Esta es una historia con algunos ribetes personales, que revelo de entrada, pero que no puedo dejar de contar. Se trata de una experiencia que tiene ya 16 años de madurez con el propósito de lograr una educación pública de alta calidad para el departamento y, ojalá, extensible al país entero. Y la relato habiendo presidido este tiempo la Fundación Alquería Cavelier. Empezamos en 2010 solicitándoles a los rectores del departamento los contactos de sus mejores alumnos de 9° para apoyarlos en su formación. Llamamos al programa Talentos Excepcionales. Durante 15 años lo operamos, logrando tener más de 550 niños de todas las provincias de Cundinamarca para enviarlos luego becados a las mejores universidades de Bogotá, algunos con apoyo de Ser Pilo Paga o Gen-E. Las últimas dos generaciones lograron puntajes superiores a los 380 en las pruebas Saber; es decir, que si la Fundación conformara un colegio público, sería el mejor de Colombia.Pero muy temprano, en el 2011, vimos que el tema no eran los niños, que en esos niveles de excelencia eran extraordinarios; la atención debía ser en los colegios como tal. Aquellos en escalafones C y D graduaban niños con menores aptitudes que los colegios en categorías A y B, tal como era obvio esperar.Decidimos entonces concentrarnos solo en los seis colegios de Cajicá, trabajando con los rectores. Esta fue una elección tomada por un consejo de la exministra Cecilia María Vélez. Trajimos un coach para que estos crecieran como líderes, un elemento central que coincidencialmente incluía el programa Rectores Líderes Transformadores, de la Fundación Empresarios por la Educación.En segundo lugar, trajimos a universidades como Los Andes, la Javeriana o la Sabana para entrenar a los profesores y con las familias de los alumnos como tercer eje de trabajo. En cuarto lugar, metimos a los niños de 10º a entrenamientos para las Pruebas Saber; y, finalmente, dimos a los rectores elementos de planeación para sus colegios y actividades a largo plazo.El mayor impacto lo tuvo el programa de coaching, que convirtió a los rectores en líderes dentro de sus colegios y les fortaleció su autoestima. Ese trabajo personalizado logró un cambio importante en las relaciones con los maestros, mejorando las dinámicas laborales y educativas de los seis colegios de Cajicá. Poco a poco, en el 2017 todos los colegios llegaron a nivel A y el mejor de todos, el Pompilio Martínez, alcanzó el nivel A+ con el mejor puntaje del departamento, convirtiendo así al municipio en el mejor del país en educación pública. Luego ampliamos nuestro trabajo a cuatro municipios de la región para llegar a 25 colegios con la anuencia de los respectivos alcaldes.En el 2020, dados estos resultados, el nuevo gobernador, Nicolás García, nos ofreció acceso y financiación de la Secretaría de Educación de Cundinamarca (SED) para llegar a 90 colegios en 30 municipios. Este proceso fue todo un reto con la pandemia, cuando el mundo entero cayó en sus puntajes. Nosotros usamos ese tiempo y presupuesto para medir no solo a los colegios, sino nuestras capacidades para llegar a ellos con los cinco elementos del programa que bautizamos Promce: Programa para el mejoramiento de la calidad educativa.En 2024 se inició la Gobernación de Jorge Rey, quien nos volvió a invitar a la SED para tomar esta vez 200 colegios en un programa mucho más específico de apoyo y observación de los avances y oportunidades de cada uno de ellos, incorporando lo aprendido. Nombramos coordinadores, quienes iban una vez al mes a cada institución con un esquema puntual de apoyo por maestro en cada área con falencias. Ese año alcanzamos el cuarto lugar a nivel nacional entre colegios de municipios no certificados, y en 2025 un primer lugar entre todos los departamentos. Aspiramos a que Cundinamarca sea en el 2035 la mejor región para estudiar en América Latina, medida en pruebas Pisa.Esperamos el entusiasmo del nuevo gobierno para llevar Promce a nivel nacional, reitero, en estos cuatro años y poder convertirlo, ojalá, en una política de Estado.