Las fiestas populares en España son extrañas: gente que corre despavorida delante de toros, esculturas a las que pegan fuego los mismos que las han costeado, lanzamientos masivos de tomates.¡Y qué manera de comer!Ayer, fui invitado a una sociedad gastronómica de Pamplona sin saber que me metía en un reducto castigado por las instituciones, mal visto por la sociedad y estupendo para desayunar huevos fritos con magras y tomate en compañía de gente que hace sentir al forastero como en casa de los suegros. Jesús Diges / Efe¿Y por qué un espacio decorado con buen gusto, cocina diáfana, acogedor y animado porque se come, se bebe y se cantan rancheras a media mañana está apestado? La sociedad gastronómica Napardi tiene 200 socios y todos hombres...Fundada en 1953 por un grupo de amigos, la entidad prohíbe en sus estatutos “hablar de política y religión”, no admite más de 200 socios y estipula que solo los hijos varones o los yernos pueden heredar el título. Y otra singularidad: las mujeres son bienvenidas como invitadas –ayer, la mitad de las comensales– a condición de que no hagan nada, salvo ser servidas. “Me siento como una reina –dice Ana–. Si aquí entrasen dos socias, dos nada más, ya no sería igual. Yo misma entraría en la cocina, les diría: esto te quedará mejor si le añades una pizca de...”.Desayuno trampa y sanferminero en una sociedad gastronómica que no admite sociasLa guerra con las instituciones empezó meses atrás cuando un socio, casado con una destacada feminista local, pidió una reforma estatutaria y asegurarse de que podría transmitir el título a su hija. Sometido a consulta, el 90% de los socios se opusieron. ¡Guerra!La corporación municipal ha rechazado este año el aperitivo que les ofrecían cada 7 de julio. La denominación Queso Roncal ha dejado de presentar en este local su producción anual. Ningún edil asiste al popular premio El Gallico. Y lo que te rondaré, morena...“Tarde o temprano cambiará y yo creo que no pasará nada si entran socias”, responde Javier, socio treintañero, que no para de servir –hoy le toca a él– a socios e invitadas en esta sociedad gastronómica, donde el desayuno y la hospitalidad son, afortunadamente, propias del pasado.Nacido en Barcelona, licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra y becado un curso en la Missouri-Columbia University, entró en 'La Vanguardia' en 1982, donde ha hecho casi de todo. Corresponsal en Hong Kong (1987-1993), Washington (1993-96) y París (1996 al 2000). Ha cubierto tres elecciones presidenciales en EE.UU., tres en Francia, las guerras de Kuwait, Irak, Ucrania y Gaza, los funerales de Hiro Hito, Rajiv Gandhi, Deng Xiaoping, Nixon o Hassan II, el 11-S de Nueva York, el accidente nuclear de Fukushima así como tres mundiales de fútbol y los JJ.OO de Seúl, Barcelona, Atlanta y Atenas. Redactor jefe de Internacional y actualmente articulista del diario. Ha perpetrado tres libros: 'Menuda tropa', 'Esta ronda la pago yo' y 'Cuando de dejan'.
Castigados por machistas, por Joaquín Luna
Las fiestas populares en España son extrañas: gente que corre despavorida delante de toros, esculturas a las que pegan fuego los mismos que las han costeado, lanzamientos masivos de tomates. ¡Y qué manera de comer! Ayer, fui invitado a una sociedad gastronómica de Pamplona sin...













