Este Mundial esconde una curiosidad estadística que, en realidad, cuenta una historia irrepetible. Lo digo porque será, con toda probabilidad, la última Copa del Mundo en la que han competido jugadores nacidos en países que ya no existen, los últimos vestigios futbolísticos de un viejo orden político. Luka Modrić, Ivan Perišić, Manuel Neuer, Vladimír Darida o Utkir Yusupov llegaron al mundo antes de que el mapa de Europa cambiara para siempre. Todos ellos son los últimos embajadores balompédicos de una geografía abolida.
Los últimos yugoslavos
Ningún caso simboliza mejor esa transformación que el de la antigua República Federativa Socialista de Yugoslavia. Durante décadas fue una de las grandes potencias futbolísticas de Europa. Alcanzó dos semifinales mundialistas, conquistó títulos olímpicos y formó generaciones de enorme talento, antes de que las guerras de los Balcanes y la desintegración del país cambiaran para siempre el destino de la región. El fútbol, lógicamente, no se pudo quedar al margen del conflicto; de hecho, algunos consideran que todo estalló tras el infame enfrentamiento entre el Dinamo Zagreb y el Estrella Roja en mayo de 1990, partido que degeneró en una batalla campal entre ultras y policía.









