Actualizado a las 19:52h.

Se observa cada paso de Novak Djokovic con atención, cuidado, mimo, casi nostalgia. Que se sabe que le quedan pocos y por eso se celebra cada uno que da. Especialmente en este jardín que ha sido suyo en siete ocasiones, porque ha vuelto a ... ser un caminar magnífico: con su mejor tenis, con su mayor ilusión, con sus bailes, sus reveses quirúrgicos, sus saques ilegibles, su saber estar, su pasado, sus números, su presencia. Brillante, extraordinario, excepcional, el mejor Djokovic. Pero, por desgracia, se enfrentó con un Jannik Sinner un nivel superior que lo deja sin final a pesar de su mayúsculo empeño. Si este ha sido el último partido del serbio en Wimbledon, es una última exhibición, que se recoge en la ovación de la grada como reconocimiento y agradecimiento por esta semifinal y todas las anteriores. Pero es el italiano quien buscará su quinto Grand Slam, el domingo, ante Alexander Zverev.

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