Antes de convertirse en uno de los rostros más prometedores de la música urbana ecuatoriana, Alex Krack era un niño de Esmeraldas que se sentaba frente a un piano de juguete mientras soñaba, sin saberlo, con una vida marcada por el ritmo. Hoy, ese mismo joven que se define como “la sandía más exótica” forma parte de Camisa 10, el ambicioso álbum de Ronaldinho Gaúcho, y se prepara para lanzar FRUTTI, el proyecto más personal de su carrera.A sus 25 años, Alex Fernando Barrio Ayoví atraviesa uno de los momentos más importantes de su trayectoria. Su participación en Tú las Ves, una de las canciones incluidas en el nuevo álbum de Ronaldinho, lo coloca dentro de una producción internacional que reúne a más de 40 artistas de 18 países, junto a nombres como Sean Paul, Pitbull, Justin Quiles y Juan Magán. En medio de esa escala global, Alex aparece como el único representante ecuatoriano dentro del proyecto, consolidando un ascenso que ha sido tan acelerado como trabajado.Pero detrás del fenómeno, de las cifras y de la proyección internacional, hay una historia profundamente ligada a sus raíces. Alex no habla desde la pose del artista inalcanzable. Habla con la naturalidad de alguien que no ha olvidado de dónde viene.Publicidad“Yo soy Alex Krack, la sandía más exótica”, dice a esta Revista con una mezcla de carisma, humor y convicción, dejando claro que su identidad artística no está construida desde una estrategia de marketing, sino desde algo mucho más personal. Su historia comienza en Esmeraldas, una provincia que ha dado al país talentos culturales y deportivos, pero que también convive con una realidad donde abrirse camino no siempre resulta fácil. Él lo resume con honestidad: “Vengo de Esmeraldas, de una tierra donde no hay oportunidades”. Sin embargo, lejos de convertir esa realidad en una limitación, la transformó en motor.Su infancia transcurrió rodeado de su madre, sus abuelos y una formación marcada por valores, respeto y disciplina, elementos que hoy siguen definiendo su forma de relacionarse con el mundo. Habla de esos años con cariño y sin dramatismo. “Tuve una infancia muy bonita”, cuenta. Y esa base familiar, dice, sigue presente en cada paso que da.Su conexión con la música apareció antes de que él mismo entendiera lo importante que sería en su vida. De niño pidió un carro a control remoto como regalo de Navidad, pero recibió algo completamente distinto: un piano de juguete con micrófono y sonidos integrados. En ese momento sintió la decepción lógica de un niño que esperaba otra cosa, aunque con el tiempo entendería que ese regalo cambió su historia. Ese piano se convirtió en su primer vínculo real con la música. “Desde ahí me gustó la música, estaba siempre molestando con el pianito”, recuerda.PublicidadPublicidadAntes de entregarse por completo a la música, también tuvo una fuerte conexión con el deporte. Practicó atletismo y jugó fútbol, disciplina que marcó parte de su infancia. Sin embargo, su madre tenía otras prioridades para él: quería verlo enfocado en los estudios. Alex lo entendía, pero también sabía que había algo dentro de él que no podía ignorar. “La música es algo que me encanta y tengo que ver hasta dónde voy a llegar”, recuerda haber pensado. En algún momento tomó una decisión definitiva y le hizo una promesa a su madre: “Deme un año. Si en un año no consigo nada, hago lo que usted quiera”.Su nombre artístico también nace de una convicción personal. Alex asegura que siempre ha creído en sus capacidades y en lo que puede aportar musicalmente. “Yo soy un crack en lo que hago”, afirma. Fue un amigo cercano, quien comenzó a llamarlo así hasta que el nombre terminó quedándose. Con el tiempo, Alex Krack dejó de ser solo un apodo para convertirse en una identidad.Pero si hay un símbolo que realmente define su universo, es la sandía. Más que una imagen llamativa, detrás de eso hay una historia familiar. Su madre trabajaba como profesora en el campo y solía regresar a casa con frutas que le regalaban. Entre todas, había una que nunca faltaba. Alex desarrolló una costumbre muy particular: partía la sandía por la mitad, se comía una parte entera con cuchara y dejaba el resto en la refrigeradora. Su madre, al abrirla, se encontraba con la sorpresa. “Ella abría la nevera, veía que estaba vacío y gritaba: ‘Álex’”. Esa anécdota, aparentemente simple, terminó convirtiéndose en parte esencial de su identidad artística.Hoy, la sandía está presente en su imagen, en su discurso y en su personalidad pública. Pero más allá del símbolo, hay una filosofía clara detrás de su música. Alex no busca proyectar oscuridad ni pesadez emocional. Su propuesta está construida desde la alegría, el movimiento y la energía. Esa definición explica gran parte de su sonido: canciones con ritmo, vibración y una intención clara de generar conexión. “Me gusta que los temas sean movidos, bailables y que la gente se sienta en ambiente”.Esa energía también ha sido clave en su manera de relacionarse con otras personas y de construir su carrera. Uno de los encuentros más decisivos fue conocer al también artista Jombriel, en una etapa donde hacer música en la provincia seguía siendo especialmente difícil. “Nos dimos impulso”, resume Alex. Ambos encontraron en el otro a alguien con la misma visión, la misma hambre y el mismo deseo de abrirse camino. Durante la pandemia, sin industria sólida, sin apoyo estructurado y prácticamente construyendo desde cero, comenzaron a desarrollar un proyecto que terminaría cambiando la conversación sobre la música urbana ecuatoriana.Uno de los primeros temas que marcó su camino fue Crazy QLO, canción que nació durante madrugadas de escritura, el momento que Alex considera más sagrado para crear. Siempre escribió de noche, cuando la casa estaba en silencio y podía concentrarse completamente. Para él, la madrugada sigue siendo el espacio ideal para pensar, meditar y conectar consigo mismo. Fue justamente en uno de esos momentos cuando nació una de sus primeras canciones virales.PublicidadEse proceso creativo, íntimo y casi ritual, terminaría desembocando en el gran punto de quiebre de su carrera: Parte & Choke. La canción, junto a Jombriel, no solo se convirtió en un fenómeno viral, sino que marcó un antes y un después para ambos artistas y, en cierta medida, para la música urbana ecuatoriana. Alex lo tiene claro cuando habla de ese momento. “Fue lo que nos catapultó a la fama”, dice, reconociendo que el éxito del tema ayudó a que la industria internacional comenzara a mirar con otros ojos lo que estaba ocurriendo en Ecuador. Aunque también aclara algo importante: el movimiento no empezó con ellos. Ya existían artistas que venían trabajando durante años, abriendo camino desde distintas ciudades del país. Sin embargo, el impacto de esa canción ayudó a que el radar de disqueras, productores y públicos internacionales finalmente apuntara hacia Ecuador.Ese impacto se hizo aún más evidente cuando Ryan Castro se interesó directamente en el tema para grabar un remix oficial en Colombia. Alex recuerda perfectamente el momento en que recibió la noticia. Iba de gira junto a Jombriel y al equipo de La Sangre Nueva cuando, en una parada, todo cambió. “Hermano, se va a montar Ryan Castro en el remix”, le dijeron. La reacción fue inmediata. “Era algo que yo no podía creer”. Para un artista que apenas comenzaba a expandirse fuera del país, ver a una figura consolidada del género interesarse por una canción nacida desde Ecuador significaba mucho más que una colaboración. Era una confirmación de que algo grande estaba ocurriendo. “No me cabía la alegría en el corazón”.Con el crecimiento también llegaron cifras que hace pocos años habrían parecido impensables. Millones de oyentes en plataformas como Spotify, expansión internacional y una audiencia que crecía rápidamente en distintos países. Pero, incluso frente a eso, Alex mantiene una mezcla de asombro y gratitud. Nunca imaginó verse en ese lugar. Habla de ese momento como una experiencia casi surreal. Mirarse al espejo y entender que todo eso le estaba pasando a él todavía le genera una sensación difícil de explicar. Otro punto decisivo llegó en 2025 con su firma junto a Universal Music Latino. El 29 de abril de ese año, la compañía anunció oficialmente su incorporación, consolidándolo como una de las promesas más frescas de la música urbana ecuatoriana. Para Alex, la noticia significó la confirmación de años de trabajo, pero también el inicio de una nueva etapa de aprendizaje. Recuerda que la propuesta llegó mientras estaba en Medellín. Durako, figura clave dentro de su desarrollo artístico, lo llamó para pedirle música. Alex no entendía bien por qué. Poco después, recibió la explicación: había una disquera interesada en él.La emoción fue inmediata. Se lo contó a su madre, a su hermano y a su círculo más cercano. Pero más allá de la emoción, Alex también reconoce que su llegada a una estructura internacional le permitió entender aspectos de la industria que antes simplemente desconocía. “He aprendido muchísimo”, asegura. Regalías, publishing, masters, contratos y estructuras de negocio son conceptos que no existían en su realidad cuando comenzó. “En Esmeraldas nadie asesora”, explica. Por eso, su crecimiento no ha sido solo artístico, sino también profesional.Hoy, con una estructura internacional detrás, continúa fortaleciendo una identidad musical que se mantiene fiel a su esencia. Aunque su sonido ha evolucionado y se ha expandido, hay algo que no cambia: su conexión con el dancehall. Para él, ese sonido no es una tendencia ni una simple influencia, sino una base identitaria. “Yo inicié con el dancehall y sigo con el dancehall”, afirma. Esa raíz sigue presente en cada nueva etapa de su música. Más aún, se ha convertido en parte de una misión personal: llevar el sonido que nació en Esmeraldas y en la Costa ecuatoriana a otros escenarios.Esa visión se refleja con fuerza en FRUTTI, el próximo álbum con el que busca mostrar su versión más auténtica. Alex habla de este proyecto como el trabajo que mejor representa quién es. No se trata solo de un álbum, sino de una carta de presentación completa. Para él, el concepto parte de una idea sencilla pero poderosa: las frutas. Frescura, color, energía y diversidad. Todo eso está presente en el universo creativo del disco. Dentro de ese proyecto, una canción tiene un peso especial: Ambiente. Alex la describe como la pieza que mejor resume su esencia.En medio de esta nueva etapa también llegaron lanzamientos como TTALEE, Desesppera, Kchimba, Lo que T guusta y, más recientemente, ZAZZA. Este último sencillo tiene un significado especialmente profundo. Más allá del ritmo vibrante y de la energía festiva que caracteriza su propuesta, funciona como una celebración de sus raíces afrolatinas.Si su firma con Universal marcó un punto importante, su participación en Camisa 10, el nuevo álbum de Ronaldinho, representa otro salto de enorme dimensión. Alex participa en Tú las Ves, junto a Totoy El Frío y Natan & Shander, dentro de un proyecto que reúne artistas de múltiples países y géneros. La noticia llegó a través de su equipo y lo tomó completamente por sorpresa. “No lo podía creer”, admite. Para él, el impacto fue especialmente fuerte por lo que el brasileño Ronaldinho representa en su historia personal. Desde niño, lo veía jugar y lo admiraba profundamente.Para Alex, representar a Ecuador en un escenario de ese nivel tiene un peso emocional enorme. Más allá del logro individual, entiende su presencia allí como una representación de algo más grande: de su provincia, de su cultura y del talento ecuatoriano.Cuando habla del presente y del futuro, Alex no pone el foco únicamente en cifras o reconocimiento. Para él, uno de los aspectos más gratificantes de su carrera ha sido poder ayudar a su familia. Esa es, quizás, la victoria que más valora. Poder trabajar, generar y apoyar a los suyos tiene un significado especial. Sin embargo, su visión va más allá del círculo personal. También piensa en Esmeraldas y en las nuevas generaciones de artistas que hoy intentan abrirse camino desde contextos similares al suyo.Le gustaría volver y convertirse en ese apoyo que él no tuvo al inicio. Porque conoce de primera mano lo difícil que es construir una carrera cuando no existen recursos, industria ni asesoría. Por eso insiste tanto en la importancia de creer en uno mismo. “Si tú no crees en ti mismo, nadie va a creer en ti”, afirma. Su mensaje para los jóvenes ecuatorianos que sueñan con vivir de la música es directo y honesto: el camino no es fácil, habrá competencia y obstáculos, pero lo esencial está en las ganas de seguir adelante.Su meta, como él mismo repite, sigue apuntando en una sola dirección: seguir trabajando, seguir creciendo y llevar su música cada vez más lejos. Al final, detrás del artista que hoy colabora en proyectos internacionales, sigue estando ese niño de Esmeraldas con imaginación intacta, con una energía contagiosa y con una visión clara de hacia dónde quiere llegar. (E)
El esmeraldeño Alex Krack: del fenómeno viral de ‘Parte & Choke’ a colaborar con Ronaldinho y presentar ‘FRUTTI’, su primer disco
Entre el éxito viral, proyección internacional y una identidad profundamente conectada con Esmeraldas, el artista atraviesa una etapa importante de crecimiento.











