“Perdono porque el otro podría ser yo. Perdono porque el otro he sido yo. Es un acto consciente que no me surge de manera natural. Interrumpo pensamientos negativos y reflexiono antes de hacer un comentario a la ligera. Quiero ser la persona con la que me gustaría encontrarme, aquella que responde con serenidad ante el desacierto. Que entiende el error o el daño como una llamada de auxilio” (La grieta, 2026).

Hace 64 años, se publicó La naranja mecánica, una revolucionaria novela que, entre otras peculiaridades, retrata a un delincuente desde su propio punto de vista. Hacia el final del libro, un médico le dice al preso: “¿Qué quiere Dios? ¿El bien o que uno elija el camino del bien? Quizás el hombre que elige el mal es en cierto modo mejor que aquel a quien se le impone el bien”. Así, el británico Anthony Burgess invita al lector a reflexionar de qué manera nos enfrentamos y nos relacionamos con otras personas que ejercen el mal o que hacen daño a propósito.

Puede que sea casualidad, pero las literaturas anglosajona y francesa pueblan las referencias de Rodrigo Gervasi (28), el joven escritor que publicó hace unos meses La grieta. En un ambiente contemporáneo y con realidades que todos podemos reconocer, la novela recoge a su manera el guante del debate sobre la naturaleza del mal y el perdón, a través de una singular voz sobre los problemas del hoy.