La última vez que Axel Kicillof y Máximo Kirchner hablaron de política fue el año pasado, para discutir el armado de listas en la provincia de Buenos Aires. Este 2026 tuvieron una tregua obligada: coordinar la despedida de Carlos “el Indio” Solari en Avellaneda. Ahí quedó. No volvieron a cruzar palabra. La interna que separa al gobernador bonaerense del jefe de La Cámpora escaló esta semana a un lugar simbólicamente pesado. Facundo Tignanelli, diputado bonaerense y quizás el hombre de mayor confianza de Máximo, comparó –sin nombrarlo– al sector de Kicillof con Augusto Vandor, el símbolo histórico de la traición al peronismo por intentar construir un liderazgo propio por fuera de Juan Domingo Perón. Sostuvo, además, que la decisión del jefe provincial de tomar distancia de la expresidenta “es un parteaguas”. Nadie en el kirchnerismo entiende por qué Kicillof no visitó a CFK más de una vez y esa sola vez fue casi obligado para destrabar la negociación electoral. El mensaje fue tan claro que no hizo falta que Máximo agregara mucho en su reaparición pública, un acto por el Día de la Independencia en Carmen de Areco, el distrito de Iván Villagrán, el intendente que lo viene impulsando como presidenciable para 2027. El diputado nacional prefirió concentrarse en el modelo económico de Milei: la deuda externa, el RIGI, la eliminación de zona fría, la caída del consumo de carne y leche, el faltante de balas y chalecos para la policía por falta de fondos. Un discurso pensado para la tribuna libertaria, no para la interna.