Más de 90 colombianos están desaparecidos en Rusia. Las denuncias que reposan en la Fiscalía señalan que fueron engañados con altas sumas de dinero y obligados a portar el uniforme del Ejército de ese país en la guerra que sostiene con Ucrania. Detrás de las historias habría una red criminal que salpica a empresas de seguridad privada, reclutadores de talento humano certificados y exintegrantes de las Fuerzas Militares.Polémico viaje de congresistas a Rusia: la embajada les ofreció 82 millones a cada unoJhonatan Mauricio Ramírez, a sus 31 años, nunca había empuñado un arma de fuego. Antes de montarse en un avión con destino a Moscú el pasado 16 de febrero, le anticipó a su mamá, Azucena Escobar, que había firmado un contrato para cuidar tanques petroleros durante un año en ese país. Entre lágrimas, ella contó que el elevado salario que le ofrecieron lo impulsó a separarse del hogar: “Me dijo que en un año venía a comprarme la casita a mí y a su hijo”.Él le documentó a su familia la llegada a Rusia a través de WhatsApp: salió de Bogotá, aterrizó en Panamá, luego voló a Turquía y más tarde llegó a su destino final. Entre tantas cosas, envió fotografías de los alimentos y, asombrado, grabó la apariencia física de los extranjeros. En notas de voz informó: “Esto es un sueño, nos están pagando todo gratis”. Con el paso de los días, le reportó a su mamá que firmó “un contrato con el diablo”, detalló que le enseñaron a disparar en nueve días y que había sido engañado, pues lo estaban alistando para ir a la guerra.En las imágenes, las familias que buscan a sus parientes desaparecidos desde Bogotá y los contratos que firmaron los hombres cuando aterrizaron en Rusia. Foto: Alejandro Acosta - SemanaEn línea ceroJhonatan Mauricio Ramírez se puso el uniforme de las Fuerzas Armadas rusas y fue enviado a la línea cero del combate, la zona más intensa de confrontación armada que se mantiene activa en la frontera con Ucrania. A ese mismo sitio fue llevado Jaime Manuel Vivanco, de 29 años, un empleado de servicios generales del Aeropuerto Internacional El Dorado. Fue trasladado a Europa bajo mentiras, según el testimonio de su hermana, Raquel Vivanco: “Él iba para España a trabajar como jardinero y plomero, pero se lo llevaron a Rusia para la guerra. Cuando lo vi con el uniforme puesto, a mí se me acabó el mundo”.La teoría de la familia de este hombre, oriundo del Magdalena, es que la oferta laboral fue socializada por particulares en los pasillos de la principal terminal aérea del país y su hoja de vida llamó la atención de los reclutas porque prestó servicio militar, por lo que su experiencia resultó valiosa. El viaje fue exprés y el tiempo no le alcanzó para pensarlo dos veces: salió del país por primera vez en abril pasado y aterrizó en un campo de muertos. En los relatos que alcanzó a dejar, describió que la zona estaba llena de cadáveres y hombres agonizando de todas las nacionalidades.Ucrania ataca Moscú en la mayor agresión hacia Rusia desde el inicio de la guerra. Bombardeos fueron captados en vídeoEn la última comunicación que tuvo con su allegada, le manifestó: “Me engañaron. La única forma de salir de aquí es que un dron me moche el brazo o la pierna. Si me toca, pues me mocho el brazo o la pierna”. No se sabe nada de él desde el 17 de junio y las autoridades colombianas no dan razón de su paradero.Más de 90 colombianos están desaparecidos en Rusia. Foto: SUMINISTRADA A SEMANA APIMillonarias promesasEl mismo drama lo padece la familia de Yair Mosquera, de 29 años, nacido en Quibdó. Él terminó en Rusia por una oferta laboral que vio en internet: buscaban soldados para participar en la guerra contra Ucrania. Dicha propuesta fue atribuida en las denuncias a Nexus Talento y Fuerza, cuyos registros empresariales no aparecen y los contactos disponibles no atendieron los interrogantes de SEMANA. Al parecer, esa compañía le ofreció un salario mensual de 15 millones de pesos y un bono de 50 millones. Cuando llegó a Rusia, le hicieron firmar un contrato que no entendió y, una vez puso su nombre sobre el papel, no aparece. La última vez que conversó con sus allegados fue el 24 de octubre de 2025.Suerte parecida corrió Francisco Antonio Pabón, un hombre de 50 años de Norte de Santander que salió de Colombia con la ilusión de recibir un bono de 65 millones de pesos a cambio de desempeñarse como veedor de derechos humanos en territorio ruso. Su esposa, Enny Peña, le aseguró a la Fiscalía que la contratación se gestionó por medio de la empresa Imperial Group International, dedicada a la provisión de talento humano y dirigida por Rigoberto Huertas, quien se desempeñó como cabo segundo en el Ejército hasta 2008.China y Rusia anuncian maniobras militares para “responder a los desafíos de seguridad” en la regiónÉl llegó a ese país el 26 de febrero de este año y un mes después perdió comunicación con su familia. En el intermedio, Pabón le alcanzó a contar a su esposa que le dictaron cursos de ruso para sostener conversaciones mínimas y que lo llevaron a un entrenamiento militar para después llegar a las líneas de combate. Su caso lo rastrean la Fiscalía, la Policía y la Cruz Roja Internacional.Al ser consultado por SEMANA, Rigoberto Huertas, representante legal de esa organización, envió el siguiente comunicado: “Imperial International Group S. A. S. no recluta personas; no tiene relaciones laborales con empresas de seguridad privada para trabajar en Rusia; Imperial desconoce la existencia de investigación y/o proceso penal en su contra, por cuanto no hemos sido requeridos por esta entidad (Fiscalía)”.Ante el drama de las familias, la Embajada de Colombia en Moscú les ha notificado que las alertas de desapariciones se han remitido al Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, pero no hay compromisos con la búsqueda: “Las solicitudes de esta naturaleza dirigidas a entidades oficiales rusas cuentan con un tiempo de respuesta de 30 días calendario, que en la práctica se han prolongado de manera indefinida debido a la actual coyuntura del conflicto armado”. Es decir, no hay fecha clara para saber qué ocurrió con sus parientes.La mayoría de las víctimas aterrizaron en Moscú y fueron movilizadas hacia diferentes puntos de la frontera con Ucrania. Foto: AFP/GETTY IMAGES¿Por qué colombianos?La información que han podido recopilar las familias de las víctimas de desaparición es que un grupo de reclutas nacionales e internacionales estarían vendiendo a hombres por altas cantidades de dinero, lo que configuraría una aparente red de trata de personas.Les interesan los colombianos porque tienen experiencia en combates con las guerrillas y los paramilitares. Con base en eso, la mayoría son instrumentalizados para ubicarse sobre la línea cero, donde están los ucranianos. Los ciudadanos rusos, en cambio, son puestos desde la primera línea –donde hay un menor riesgo de muerte– hasta la tercera línea –donde se localizan los morteros y los expertos en el manejo de drones–.“Lo que tenemos entendido es que a ellos, los reclutadores, les conviene enviar a los colombianos a la línea cero, sin ningún tipo de entrenamiento, para que ellos mueran en la primera entrada y así cobrar los seguros y el dinero que la Federación de Rusia les paga por muerte”, dijo Enny Peña. Aparentemente, ese país estaría entregando entre 650 y 700 millones de pesos por cada ciudadano extranjero que muere en combate frente a los ucranianos, versión que no se pudo corroborar con el cuerpo diplomático de ese país en Bogotá.Las autoridades colombianas se encuentran en máxima alerta por estos acontecimientos. No solo preocupa la situación de Rusia, sino también la de México, Ucrania y África, donde se siguen conociendo denuncias de aparente trata de personas con militares colombianos.