A pesar de los relatos oficiales y los intentos por encontrar brotes verdes en la macroeconomía, los datos duros de la realidad imponen su propio peso. La combinación de una recesión persistente con la siempre vigente creatividad del delirio político argentino nos ofrece una foto compleja: por un lado, una economía real que cruje; por el otro, disputas insólitas que rozan el ridículo. Los números de la recesión: consumo en caída y destrucción de empleo Si miramos las últimas estadísticas oficiales disponibles —que aunque correspondan a meses anteriores, siguen siendo el termómetro más reciente de la calle—, el panorama del consumo es francamente malo. En abril, las ventas en supermercados registraron una caída del 4%, mientras que en los mayoristas la baja fue del 5%. El golpe más duro lo sintieron los shoppings, con un desplome del 6%. Son números que reflejan de manera lineal el derrumbe del poder adquisitivo de los argentinos. Consumo en baja: las promociones no alcanzaron y las ventas del Día del Padre cayeron por cuarto año consecutivo

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