Las llamadas desde Venezuela comenzaron a llegar apenas ocurrieron los terremotos del 24 de junio pasado. Para los venezolanos que residen en Guayaquil, las primeras horas estuvieron llenas de incertidumbres a la espera de noticias. Así sucedió la conversación entre Jorge López y su mamá que en un inicio transcurría entre risas por videollamada. Ella le dijo que saldría un momento para entregar un encargo a una vecina y volvería enseguida. Él siguió ocupado, convencido de que la llamada continuaría unos minutos después. El teléfono volvió a sonar poco tiempo después, aunque esta vez la voz al otro lado ya no era la misma.Publicidad“Está temblando, está temblando”, alcanzó a decir Carmen Rodríguez desde Caracas antes de que la comunicación se interrumpiera.“Yo trataba de darle calma porque en Venezuela no estamos acostumbrados a vivir terremotos. Después se cortó la comunicación”, contó Jorge, de 33 años, quien reside desde hace ocho años en Guayaquil. Él pensó que todo terminaría rápidamente. Sin embargo, la señal desapareció y la preocupación aumentó cuando tampoco pudo comunicarse con su hermano Genairo Mora, de 18 años, quien había viajado a la playa con unos amigos a La Guaira para pasar el feriado.PublicidadPublicidad“Lo único que hacía era esperar una llamada. Pasaron como seis horas sin saber nada de él. Después llegó a la casa y me dijo que no había podido comunicarse porque todo estaba colapsado”, recordó.La tranquilidad tampoco duró mucho. Un amigo suyo, residente en Argentina, comenzó a escribirle para pedirle ayuda. El padre de ese amigo vivía en uno de los edificios afectados en La Guaira y nadie lograba comunicarse con él.“Hasta ayer (sábado) me decía que ya lo daban por muerto. ¿Cómo le das consuelo a una persona que está viviendo algo así?”, expresó antes de guardar silencio durante unos segundos.Las llamadas desde Venezuela no dejaron de llegar, pero Jorge decidió abrir las puertas de su restaurante, ubicado en la avenida Víctor Emilio Estrada, para convertirlo en uno de los principales centros de recepción de ayuda humanitaria en Guayaquil.“Por mi país hago lo que sea. Puse el local a disposición porque sentía que era la manera de ayudar”, comentó.El empresario contó que numerosos repartidores venezolanos dejaron de trabajar durante varias horas para recoger donaciones en casas de personas que no podían acercarse hasta el centro de acopio. PublicidadVehículos particulares comenzaron a llegar con alimentos, agua, medicinas y artículos de primera necesidad, al igual que ciudadanos ecuatorianos que se ofrecieron para colaborar con refrigerios y el traslado de la ayuda.“Eso demuestra el cariño que Ecuador nos tiene. Muchísima gente vino únicamente para preguntar qué hacía falta y cómo podía ayudar”, señaló.Entre las personas que recibían las donaciones estaba Freddy Alejandro Monasterio. La historia que lo llevó hasta ese lugar comenzó de madrugada, cuando el sonido del teléfono interrumpió su descanso.Del otro lado de la llamada estaba su hermana Freybelis, quien había viajado a Venezuela apenas ocho días antes para visitar a la familia.“Ella fue quien me llamó para decirme lo que había pasado”, recordó.Su familia vive en el estado Trujillo, pero varios de sus parientes se encontraban en La Guaira cuando ocurrió el terremoto.Durante la conversación supo que dos de sus primos menores de edad, la madre de ellos, los abuelos y el padrastro permanecían dentro de la vivienda que colapsó.“Mi hermana necesitaba llegar hasta Caracas y La Guaira para reunirse con la familia, pero en ese momento no podían pasar porque había derrumbes y las vías estaban cerradas”, contó.El padre de los menores se encontraba en España cuando recibió la fatal noticia. Había programado un viaje para reencontrarse con sus hijos y emprendió el regreso hacia Venezuela sin alcanzar a despedirse de ellos.Freddy explicó que pensó en viajar para acompañar a su familia, aunque la falta de recursos económicos se lo impidió.“Decidí ayudar desde acá. Si no puedo estar con ellos, por lo menos quiero colaborar para que llegue algo a quienes siguen pasando por esta situación”, dijo.Al recordar a sus familiares hizo varias pausas antes de continuar hablando. Bajó la mirada y respiró profundamente antes de explicar que su hermana permanece en Venezuela acompañando a sus parientes durante los actos funerarios.“No queda otra que tener fuerza y seguir ayudando”, alcanzó a decir.Otra de las personas que llegó para colaborar fue Rudy Márquez. Él no perdió familiares durante el terremoto, aunque las primeras imágenes que observó en televisión lo hicieron regresar 25 años atrás.En diciembre de 1999 vivió la tragedia de Vargas, uno de los desastres naturales más graves registrados en Venezuela.“Fue como volver a vivir lo mismo. Ver edificios destruidos, familias buscando a sus seres queridos y personas esperando noticias me llevó otra vez a esos días”, relató.Durante varias horas tampoco logró comunicarse con su madre ni con otros familiares en Caracas debido a la falta de energía eléctrica y de internet.“Fueron casi cuatro horas sin saber nada. Cuando por fin hablé con ellos sentí un alivio enorme”, manifestó.Márquez llegó a Ecuador hace diez años. Esta vez acudió acompañado por su hijo, nacido en Guayaquil.“Él me dijo que quería venir porque también siente que Venezuela es parte de su familia”, comentó.Padre e hijo han colaborado clasificando alimentos, agua e insumos médicos que llegaban al centro de acopio. Por ahora, Venezuela suma más de 1.400 fallecidos, mientras los minutos se agotan para que los rescatistas encuentren a más personas con vida debajo de los escombros de decenas de edificaciones colapsadas. (I)
“No queda otra que tener fuerza y seguir ayudando”: venezolanos en Guayaquil relatan el duelo que deja el doble terremoto
Venezolanos residentes en Guayaquil relatan cómo vivieron las primeras horas del terremoto y por qué decidieron ayudar desde Ecuador.














