Los madrileños llevan más tiempo sin ver ganar al PSOE en Madrid y su Comunidad que los españoles sin vivir un triunfo de la selección en un Mundial, y todo indica que sigue siendo más probable lo segundo que lo primero. Francia es un rival más asequible que el propio PSOE-M (antes PSM y antes FSM), el peor enemigo de sí mismo y la principal causa de que lleve más de tres décadas sin tocar poder en Madrid, triturando candidatos, acumulando gestoras y despertando la ilusión de absolutamente nadie. Este fin de semana se ha confirmado la candidatura de Óscar López a la presidencia de la CAM, una noticia que Isabel Díaz Ayuso habrá celebrado en su ático quironés. Con todo el respeto al ministro para la Transformación Digital, la fórmula de colocar a ministros en las candidaturas para presidir CCAA ha encadenado fracasos y, como nunca dijo Einstein, es una locura esperar resultados diferentes haciendo siempre lo mismo. Desde que Joaquín Leguina perdió el gobierno regional en las elecciones autonómicas de 1995, el PSOE-M ha ido de mal en peor y no hay que ser Casandra para profetizar que Ayuso se va a merendar al candidato socialista entre ocurrencia y ocurrencia. Desde que Leguina dejara el gobierno de la Comunidad de Madrid, el PSOE-M ha tenido once portavoces diferentes, siete secretarios generales y cuatro gestoras en diferentes momentos para tratar de tomar las riendas del partido cuando quedaba descabezado. El candidato socialista que tuvo más posibilidades de recuperar la Comunidad fue Ángel Gabilondo en 2019: ganó pero no consiguió gobernar y a partir de entonces y, más desde la pandemia, Ayuso ha consolidado la mayoría en su feudo y marca la agenda nacional de su partido. Las encuestas indican que la baronesa popular podría ampliar su mayoría frente a Óscar López y una izquierda fragmentada.