EntrevistaLos cracs detrás de Diamante Eléctrico, Daniel Álvarez y Juan Galeano, hablaron con la revista BOCAS de la música, los egos y la salud mental.Diamante Eléctrico Foto: Kapture Studio / Revista BOCAS10.07.2026 06:33 Actualizado: 10.07.2026 06:33

Diamante Eléctrico, la banda de Daniel Álvarez y Juan Galeano, se ha ganado un lugar especial en la escena del rock latinoamericano. Ha obtenido cuatro premios Grammy y la revista Billboard la incluyó en la lista de las cincuenta bandas más importantes de la historia del rock en Latinoamérica, un honor que comparte solo con otra banda colombiana: Aterciopelados. Álvarez y Galeano hablaron con BOCAS de su feroz pelea con la industria, de cómo se conocieron por una red social en el 2010, de la depresión de Daniel y de cómo la transformaron en música. Ellos son los cracs de Diamante Eléctrico. “Acuérdese de que los pioneros nunca ven por dónde van hasta que llegan”, le escribió Daniel Álvarez a Juan Galeano en el 2010. Era uno de los primeros mensajes que intercambiaban cuando apenas sabían el uno del otro. Ahora, 16 años después, y como si se tratara de un vaticinio, Diamante Eléctrico es pionera no solo por apostar por la independencia, sino también por poner sobre la mesa conversaciones incómodas en una industria plagada de injusticias. La agrupación que nació en el 2012 ya completa nueve álbumes; cuatro Latin Grammys, entre ellos uno a mejor álbum de rock y otro a mejor canción de rock, y una enorme fanaticada a lo largo del continente. Diamante Eléctrico. Foto:Kapture Studio / Revista BOCASEs difícil pensar que dos caracteres tan disímiles como los de Daniel Álvarez (Medellín, 42 años) y Juan Galeano (Bogotá, 45 años) se complementen tan bien. Uno responde y el otro lo complementa; pero individualmente son mundos opuestos. Juan es el personaje sin filtros. Es un punkero cuarentón, no solo por su estética de chaquetas de cuero y botas Dr. Martens, sino por la permanente necesidad de desafiar lo establecido. Su carrera en la música empezó con bandas de metal juveniles, luego formalizó su pasión en Cuba, adonde se fue a estudiar apenas cumplió la mayoría de edad. Tras unos años allí cruzó el océano para aterrizar en el Conservatorio de Música de Róterdam, en Holanda. Vocalista, guitarrista y la mente maestra detrás del proyecto, Galeano fue quien dio el primer paso para formar la banda, buscó a los músicos y confió en que llegarían lejos. Y cuando no está de gira con Diamante, Galeano es parte de la banda del inglés Morrissey. Diamante Eléctrico en la nueva portada de BOCAS Foto:Kapture Studio / Revista BOCASSu cómplice ha sido Daniel Álvarez, paisa de nacimiento, pero rolo de crianza. Es bajista. Estudió Administración de Empresas en Los Andes e Ingeniería de Sonido en Nueva York, y es el antónimo de Galeano: va prolijo, es mesurado. Hace algunos años reveló que durante mucho tiempo ha batallado con su salud mental, y generó una ola de consciencia sobre un tema tabú en la escena del rock masculino. Pero ese es solo un episodio de su vida. Además de ser un bajista excepcional, se ha dedicado a estudiar el negocio detrás de la música, y cuando no está en un escenario, es un padre dedicado y un buen milenial que comparte memes en redes los domingos. LEA TAMBIÉN La decisión de echar a rodar Diamante Eléctrico en el 2012 fue a contracorriente. Ambos traían a cuestas proyectos musicales fallidos. Álvarez había formado parte de las bandas Injury y Madame Complot, y Galeano venía de insistir en su carrera de solista. Con cierta prevención, insistieron y, con los años, su Diamante encandiló al público. Han dado más de 600 conciertos en festivales de todo el continente: desde Estados Unidos, pasando por México, hasta Chile. Y en festivales como SXSW, Coachella y Vive Latino. Tienen colaboraciones con Billy Gibbons de ZZ Top, Enrique Bunbury, Alison Mosshart de The Kills, y Adrian Quesada de los Black Pumas. Y hace un par de meses, Diamante Eléctrico entró en la lista de las cincuenta bandas más importantes de la historia del rock en Latinoamérica según Billboard. Los únicos colombianos en el listado son ellos y Aterciopelados.El camino no ha sido sencillo, y ambos han sido contestatarios en todo el sentido de la palabra, denunciaron la precariedad de los músicos en la industria, pelearon contra Sayco para defender la libertad de expresión y los derechos intelectuales de los compositores, y apostaron por la autogestión de varios de sus álbumes, campañas y giras. Su canción Los chicos sí lloran se convirtió en un himno. Diamante Eléctrico Foto:Kapture Studio / Revista BOCASEn abril lanzaron el álbum Crudo y cursi (2026), que parece quizá una descripción del carácter de cada uno. Daniel —el cursi— y Juan —el crudo— decidieron inaugurar la gira de este nuevo trabajo discográfico con un concierto sorpresa gratuito bajo un puente del centro de Bogotá. Cientos de personas de todas las edades respondieron al llamado y corrieron a corear sus canciones de principio a fin. Ni el frío ni la inseguridad aplacaron el furor. Y ahí, en medio de la multitud, Juan sopló las velas, comió pastel y celebró su cumpleaños número 45. Esta es la historia de una banda de extraños que terminaron convertidos en hermanos. ¿Cuáles fueron sus primeros contactos con la música?Daniel Álvarez: Yo llegué alrededor de los 7 años y desde que arranqué a estudiar la música empíricamente me pensé como guitarrista. Mis héroes eran los guitarristas, no los cantantes. Cuando uno está enfocado en un instrumento se concentra en la técnica y la destreza. Aunque siempre fui muy incrédulo respecto a si era o no era bueno. Fui y volví muchas veces, intentando “escapar” de la música por un miedo tremendo a que no me fuera económicamente bien. Pero la música, generosa, siempre vino por mí y no me dejó huir. Juan Galeano: Desde los 12 años empecé con la guitarra y descubrí el bajo a los 17: me enamoré. A los 18 me fui a Cuba, descubrí el contrabajo y empecé a tocar. A los 20 me aceptaron en el Conservatorio de Róterdam, donde estudié jazz durante seis años. Diamante Eléctrico. Foto:Kapture Studio / Revista BOCAS¿Cuáles eran las influencias musicales al inicio de Diamante? ¿Cómo han cambiado? D. A.: El blues, más que una influencia, ha sido mi navaja suiza. Si me pierdo en una sesión de composición, de grabación o incluso en vivo, me voy a los principios armónicos y melódicos del blues. Cuando empecé a tener bandas, me di cuenta de que todo era (y todos éramos) poco más que vehículos de lujo para que las canciones —ojalá de lujo— brillaran. Ahí me enfoqué en el cantante, que es el instrumento principal de una canción para existir. Desde ahí vivo, al igual que Juan, una experiencia musical centrada en la canción. Death Cab for Cutie, Jorge Drexler, Harry Styles, Laura Marling, Bon Iver, Matt Berninger, Alex Ferreira… es la música que escucho hoy en día y la que muchas veces pauso a la mitad de una escucha porque me despierta una idea para una canción. LEA TAMBIÉN ¿Cómo nació la amistad que le da vida a Diamante Eléctrico?D. A.: Fue por la música. Había oído a Juan y lo primero que se me vino a la cabeza fue: “Si eso está hecho en Colombia, tengo que conocerlo”. Su trabajo estaba muy bien hecho. Si Dios existe, existe a través de tipos como Juan. Él me dijo lo que debía decir y, quizá, si no hubiese sido por eso, yo no estaría haciendo música a este nivel. Llevo muchos años enemistado con la idea de que pueda ser un buen músico. Ha sido una lucha de cuarenta años. El mejor ejemplo fue cuando ganamos el primer Grammy y estábamos en Las Vegas en los pasillos del lugar de la premiación. Ahí alguien preguntó: “¿Ustedes creyeron que esto iba a pasar?” El baterista y yo contestamos: “nunca”. Juan respondió: “siempre”. J. G.: Daniel me envió un mensaje en Facebook. Ahí nos volvimos panas. Su banda me encantaba y cuando esa banda terminó en el 2011, me di a la tarea de cazarlo para ser parte de este nuevo proyecto que, en ese momento, ya tenía nombre, porque fue lo primero que pensamos. Recuerdo la primera reunión que tuvimos para hablar de la banda; Daniel venía vestido de traje y nos sentamos a tomar una cerveza. Le dije: “Tengo la idea de crear una banda sin ninguna pretensión distinta de hacer música. Puede que haya conciertos ahorita, y usted no tenga que hacer mucho más”. Él respondió: “Marica, estoy bastante ocupado, acabo de entrar a trabajar en una consultora… pero hágale, le buscamos el tiempo”. Quince años después, aquí estamos.¿Y el primer concierto de Diamante Eléctrico? ¿Cómo fue? J. G.: Paradójicamente, el primer concierto no fue en Bogotá, sino en Medellín, en Colombia Moda 2012. Recuerdo la pasarela de Levi's llena de mamacitas. Fue algo muy, muy chévere. ¿Cómo es el proceso de creación? ¿Cómo ha sido ese ensamblaje, por ejemplo, al componer? J. G.: Siempre había sido yo quien hacía las letras, pero con los años ha ido mutando. La música sí se decidía entre más. En los primeros tres o cuatro discos, la mayoría las escribí yo. Pero desde el 2020, empezamos una dinámica dual. Abrí mucho más espacio para que Daniel aporte. Así que hoy la mayoría de las canciones las hacemos entre ambos. Para este nuevo trabajo en el que estamos hemos empezado a escribir y están surgiendo ideas bien interesantes. Diamante ha creado varias canciones insignia, pero a nivel personal, ¿cuál tiene un lugar especial? J. G.: Daniboy es una canción que recuerdo con mucho cariño. Es del disco Leche de tigre (2023) y la escribí pensando en la muerte de Daniel Bustos, una persona muy importante para la banda, el ingeniero con el que hicimos los tres primeros discos. La canción surgió de manera muy natural y muy bonita. D. A.: A veces es una canción muy especial para mí por cómo se dio y por lo que representa en nuestra carrera. En esa soy coescritor y me parece que aportar desde la composición es la verdadera forma de hacer historia. Por otro lado, fue una canción que hicimos para Mira lo que me hiciste hacer (2021), un disco grabado durante la pandemia a puerta cerrada y sin ningún feedback. Entonces, cuando dimos el primer show después de la pandemia, me sorprendió cómo había rejuvenecido el público. Desde ese momento nosotros pegamos en otro grupo demográfico. En ese concierto, cuando empezamos a cantar, entendí el poder de una canción, el poder de una composición. Es de las pocas canciones en las que usábamos guitarras acústicas hasta ese momento. Esa canción es el punto de quiebre de la etapa moderna del Diamante. ¿Cuáles han sido los momentos más retadores para la banda?J. G.: Paradójicamente, el año más horrible de mi vida fue cuando empezamos Diamante, en el 2012. Pasaron demasiadas cosas horribles. No había con qué pagar el arriendo, enfermedades, personas que querían joder, demandas, etc. Lo que sirvió fue creer que la música va antes que nuestro ego. Entendí que a través del respeto y el amor a la música las cosas se van poniendo en su lugar. D. A.: Otro momento tembloroso fue la salida de Andee Zeta, el baterista. Pero nos permitió cambiar cómo sonábamos y sucedió justo antes de nuestro disco más exitoso: Mira lo que me hiciste hacer (2021). Es que si fuéramos una ciudad, seríamos Santiago de Chile, porque tiembla, tiembla y no se cae nada. Lo que se cae es porque nosotros lo demolemos. Digamos, el año pasado tuvimos los cojones de decirnos: estamos cansados, necesitamos una pausa y, como una pareja de 15 años, lidiamos con ello. Diamante Eléctrico Foto:Kapture Studio / Revista BOCAS¿Qué bases mantienen en pie el edificio de Diamante Eléctrico? J. G.: Le dije a Daniel hace unos años: “Si no vamos a hacer plata, hagamos historia”, y eso sigue siendo un norte muy cabrón. Y aunque ya hacemos algo de plata, no lo que quisiéramos ni lo que deberíamos, estamos en un punto en el que podemos hacer cosas interesantes. Si hubiésemos puesto la plata por encima del arte y la música, nadie habría hecho nada. Si uno no tiene una billetera sin fondo, ni papás ricos, hay que camellar duro. Bajo esa premisa hemos podido llegar aquí. El año pasado fue la primera vez en catorce años que no tocamos. Hicimos un solo show porque estábamos terminando una relación de más de una década con el management que teníamos y tuvimos cabeza fría para saber cuándo retomar. Y así pasó, estuvimos listos, volvimos a hacer música y sacamos un disco nuevo.El episodio de separación de la última empresa de management fue un parteaguas en la historia de Diamante. ¿Qué pasó? D. A.: Poniéndome un poco místico, lo llamaría la tormenta perfecta. Yo era socio de una empresa donde lideraba marketing y estrategia, y trabajaba con muchos artistas importantes, y esa empresa manejaba también a Diamante. Durante años recientes yo había tenido crisis depresivas y ansiosas cada vez con mayor frecuencia. Una tarde de octubre tuvimos una reunión financiera. Nos mostraron números juiciosos y bien presentados, pero todavía con el juicio y la claridad de por medio, no podíamos creer que estuviéramos en rojo. Estábamos haciendo conciertos, tratos con marcas, ¿por qué debíamos pedalear tanto lo que restaba del año para no salir en rojo? Culpamos al modelo de negocio de la industria para artistas como a nosotros. Luego de la reunión tuve una crisis ansiosa. Hice una publicación en Instagram, cuando el post agarró fuego comenzó la tormenta; me acusaron de conflicto de intereses. Al inicio acepté callarme. Pero el fin de semana siguiente tuve una bola en el centro del pecho y el lunes renuncié. Ahí llegó el momento de ver el mundo desde el artista y no como ejecutivo. En este momento suena a victoria y, aunque fue un regalo para el alma, fue una bofetada para mi vida. Ahí empezaron los meses más difíciles de mis 42 años, los cuales siguen vigentes, en los que cada día me requiere un esfuerzo para el que no siento suficiente capacidad de ejecutar. Sin embargo, parece que ser un maravilloso artista en paz con su voz y su creación, y un padre de mellizas, trae nuevas reservas de gasolina.J. G.: Bueno, tampoco eran buenas personas (...) eso es diferente. D. A.: El hecho es que no terminamos bien y eso fue una herida dolorosa de sanar. Hay un gran mito en esta industria: a la empresa no necesariamente le tiene que gustar el artista. ¡Eso no puede ser! Si no le gusta, ni siquiera tiene que estar ahí. A mí me impresiona nuestro alcance hoy, más si tenemos en cuenta el nivel de ejecución que estamos logrando de manera independiente. No desconozco que hasta aquí llegamos con un par de colaboradores, pero lo más sanador del año pasado fue descubrir que lo nuestro era nuestro. La nominación del 2025 fue la cosa más linda, porque corroboramos que los Grammy no son de nadie. Los tres sold out del Teatro Colón fueron de Diamante Eléctrico, no de una empresa. Daniel Álvarez, de Diamante Eléctrico. Foto:Kapture Studio / Revista BOCASEsa crisis llevó a Daniel a confesar públicamente que sufre depresión… D. A.: Sí. Hace 20 años me diagnosticaron depresión y ansiedad, y un poco de Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC). Hace un año y medio llegué a una psiquiatra excelente que no le paró bolas a ese diagnóstico original, me vio desde cero, y su diagnóstico fue mucho más efectivo, pues el TOC lo lidera. Así que ahora es al revés: un montón de TOC, luego depresión y ansiedad. J. G.: Sí, pues es que hace 15 años no se hablaba mucho de eso. El tema lo vinimos a tocar apenas hace un par de años, pero nunca lo sentí porque siempre hubo mucha confianza. Recuerdo que, antes de que Diamante iniciara formalmente, lo invité a tocar y se echó su solo perfecto. Entonces, uno no pensaría que el man pensara que lo que hace no es bueno, porque a mi juicio, los resultados hablaban por sí solos. Daniel hizo su trabajo, se fue y solo pensé: este man es buen músico y buena persona, que es la gran insignia para mí, tener esas dos cosas. ¿Cómo abordan el tema entre ustedes?J. G.: Luego de tantos años de ser panas, hemos aprendido a conocernos e identificar los puntos que nos tigrean. Cuando eso pasa, cada uno toma su espacio, y Daniel siempre regresa cuando está mejor. Además, hemos sido lo suficientemente maduros para hablar del asunto y seguimos en la lucha de siempre: decirnos las cosas, para bien o para mal. Quizá si hubiéramos empezado esta banda a los 22 años, en vez de los 32, no hubiera durado. El ego nos habría pasado por encima. Es que yo pienso que la mayoría de los problemas de la humanidad son por culpa del pinche ego de un macho frágil. D. A.: También, hace poco, Juan y yo atravesamos algo que sanó mucho nuestra amistad y fue que el disco Bengala (2025), de mi proyecto solista paralelo, lo produjo Juan. Antes de ese trabajo pensé que nada de lo que hacía gustaba, primero por el impostor y, segundo, porque a Juan sin un “no”, la boca se le ampolla. Cuando hicimos el disco, al inicio, pensé que me había metido en un chicharrón. Luego, sorpresa; arrancamos y él me decía que sí a todas las propuestas. Acabamos el disco y me encontré con un Juan amable y generoso con mi arte. Es un aprendizaje conjunto y constante. Juan Galeano Foto:Kapture Studio / Revista BOCASLa idea clásica del rockstar no incluye depresión ni precariedad. Actualmente, ¿cómo sería un rockstar ideal para ustedes? J. G.: Mi ideal del rockstar es una persona clara y exitosa en lo que hace, que tiene una voz y sabe usarla. Alguien que hace arte desde el corazón, desde el alma, desde las tripas. Los “verdaderos” rockstars, primero que nada, nunca se autodenominan así y, segundo, jamás morirán. ¿Por qué? Porque su obra no muere; muere el individuo, pero su música queda ahí. Eso me parece lo más hermoso de este oficio. D. A.: Para mí se sintetiza en tener tiempo de calidad y vivir sin pensar mucho en las cuentas. Ese es el privilegio definitivo, porque en la actualidad tenemos el nivel perfecto de fama. Si bien pueden llegar a reconocernos en restaurantes, en clínicas y en aeropuertos, también puedo caminar por la calle en pantaloneta con mis hijas. Hablando de rockstars, Juan toca con Morrissey. ¿Cómo ha sido esa experiencia? J. G.: Son casi cinco años de girar con ese man, entonces hemos vivido muchas cosas. Hemos hecho alrededor de 200 shows. Tocamos en Noruega, en Japón, en Turquía, en Corea… bueno, en países donde uno jamás tendría la oportunidad de ir. Aunque ojalá eso cambiara, pero es muy difícil haciendo música en español. Para mí ha sido una gran experiencia y hemos podido grabar dos discos del man. En Make-Up is Lie (2026) hay varios créditos míos: coproduje, hice algunas voces, y bajo y contrabajo. Y en el que viene, si todo sale bien, habrá algunas canciones que compuse. Es una experiencia única para un chibchombiano como yo. Vivo muy agradecido. ¿Saben que usted es un rockstar en su país? J. G.: Morrissey sabe de Diamante y no le importa mucho. Al resto de la banda, tampoco. En España pasó que alguien me reconoció en la calle y los de la banda me preguntaron: “¿cómo así? ¿Usted es famoso?” Para ellos esto es otro mundo y no tienen mucha idea de cómo funciona ni qué hay. Por eso quisiéramos aprovechar que hay gente que nos conoce en muchos lados y trabajar para que Diamante se siga internacionalizando.Acaban de lanzar Crudo y Cursi (2026). ¿Qué tanto tiene de cursi Juan y de crudo Daniel? D. A.: ¡Juan llora mucho más que yo! A mí me cuesta demasiado.J. G.: De alguna manera puedo llegar a ser bastante cursi; muchas de nuestras canciones de amor han venido de ese lado mío. D. A.: Es un tema de momentos. Lo que realmente dibuja el crudo y el cursi es el campo oscilatorio en el que nos movemos constantemente Juan y yo, la banda, el staff, y es que a veces estamos con la vida doliendo y rascando… con la piel encendida y, a veces, estamos en momentos idílicos de sintonía con el amor, la alimentación, el ejercicio… Es una suerte de campo oscilatorio que nos compone. Diamante Eléctrico Foto:Kapture Studio / Revista BOCAS¿Qué cambió en ustedes y en el negocio para que un proyecto como Diamante pueda seguir en pie mientras otros desisten? J. G.: Varias cosas. En lo personal, la madurez es una. Ha sido un proceso que toma años, y cuando uno tiene 25 años cree que tiene mucho tiempo, pero también que todo tarda mucho. Así que es muy loco darse cuenta de que si uno trabaja a conciencia, el tiempo da la razón. Siento que esto no habría pasado sin haber roto nuestro cascarón y, a la par, haber construido un caparazón duro para aguantar las tormentas. Siento que haber pisado la tierra durante más tiempo trae tranquilidad y una sabiduría muy pesada. No se trata de que seamos los más sabios, pero sí nos brinda herramientas que no teníamos a los veinte ni a los treinta. D. A.: Si bien yo puedo ser igual de talentoso que un músico de 22 años, hay algo que él no ha atravesado y que le va a tardar una década: superar los “si yo tuviera” o “si yo pudiera”. Desde que iniciamos, todos nos preguntamos eso. “¿Qué tal si tuviera un millón de dólares o pudiera hablar con Dave Grohl?”, solo por decir algo. No puedes tomar atajos; tienes que atravesarlos. DANIELA DÍAZ REVISTA BOCAS LEA TAMBIÉN Sigue toda la información de Cultura en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.