Teóricamente, para el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, el acuerdo alcanzado entre Estados Unidos e Irán era algo de lo que podía estar "orgulloso", como confesó personalmente a un periodista de The New York Times. A pesar de que suponía ceder en varios de los objetivos que Washington se planteó al inicio de la Operación Furia Épica (como acabar con el gobierno islamista), en el texto Estados Unidos priorizó el lenguaje del dinero. Es decir, estipular los puntos para reabrir el estrecho de Ormuz y facilitar el flujo de petróleo con el fin de que Irán pudiera venderlo. Según la lógica de Trump, el alivio de las sanciones convertiría rápidamente al Gobierno de los ayatolás dependiente de los ingresos petroleros y del acceso a los mercados financieros occidentales, lo que daría a Washington otra herramienta de presión. Pero el "orgullo" duró poco y los cálculos de Estados Unidos tampoco fueron los más exactos. En esta última semana, Estados Unidos ha violado el memorándum de entendimiento alcanzado entre Teherán y Washington atacando varios puntos estratégicos iraníes cercanos al estrecho de Ormuz. La respuesta, según la Administración Trump, vino como consecuencia de varias agresiones atribuidas a Irán contra tres buques mercantes. En la cumbre de la OTAN, celebrada en Ankara, el republicano fue más allá y aseguró que era una pérdida de tiempo intentar negociar con la delegación iraní, a la que acusó de "chiflada" y "mentirosa". Pero apenas dos días después de esta retórica rupturista, un funcionario estadounidense confirmó a Bloomberg que las negociaciones continuaban. TE PUEDE INTERESAR Algo que, por otro lado, Trump deslizó tímidamente, asegurando que los ataques no implicaban necesariamente un regreso a la guerra abierta con Irán y que abrían una mínima rendija a través de la cual la diplomacia continuara. "La República Islámica de Irán nos ha pedido que continuemos con las conversaciones y hemos accedido a hacerlo", aseguró durante la tarde del viernes. Sin embargo, no hay motivos para ser especialmente optimistas. Por una parte, Trump ha vuelto a insistir en que ha "dejado claro" al gobierno iraní "que el alto el fuego ha terminado". Por otro lado, las negociaciones de los puntos más espinosos —el programa nuclear iraní y la adquisición de misiles— que se supone que se solventarían en los próximos 60 días desde la entrada en vigor del memorándum ni siquiera tienen fecha. TE PUEDE INTERESAR La prioridad más inmediata de la Casa Blanca podría ser recuperar el control de la situación en el estrecho de Ormuz. Fue en el mismo memorándum donde se puede ver el principal choque entre ambas partes. Mientras Washington interpretó que Irán se comprometía a garantizar durante 60 días el libre tránsito de los buques comerciales, Teherán entendió que tenía autoridad para regular el paso por el estrecho. Por un lado, obligaría a las embarcaciones a utilizar el canal e incluso se reservaría la posibilidad de imponer peajes para pasar por él. Pero esto no sentó muy bien en la Casa Blanca, ya que, antes de la guerra, los barcos podían transitar sin peajes. Y eso fue uno de los principales elementos que hicieron descarrilar el acuerdo. Cuando la Armada estadounidense comenzó a escoltar convoyes por una ruta alternativa próxima a Omán, Irán respondió atacando varios buques y el tráfico marítimo por Ormuz volvió a desplomarse. Mientras la Casa Blanca sostiene que fue Irán quien incumplió el memorando, en Teherán cada vez se extiende más la opinión de que negociar con Washington solo sirve para que Estados Unidos gane tiempo antes de volver a la guerra junto con Israel. Tel Aviv, por su parte, es uno de los más interesados en que la guerra vuelva. El país continúa señalando a Irán como la principal amenaza regional por su supuesto desarrollo de material nuclear, argumentando que Teherán tiene la capacidad suficiente para destruir al Estado entero. Mientras el Gobierno de los ayatolás continúe, es probable que Israel no cese en su retórica y que continúe señalando a más rivales que amenazan con desequilibrar al actual hegemón de Israel en la región en materia militar. TE PUEDE INTERESAR De hecho, el programa iraní continúa siendo uno de los principales frentes abiertos. Aún se desconoce si Teherán conservará el control de sus reservas de combustible nuclear. Todo apunta, además, a que Trump difícilmente aceptará un pacto menos exigente que el alcanzado durante la presidencia demócrata de Barack Obama en 2015, cuando Irán accedió a entregar el 97% de sus reservas de uranio enriquecido. Pacto que Trump, en su primera presidencia, decidió abandonar bajo el argumento de que este "no trajo calma, no trajo paz y nunca lo hará". Sin embargo, Irán no es el mismo país de entonces ni Estados Unidos tiene la misma relación con sus aliados, lo que hace mucho más difícil volver a un pacto similar. ¿Implican entonces los ataques un capítulo más dentro del conflicto o es más de lo mismo? TE PUEDE INTERESAR Por el momento, Washington no ha hablado públicamente de cuál es su siguiente estrategia en Irán. Hasta el momento, lo más visible han sido los bombardeos y la vuelta a las sanciones petroleras. Algo que ya hizo Trump durante la guerra y que, si continúa con ese plan, nada parece que el resultado vaya a ser distinto a lo que hemos conocido: un régimen que ha demostrado tener la capacidad de poder resistir los ataques de Estados Unidos y un alza de los precios en la economía mundial que solo ha conseguido bajar cuando, en los primeros días del acuerdo, el tráfico marítimo volvió a recuperarse. Algunos analistas apuntan que, si Trump decide no escalar la guerra, el escenario más probable será volver al escenario de alto el fuego comprendido entre el 8 de abril y la reanudación de las hostilidades el 17 de junio. Una tregua inestable que ya en ese momento estaba muy lejos de conseguir una paz real. Jessica Ganaeur, directora académica de la Escuela de Políticas Públicas y Gobierno de la UNSW Sydney, sostiene en un artículo publicado en The Conversation que, de darse esa situación, es previsible que continúen los ataques de represalia entre ambos bandos y que el estrecho de Ormuz siga operando bajo una seguridad muy precaria. Es decir, el tráfico marítimo seguirá condicionado por restricciones y cada vez "podríamos estar más cerca de un conflicto enquistado" que de la paz. "Es muy importante entender que el nuevo liderazgo en Teherán es distinto del que hemos tratado durante 47 años" Además, el Irán que conocíamos antes de la guerra ya no es el mismo. Durante décadas, Teherán se ha caracterizado por aplicar una suerte de paciencia estratégica, sin dar nunca el primer paso seguido de una doctrina de contención. Encajaba golpes, calculaba los tiempos y muchas veces contestaba a través de sus aliados con el autodenominado Eje de la Resistencia o en escenarios donde podía fingir no tener responsabilidad directa en los ataques. Algo que también ha repetido estas últimas semanas cuando EEUU o incluso los aliados árabes del Golfo han señalado a Teherán. Esa fórmula le permitió evitar una guerra abierta con Israel y Estados Unidos. Pero cuando, pese a todo, los ataques acabaron llegando, esta doctrina dejó de tener sentido."Es muy importante entender que el nuevo liderazgo en Teherán es distinto del que hemos estado tratando durante los últimos 47 años", advierte Ellie Geranmayeh, subdirectora del programa para Oriente Medio y Norte de África del think tank European Public Affairs (ECFR). "En Teherán está ganando fuerza la tesis de que la llamada paciencia estratégica de Irán no ha sido una fortaleza, sino uno de los factores que han contribuido a la actual guerra (...) Irán necesita ser mucho más contundente, más escalatorio y más imprevisible", añade. Pero, ¿va realmente EEUU a seguir la misma estrategia? TE PUEDE INTERESAR Todo apunta a que Trump está recalculando su ruta tras comprobar que ni los bombardeos, ni la presión económica, ni siquiera la vía negociadora han logrado forzar concesiones de Teherán. Además, los meses que ha durado la Operación Furia Épica han puesto de manifiesto la capacidad de resistencia del régimen iraní. Incluso tras la muerte del líder supremo, Ali Jameneí, el aparato del Estado ha mantenido su cohesión bajo el liderazgo de su hijo, Mojtaba Jameneí, quien, pese a asumir el poder, no ha realizado ninguna aparición pública. Sin embargo, frente a lo que Teherán trata de vender, el Gobierno de los ayatolás no se caracteriza precisamente por ser un bloque monolítico sin fisuras. También existen grietas que poco a poco van quedando al descubierto en el nuevo Irán que ya ha nacido. Durante el funeral de Alí Jamenei, transcurrido esta semana entre Irán e Irak, Abbas Aragchi, ministro de Exteriores y uno de los principales defensores de continuar negociando con EEUU, fue agredido con piedras por parte de los sectores chiitas más radicales que le acusan de ser cercano a Occidente. El presidente Masud Pezeshkian también se llevó otro tanto y tuvo que ser evacuado por las fuerzas de seguridad. Que Trump haya descrito hace apenas unas semanas a la nueva generación de dirigentes como más "razonable" no ha hecho un flaco favor de cara a parte de su población. Sin embargo, una vez más, no tardó en volver a endurecer su retórica contra el Gobierno.
¿Tiene Trump un plan C en Irán...o estamos ante más de lo mismo?
Solo en esta semana, Washington ha vuelto a bombardear objetivos iraníes, ha reactivado las sanciones petroleras y ha dado por terminado el alto el fuego














