El 24 de junio, cuando en Venezuela ocurrieron dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5, la gente en El Aromo no pudo dormir. Una gran mayoría agarró sus celulares y empezaron a escribir, a llamar, a dejar mensajes para que desde allá a más de 2.500 kilómetros les dijeran que estaban bien, que habían sobrevivido a la catástrofe, pero nadie contestaba. Las primera horas, luego del terremoto, Venezuela estuvo sin señal telefónica, y acá en El Aromo, el pequeño pueblo de Manta donde vive una gran cantidad de ecuatorianos con familiares en Venezuela, ese tiempo se hizo eterno. PublicidadArelis López recuerda que no dejó de llamar ni un minuto hasta que le contestaron cerca de la medianoche.Su familia estaba bien. Solo a un tío se le vino una parte de la casa abajo en Caracas. No hubo tiempo para preguntar mucho más. Su tío Armando apenas alcanzó a contar que, cuando la tierra dejó de sacudirse, salió con su familia hacia la calle. Al regresar encontró parte de la vivienda destruida. Después la comunicación volvió a interrumpirse.PublicidadPublicidadEse 24 de junio a muchos en El Aromo les pasó lo mismo. Hablaron solo un momento y luego la comunicación se cortó. A 2.295 ascienden los fallecidos por el doble terremoto de hace una semana en VenezuelaUn pueblo que nunca dejó de mirar hacia VenezuelaEs una mañana fresca en El Aromo. Día nublado, calles vacías, silencio total. Lo habitual, como siempre ha sido. La gente desde las ventanas de sus casas suele asomarse de vez en cuando. Son casas de madera y ladrillo, algunas ya antiguas, otras ya un tanto modernas. En este lugar de unos 2.000 habitantes, ubicado a unos 20 minutos del centro de Manta, las noticias del terremoto en Venezuela no se siguieron por televisión. Se esperaron mirando la pantalla de un celular, aguardando que entrara una llamada o un mensaje de WhatsApp. En casi cada casa alguien tenía un hermano, un hijo, un primo o un tío viviendo al otro lado del continente.Arelis López conoce esa historia mejor que nadie. Llegó a Ecuador cuando tenía 17 años, en medio de la crisis venezolana. Hoy tiene 26 y trabaja en una empacadora de pescado. Aunque formó su vida en Manabí, una parte de ella continúa en Caracas, donde permanecen tíos y primos.“Mi tío nos contó que salieron apenas sintieron el terremoto. Cuando volvieron a entrar, la parte de atrás de la casa ya se había caído”, relata. PublicidadSus familiares viven en un barrio caraqueño de viviendas bajas. Esa circunstancia, dice, evitó consecuencias más graves. “En otras zonas fue diferente. Ahí sí hubo casas muy afectadas”, comenta.Las llamadas posteriores trajeron algo de alivio. Nadie de su familia resultó herido. Sin embargo, el miedo continúa porque las réplicas no cesan.“Ellos dicen que todavía sigue temblando. Por eso ni siquiera han empezado a reparar la casa. Esperan que todo se calme porque sería gastar dinero y que vuelva a pasar algo”, explica.El origen de la migración El Aromo no es un pueblo cualquiera dentro de Manabí. Durante los años sesenta comenzó una migración que transformó para siempre la historia de esta parroquia rural. En 1965 un pequeño grupo de habitantes emprendió un viaje hacia Venezuela, atraído por el auge petrolero y las oportunidades laborales que ofrecía ese país.De allá, las primeras cartas llegaron acompañadas de buenas noticias. Había empleo en fábricas, estaciones de servicio, comercios y empresas constructoras.La angustia de venezolanos en Manta por terremotos que devastaron zona norte de su país: “No sabíamos si estaba debajo de algún edificio”Poco después comenzaron a viajar hermanos, vecinos, compadres y primos. El fenómeno se multiplicó durante las décadas de los setenta y ochenta.El trayecto se hacía en bus. Eran varios días de carretera atravesando Colombia hasta llegar a ciudades como Caracas y Valencia. Muchos dejaron atrás los cultivos, la pesca y el tejido de paja toquilla convencidos de que regresarían pocos años después con dinero suficiente para construir una casa.Pero el regreso tardó décadas.Algunos se quedaron definitivamente en Venezuela, otros formaron familias allá. Sus hijos nacieron con acento venezolano y crecieron creyendo que ese país sería su hogar. Solo la profunda crisis económica de los últimos años hizo que muchos emprendieran el camino de vuelta hacia Ecuador.La madrugada más largaEl terremoto en Venezuela ocurrió cerca de las 18:04. En El Aromo, quienes tenían familiares en Venezuela comenzaron a escribir mensajes casi al mismo tiempo.Algunos recibieron respuesta de inmediato. Otros tuvieron que esperar hasta la madrugada.Eso fue lo que ocurrió con Alexandra Alonso, otra habitante de la comunidad.Durante varias horas no supo nada de sus primos y tías. La falta de comunicación aumentó la preocupación, especialmente porque las primeras imágenes que circulaban en redes sociales mostraban edificios colapsados y personas atrapadas entre los escombros.Finalmente, cerca de la una de la madrugada llegaron los primeros mensajes.Sus familiares confirmaron que habían sentido con fuerza el movimiento telúrico. También le contaron que el acceso a internet era irregular y que en varios sectores las comunicaciones fallaban.Alexandra nació en Venezuela, pero llegó a Ecuador cuando apenas tenía 3 años. Sus padres decidieron regresar a Manabí muchos años antes de que comenzara el éxodo masivo provocado por la crisis venezolana.Aunque apenas conserva recuerdos de su infancia, mantiene contacto permanente con sus familiares.Ellos le dijeron que hay partes de Caracas donde muchas personas prefieren permanecer en las calles por temor a nuevas réplicas. Es que la tierra aún no deja de temblar.“Nos cuentan que todavía hay personas que no quieren regresar a sus viviendas porque siguen sintiendo réplicas. Están esperando que todo se calme”, relata.Sus familiares le hablaron de hospitales saturados, de personas que aún buscaban a sus seres queridos y del temor que se extendía entre los barrios más afectados.Un viaje que cambió la historia del puebloDurante décadas, se decía en Manabí que El Aromo era un pedacito de Venezuela. El acento delataba, las celebraciones también. En las calles del pueblo todavía abundan las casas construidas con el dinero enviado desde Caracas, Valencia o Maracay. Hay una iglesia en el centro que fue construida con dinero que enviaban los migrantes. Allí hacen las celebraciones de San Pedro y San Pablo y era común ver las calles llenas de guirnaldas con el nombre de Polar, una empresa venezolana donde trabajaron muchos manabitas. El doble terremoto de Venezuela en cifrasCon el paso del tiempo, la crisis económica invirtió la ruta migratoria. Muchos retornaron a Manabí acompañados por hijos y nietos nacidos en territorio venezolano. Otros decidieron quedarse porque ya habían construido toda una vida allá.Hoy casi todas las familias conservan a alguien viviendo en Venezuela.“Yo tenía que viajar ese mismo día”Entre quienes siguieron con preocupación las noticias también está Carlos Alberto Delgado, nacido en Venezuela, pero residente en El Aromo desde hace cinco años.Cuenta que, por coincidencias del destino, tenía previsto viajar pocos días antes del terremoto. Problemas personales retrasaron el viaje y terminó quedándose en Ecuador.Cuando comenzaron a difundirse las imágenes del desastre, pensó inmediatamente en el lugar donde habría estado.“Lo primero que hice fue llamar a mi hermana”, recuerda.Ella vive en Caracas. Afortunadamente, la zona donde reside no sufrió daños importantes. La llamada le devolvió algo de tranquilidad, aunque admite que la incertidumbre duró varias horas.Carlos asegura que muchos familiares permanecieron pendientes de las noticias durante todo el día. Cada fotografía publicada en redes sociales los obligaba a revisar mapas, nombres de barrios y referencias para intentar identificar si correspondían a los lugares donde viven sus conocidos.“Imagínese si me hubiera ido para allá, tal vez no sobrevivía”, dice Carlos, sentando a la orilla de la carretera principal que divide a El Aromo en dos. Aunque en este lugar, la mayoría de las familias logró confirmar que sus parientes se encuentran a salvo, la preocupación continúa.La rutina intenta recuperar su ritmo. Los pescadores salen al mar, los trabajadores parten temprano hacia Manta y los niños juegan en las calles del pueblo. Eso sí, siguen pendientes del terremoto que ocurrió allá en Caracas, muy lejos de Ecuador, pero que se sintió clarito en El Aromo; llegó como un susto en forma de remezón. (I)
El pueblo de Manta que sigue pendiente de Venezuela: así vivieron en El Aromo el terremoto que afectó a sus familias
Más de seis décadas de migración convirtieron a El Aromo, en Manta, en un puente entre Ecuador y Venezuela.






