos no disminuye un ápice la legitimidad del mandato conferido por las urnas. Las reglas de la democracia son tan sencillas como contundentes: gana en segunda vuelta quien obtiene un voto más que su contendor. Así ha sido siempre y así debe seguir siendo. Pretender que la diferencia entre el primero y el segundo modifica la legitimidad del vencedor equivale a introducir un criterio inexistente en la Constitución y en la ley, además de abrir una peligrosa puerta para que en el futuro cualquier resultado cerrado sea puesto en entredicho.Precisamente la fortaleza de una democracia consiste en que sus procedimientos sean respetados con independencia del desenlace. La Constitución determina con absoluta claridad quién elige al presidente de la República, cuáles son las autoridades encargadas de certificar el resultado y cuáles las instancias competentes para conocer de las controversias que puedan presentarse. Ninguno de esos procedimientos contempla que la legitimidad del presidente electo dependa del tamaño de su victoria. Por el contrario, una vez agotadas las etapas previstas por el ordenamiento jurídico y expedidas las credenciales correspondientes, el mandato popular adquiere plena fuerza y obliga por igual a gobernantes, opositores y ciudadanos.Una vez agotadas las etapas previstas por el ordenamiento jurídico y expedidas las credenciales correspondientes, el mandato popular adquirió plena fuerza y obliga por igual a todos los actoresEn este contexto son especialmente valiosos los pronunciamientos que distintas instituciones y sectores de la sociedad hicieron durante las últimas horas. La defensora del Pueblo, Iris Marín, recordó que el desconocimiento público de los resultados oficiales y la interrupción del empalme generan una tensión institucional que debe superarse en favor de una transición que ponga en el centro las necesidades del país. El procurador general, Gregorio Eljach, afirmó que Colombia acaba de superar una nueva prueba democrática y reiteró que cualquier reclamación deberá resolverse exclusivamente por las vías judiciales previstas en el ordenamiento jurídico. En el mismo sentido se pronunció el manifiesto del Centro Político, que calificó los comicios como ejemplares, rechazó el cuestionamiento posterior a los resultados por parte del Presidente y de Cepeda y recordó que el Estatuto de la Oposición y las acciones judiciales existentes ofrecen todos los mecanismos para controvertir.Conviene escuchar esas voces que coinciden en la defensa de un principio que preserva la democracia. Ese, el de aceptar los resultados sin ambigüedades ni medias tintas, es el camino que corresponde al presidente Petro, al senador Cepeda y a varios de los ministros salientes a los que se les ha escuchado defender la irresponsable teoría de que lo que ocurrió en las elecciones fue un empate. Momentos como estos son los que revelan el carácter de los verdaderos demócratas.El próximo 7 de agosto Colombia tendrá un nuevo presidente porque así lo decidieron las urnas y así lo certificaron las autoridades competentes con el aval de observadores internacionales. Esa realidad jurídica y democrática no admite relativizaciones. Respetarla es la primera condición para que la transición ocurra con la responsabilidad institucional que el país merece.EDITORIALeditorial@eltiempo.com Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. BOLETINES EL TIEMPORegístrate en nuestros boletines y recibe noticias en tu correo según tus intereses. Mantente informado con lo que realmente te importa.EL TIEMPO GOOGLE NEWSSíguenos en GOOGLE NEWS. 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