El aumento feroz de los costos energéticos, la caída constante del consumo y la suba marginal de la producción en mayo —que el ministro de Economía, Luis Caputo, festejó como un amesetamiento pero que los industriales leen como una crisis profunda— derivaron en una nueva etapa de confrontación con el Gobierno. “Echamos empleados todos los días y no solo pasa en las pymes”, alertaron referentes industriales que operan tanto dentro como fuera de la UIA.
La recesión del sector que más empleo formal genera en la Argentina refleja una depresión histórica, agravada al comparar el escenario con la última década, incluso considerando el impacto de la pandemia. Si bien los sectores extractivos son los ganadores del modelo de Caputo y Javier Milei, el fenómeno “serrucho” de la actividad evidencia distorsiones que recalentaron el clima en el círculo rojo productivo.
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“Estamos atravesando momentos de crisis total, a la espera de cambios estructurales que tardan mucho en llegar, como la reforma tributaria. El Fondo Monetario Internacional la pide, pero el Gobierno no la implementa porque recauda menos y porque sabe que las empresas de Vaca Muerta y los proyectos tecnológicos pedirán más beneficios”, advirtió el dueño de una empresa con negocios diversificados. “Si me funden en una fábrica, me mantengo con otra. Pero los empleados son cada día menos”.







