Escapar del destino

A los seis años recorría los mercados de Santa Ana vendiendo pasta de dientes para poder comer. Dormía donde podía, las prostitutas lo protegían cuando sus tíos lo abandonaban y durante años creyó que no valía para nada. Le repitieron que nunca­ llegaría a ser nadie. Hoy demuestra que estaban equivocados. “Toda mi vida solo he querido que alguien me llamara ‘hijo’”. Su historia es también la de los más de 5.900 niños y jóvenes que acompaña la fundación Nuestros Pequeños Hermanos (NPH) en nueve países de América Latina. Gracias a su apoyo, y al convenio Ápeiron Sin Límites con la Fundación Marcet y al consulado de El Salvador, entrará en la universidad y realizará las prácticas en la Academia Marcet de Barcelona. A veces basta con que alguien crea en un niño para cambiar el rumbo de toda una vida.

Su madre lo tuvo con catorce años.

Me dejó en un orfanato y, cuando tenía seis años, unos tíos me sacaron de allí.

¿Le querían?