Irán y Estados Unidos están condenados a entenderse. La república islámica porque necesita exportar petróleo y el presidente estadounidense, Donald Trump, porque no puede irse de vacaciones sin resolver un problema que ha disparado la inflación, lastre que costará levantar en septiembre cuando arranque la campaña electoral para las elecciones legislativas de noviembre.Así que este sábado unos y otros volvieron a la mesa de negociaciones. Fue en Mascate, capital de Omán. El ministro iraní de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi llegó a media tarde. La CBS y la BBC informaron que el vicepresidente JD Vance y el secretario de Estado, Marco Rubio, lo harían más tarde. Les acompañaban los mediadores habituales, Steve Witkoff y Jared Kushner. En Mascate les esperaban diplomáticos paquistaníes y qataríes. Los saudíes también trabajaban entre bambalinas para que todo fuera bien.La delegación norteamericana, sin embargo, no hizo acto de presencia, aunque varios funcionarios estuvieron en contacto con los mediadores.El viernes Trump aceptó volver a negociar, aunque la víspera había dicho en Ankara que era inútil. Durante el funeral de Ali Jamenei, el líder supremo iraní, se habían visto pancartas pidiendo su muerte. Trump respondió de la manera habitual. Amenazó con lanzar un millar del misiles contra Irán, pero acto seguido dio luz verde a su equipo negociador.La semana ha sido difícil para las dos partes. El martes y el miércoles cuatro petroleros –tres qataríes y uno saudí– fueron atacados mientras negociaban el paso por el estrecho de Ormuz. La aviación estadounidense respondió con diversos ataques, tanto en el propio estrecho como contra 90 objetivos en seis ciudades iraníes.El martes, además, la administración norteamericana retiró a Irán la autorización para exportar petróleo en el mercado abierto. Hasta ahora, Irán había vendido petróleo, sobre todo a China y la India, pero bajo mano. La compraventa de hidrocarburos se hace mayoritariamente en dólares, de ahí que Irán necesite el visto bueno de Washington para poder cerrar cualquier operación.El memorando de entendimiento que Irán y Estados Unidos firmaron a mediados de junio permitía a Irán vender petróleo a cambio de que permitiera la navegación libre y segura por Ormuz.El Departamento del Tesoro intenta ahogar a la elite financiera del régimen iraníEsta es la principal exigencia de Estados Unidos. Washington espera un comunicado oficial de Teherán en este sentido y para facilitarlo este sábado dio a entender que la escalada en el estrecho era culpa de un grupo rebelde iraní.Irán, en todo caso, no renuncia a cobrar un peaje y controlar el tránsito. Este peaje puede camuflarse de varias maneras. En el estrecho de Malaca, por ejemplo, hay compañías que guían y remolcan a los súper petroleros a cambio de una tarifa.De ahí que este sábado, al inicio de las negociaciones en Mascate, los mediadores anunciaran que las partes estaban discutiendo “mecanismos apropiados” para garantizar la navegación por Ormuz.La república islámica necesita ingresos. La sanciones internacionales han destrozado su economía. Los 90 millones de iraníes –los mismos a los que Trump prometió liberar del yugo de los ayatolás– sufre las consecuencias.El régimen necesita afianzar la paz social para rehacerse de la guerra y la crisis económica. La vida social en Teherán y otras ciudades se ha relajado.Los guardias revolucionarios, brazo armado de los ayatolás, tienen mucho a ganar de un acuerdo con Estados Unidos. Controlan la economía y serán los primeros beneficiados del levantamiento de las sanciones.De ahí que Washington los presione para mejorar su posición en la mesa de negociaciones. El viernes, por ejemplo, el banquero Ali Ansari, que opera desde Dubai, fue el blanco de nuevas sanciones del Departamento del Tesoro, que lo acusa de financiar a los guardias revolucionarios a través de una red internacional de inversiones inmobiliarias y comerciales.Washington espera un comunicado de Teherán diciendo que no habrá más ataques a los petrolerosBajo el radar del Departamento del Tesoro también figuran tres casas de cambio de divisas iraníes que, mediante un entramado societario, logran que la república islámica consiga dólares, euros y libras esterlinas. Cortar las líneas de negocio de la elite del régimen es esencial para forzar la reapertura de Ormuz. De momento, sin embargo, los ayatolás no dan su brazo a torcer. Las dos partes necesitan un acuerdo pero ninguna quiere ser la primera en ceder.
Irán y Estados Unidos vuelven a negociar el futuro de Ormuz
Washington rebaja la tensión y culpa de la escalada a un grupo rebelde iraní












