La declaración del presidente Donald Trump, el miércoles pasado, de que el alto al fuego entre Estados Unidos e Irán había "terminado" lo vuelve a colocar a él y a su administración en una situación ya conocida: inmersos en una guerra impopular que parece no poder terminar, a menos de cuatro meses de las elecciones de mitad de mandato.Los republicanos se mostraron cautelosamente optimistas después de que Estados Unidos e Irán firmaran un memorando de entendimiento el mes pasado para poner fin a la guerra, el último de una serie de ceses al fuego frágiles y, en última instancia, fallidos desde que comenzó el conflicto en febrero.
Los líderes republicanos habían advertido a la Casa Blanca de que el aumento de los precios de la gasolina, exacerbado por el conflicto, podría perjudicarles en las elecciones de mitad de mandato de noviembre. Ahora, con ese acuerdo hecho añicos, los republicanos se enfrentan a unas elecciones vinculadas a una guerra a la que la mayoría de los votantes se opone, incapaces de ponerle fin, pero también, en su mayor parte, reacios a romper con el presidente que la inició. Los precios del petróleo se dispararon y los mercados financieros cayeron el miércoles.
Más tarde ese mismo día, Estados Unidos lanzó nuevos ataques contra Irán. En un comunicado emitido el X, el Comando Central de Estados Unidos afirmó que los ataques se llevaban a cabo "para debilitar aún más su capacidad de amenazar la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz". Según Sarah Chamberlain, presidenta de la Republican Main Street Partnership, que apoya a los legisladores republicanos en distritos congresionales competitivos, más guerras suponen un verdadero quebradero de cabeza para los republicanos en las elecciones de noviembre.













