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Laura* cree que estuvo entre las primeras personas que viven con VIH en defender ante las entidades públicas colombianas su decisión de amamantar. Lo asegura porque, cuando comunicó su postura, ninguna institución supo orientarla ni pudo señalar antecedentes similares con otras personas gestantes. Desde ese momento armó una red de cuidado distinta a la de los consejos típicos de abuelas, madres y hermanas. Se trataba de una conformada por otras mujeres que, como ella, tenían “maestría en maternidad y VIH”, porque les tocó aprender por su cuenta.

La historia de Laura, cuyo nombre fue cambiado para proteger su identidad debido al estigma que aún pesa sobre las personas que viven con VIH, empezó mucho antes de ser mamá. En 2015 recibió una llamada de la Cruz Roja en la que le pidieron revisar los resultados de un examen de sangre que nunca se había hecho. Allí recordó que cada vez que donaba sangre daba su consentimiento para que los tubos fueran examinados. Los resultados confirmaron el diagnóstico. “Uno está muy mal informado hasta que le toca”, dice en entrevista con El Espectador. Con el tiempo entendió que lo más difícil no era vivir con VIH, sino el estigma que lo rodea.