Una ley expedida este año conmemora el 9 de julio de 1919, fecha en la cual los poderes de la República proclamaron a la Virgen representada en su advocación de Chiquinquirá, líder espiritual de Colombia. La norma adiciona el calendario en Colombia con un nuevo día festivo el lunes siguiente a la mencionada fecha.Hace 440 años, la noticia de la Renovación del Lienzo de la Virgen se conoció en todo el Reino de la Nueva Granada. Desde entonces un peregrinaje continuo y los miles de testimonios documentados de agradecimiento por sus manifestaciones milagrosas, dan cuenta de la devoción.Habrá nuevo festivo en Colombia: ley lo oficializaEl Lienzo Sagrado ha ejercido influencia poderosa en el transcurso histórico de la Nación, desde el período colonial, en la religiosidad y también en asuntos sociales y políticos. El libro ‘De Chiquinquirá yo vengo’, del historiador Carlos Pachón Lucas, narra acontecimientos de la historia de Colombia en los cuales el Lienzo de la Virgen ha sido protagonista de primer orden.Su autor comparte la crónica referida al rapto del Lienzo de la Virgen durante la guerra de independencia por las tropas libertadoras; la persecución por los ejércitos del rey de España, la batalla de rescate y las celebraciones en medio del “Régimen del Terror” impuesto por el sanguinario general español Pablo Morillo. La crónica refleja la trascendencia que la imagen sagrada de Chiquinquirá tiene en la historia de Colombia.El rapto del lienzo en la guerra de independenciaPor Carlos Pachón LucasEl veinte de Julio de 1810 hubo una rebelión en Santafé (hoy Bogotá), contra las autoridades españolas. La rebelión se extendió a las demás ciudades y provincias de la Nueva Granada.En medio de las controversias entre la conformación de un sistema de poder centralizado u otro federal con mayor autonomía de las provincias, en 1816 España emprende una campaña militar denominada “reconquista”, para recuperar el dominio de sus colonias americanas.En el territorio de lo que hoy es Colombia, la reconquista estuvo a cargo de doce mil soldados traídos de España en sesenta barcos, en su mayoría expertos en guerras de Europa, bien armados, dirigidos por el general Pablo Morillo militar de carrera de los ejércitos del rey de España con experiencias en recientes guerras europeas.Morillo inició la época denominada el “Régimen del Terror” a comienzos del año 1816 con la toma de Cartagena en la que asesinó a más de seis mil pobladores. Desde esta plaza, Morillo envió adelante a buena parte de sus tropas para recuperar a sangre y fuego el poder en el interior de la Nueva Granada, al mando de los generales Sebastián de la Calzada y Miguel Latorre.Imagen del Lienzo autentico de la Virgen de Chiquinquirá, pintado en el siglo XVI Foto: Foto suministrada a SEMANALas autoridades de la Nueva Granada organizaron ejércitos precarios para enfrentar pero recibieron derrotas sucesivas de las cuales se recuerdan las de Chitagá y Cachirí en Santander.Gran conmoción causó la noticia interceptada según la cual incursionarían a Chiquinquirá para fustigar a esta villa por sus servicios a la independencia. Ya se sabía en toda la Nueva Granada de la crueldad de los españoles. “La proximidad de los españoles preocupaba a Chiquinquirá. El 5 de marzo se decía en Santafé que los frailes y los vecinos habían emigrado hacia la capital” (José María Caballero, Diario de la Independencia).Vistas la derrotas militares, el presidente de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, Camilo Torres Tenorio, designó al francés Manuel Roergas Serviez, con rango de general, en el mando del Ejército Independiente de las Provincias del Norte para la defensa del territorio desde el Socorro hasta el valle de Chiquinquirá, Ubaté y la provincia de Tunja. El general Manuel Serviez era un militar destacado con experiencia en operaciones de mando en guerras europeas y gozaba de buen concepto de Simón Bolívar.El general Serviez encabezó un contingente y se instaló en Puente Real (hoy Puente Nacional) para reorganizar las tropas derrotadas. Desde allí, a finales de febrero de 1816, pidió apoyo al gobierno para el ejército que se hallaba desprovisto de moral, vestuarios y armas y decidió no buscar enfrentamientos con el enemigo hasta no estar en mejores condiciones. “A estas razones añadía una de bastante peso: el teatro de guerra de los alrededores de Chiquinquirá era muy favorable al combate de caballería” (Jorge Mercado, Campaña de Invasión del Teniente General don Pablo Morillo). Tras destruir con pólvora los puentes sobre el río Suarez se dirigió hasta Tunja y Sogamoso. Desde este municipio expidió un comunicado fechado el 3 de marzo para advertir del peligro: “en víspera de ser invadido por los asesinos del impío Calzada… corramos a defender el templo de la Madre de Dios” (Roberto Velandia, Enciclopedia Histórica de Cundinamarca) y se trasladó a Tunja y la villa de Leyva para organizar preparativos. Por Tinjacá se dirigió a Chiquinquirá en cuya entrada destruyó el puente de la Balsa para estorbar el ingreso del ejército realista.El nuevo presidente de la nación, José Fernández Madrid expidió un decreto fechado el 21 de marzo en Santafé, en el que decía: “… confiando en la poderosa intercesión de la Madre de Dios, en su santuario de Chiquinquirá, decreta lo siguiente: Primero: A expensas del Estado y con la solemnidad que permitan las circunstancias, se celebrará en aquella iglesia una Misa Rogativa a que se convocará todo el pueblo. Segundo: Los primeros trofeos militares del enemigo que caigan en poder de las armas de la República se depositarán a los pies de la Virgen…”(Alberto Ariza, Chiquinquirá en la Independencia)El general Serviez, en compañía de su segundo al mando, el coronel Francisco de Paula Santander, en Chiquinquirá dispuso lo que estaba a su alcance para la protección militar de la plaza; impartió instrucciones a las tropas que se alistaban en esta localidad, reclutó soldados, recolectó abastecimientos y capturó a dos espías de Morillo. A Serviez se le ocurrió tomar a la fuerza el Lienzo de la Virgen. Buscaba animar a los ejércitos que se alistaban en los llanos y reclutar adeptos para la guerra. Lo bajó del altar y lo empacó en un cajón debajo de lonas de campaña. Los dominicos, ante la contundencia del hecho, organizaron una comisión especial integrada por tres frailes, para custodiar el Lienzo de la Virgen; uno de cuyos integrantes el padre Buenaventura figuraba en la lista de los rebeldes por haber integrado el Congreso Constituyente de Cundinamarca y firmado el acta de independencia absoluta de esta provincia.Salieron el 21 de abril por el camino de Simijaca, donde acamparon. En Ubaté desviaron por Cucunubá rumbo a Santafé. En el paso por Chocontá el coronel Francisco de Paula Santander recibió una carta del nuevo presidente de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, José Fernández Madrid, en la que ordenaba que el ejército de Serviez debía dirigirse a Popayán para concentrar las operaciones en esa región. En la respuesta que le envía Santander se observa que los dos comandantes (Serviez y Santander) están del todo resueltos a desobedecer esa instrucción y decididos a seguir hacia los llanos orientales donde los esperaba Simón Bolivar.De Chiquinquirá yo vengo, de Carlos Pachón Lucas Foto: Foto suministrada a SEMANAEl primero de mayo tenemos reunidos en Chía (a donde se había trasladado la sede del gobierno por razones de seguridad), a Fernández Madrid, presidente de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, con Lienzo de la Virgen, el general Serviez, el coronel Santander, y las tropas, tomando decisiones que enderezarían el curso de la historia.De la reunión resultó desautorizado el presidente Fernández Madrid quien había recibido la orden del Congreso de rendirse ante los españoles. En esta ocasión Serviez lo conminó a no claudicar lo que generó en el presidente gran disgusto.Los comandantes militares acordaron desplazarse a los llanos orientales y Fernandez se trasladaría, como era su intención, hasta Popayán con parte de las tropas que prefirieron esa opción, para enfrentar a Sámano. El desplazamiento de Fernández Madrid hasta Popayán se ha entendido como una táctica dilatoria mientras otros en nombre suyo y del senado adelantarían conversaciones con Morillo conducentes a reconocer a las autoridades españolas, proyecto que no estaba en los planes de Simón Bolivar ni de los militares patriotas. A los dos altos militares que desobedecieron al presidente, la historia les daría la razón en el sentido de que la concentración de tropas en Casanare al mando del general Bolívar daría inicio a la Ruta Libertadora de la Nueva Granada.El 3 de mayo los ejércitos españoles encabezados por los generales Sebastián de la Calzada y Miguel Latorre llegaron a Chiquinquirá. Encontraron la villa desprovista del Lienzo de la Virgen. Aprovechando la abundancia de la producción agrícola en la zona, obligaron a los pobladores a recolectar víveres para enviarlos a Tunja en donde los realistas tenían acantonados por lo menos cuatro mil soldados y continuaron su marcha sin más maltratos.El 4 de mayo pasa por Santafé una avanzada de las tropas de Serviez, calculada en cuatrocientos soldados. “Tomaron el camino de Une para Cáqueza. Llevaban muchos equipajes y 200 reses”. Serviez y Santander, con la retaguardia de sus tropas, acamparon ese día en Usaquén y el día siguiente, domingo, de madrugada tomaron presurosos el camino hacia Santafé:“… entró Serviez con toda la infantería, a las diez del día, y en medio de los dos primeros batallones traían a la milagrosa imagen de Nuestra Señora de Chiquinquirá, la original, encajonada y envuelta en un toldo. Todas las religiones (comunidades religiosas) salieron hasta San Diego, debajo de cruz alta a topar a Nuestra Señora pero no se les hizo caso alguno. Pasaron vía recta desde San Diego a Santa Bárbara 1, con una precipitación increíble. Iban dos batallones que compondrían algo más de mil hombres. Pasaron 59 cargas de equipaje y más de 200 caballos y mulas sueltas” (José María Caballero, Diario de la Independencia).Cerca venía el ejército enemigo, que el día anterior, sábado, había pasado por el mismo pueblo de Usaquén. En la incursión a Santafé las tropas de Serviez sufrieron centenares de deserciones. En Tunjuelito hicieron un alto y se ofició misa solemne con el Lienzo expuesto en altar decente y de ahí partieron por Yomasa para tomar el camino angosto que por el páramo descendía a los llanos.El ejercito realista a la caza del general ServiezLos ejércitos realistas dirigidos por Miguel de la Torre y Sebastián de la Calzada entraron a Santafé el lunes 6 de mayo “pisándole los talones” a Serviez. Enviaron un escuadrón de carabineros superior en número de soldados y armas para perseguirlo, mientras el resto se dedicó a la pillería vulgar de robar e intimidar a la población.El arzobispo, Fernando Caicedo y Florez, el 7 de mayo profirió excomunión contra el general Manuel Roergas Serviez y los demás que participaron materialmente en el rapto calificado de sacrilegio.Los españoles le dieron alcance adelante de Cáqueza en un lugar llamado Sáname y en medio del combate rescataron el Lienzo en un rancho el 9 de mayo (en memoria del rescate del Lienzo se construyó una capilla que aún hoy se conserva). Los patriotas sobrevivientes fueron perseguidos y después de nueva confrontación, derrotados en inmediaciones del río Negro con resultados devastadores: En cifras redondas, perecieron trescientos soldados libertadores, unos en la carnicería del combate, otros ahogados, y doscientos quedaron prisioneros. Los sobrevivientes en número inferior a doscientos lograron seguir hacia Casanare en cuyo trayecto las deserciones y penalidades los redujeron a cincuenta y seis, incluidos Serviez y Santander. Entre ellos iba uno de los sacerdotes cuidadores del lienzo, Juan Antonio de Buenaventura, quien figuraba en una lista de los más peligrosos subversivos que conservaba con cuidado el pacificador Morillo. El padre Buenaventura había sido rector de la Universidad Santo Tomás y diputado por Chiquinquirá en el Serenísimo Congreso Constituyente del Estado Soberano de Cundinamarca instalado en Santafé en 1811. Se vinculó al municipio en el cargo de auxiliar de la parroquia para pasar desapercibido. Escoltó a la Virgen en la aventura del rapto y cuando los españoles recuperaron el Lienzo, siguió con Serviez para evitar ser capturado.El lamentable resultado del periplo de Serviez por la cordillera oriental se atribuye a que tuvo que improvisar un ejército sin preparación, mal equipado en comparación a las tropas enemigas y a la imprudencia cometida con la Virgen, que atrajo la operación de rescate de las fuerzas realistas.Los resultados del desastroso enfrentamiento adelante de Cáqueza con el ejército español que iba por el rescate del Lienzo de la Virgen ensombrecieron la carrera militar del general Serviez. Se trasladó a Apure (Venezuela) en donde terminó su vida en confusa reyerta a manos de soldados del general también independentista venezolano José Antonio Páez, en 1817.El inglés Charles Stuart Cochrane, quien estuvo en el municipio cinco años después, resume a su curiosa manera lo ocurrido:“Durante la guerra civil de Colombia, un tal Serviere, oficial francés que estaba al mando de una guerrilla, robó la imagen de la santa novicia con la esperanza de que los devotos peregrinos siguieran al cuadro para convertirse así en el tesorero de las ofrendas de estos, pero cometió un gran error porque los peregrinos consideraban que se había cometido un sacrilegio y por lo tanto, en esas condiciones, la Virgen no podía manifestarse. Luego, cuando Serviere fue vencido, abandonó el cuadro milagroso en Cattesa (Cáqueza).La caravana militar española emprendió el regreso del Lienzo, con dos de los tres sacerdotes comisionados siempre vigilantes, doscientos soldados patriotas prisioneros, cargamentos de armas y pertrechos incautados en el combate, y las multitudes de pobladores que se incorporaban sorprendidos y piadosos. Se celebraron misas, procesiones, fiestas, en Cáqueza, Chipaque, Usme. Las festividades más suntuosas se vivieron en Santafé desde el 16 de mayo hasta el 25 de junio. Al entrar a la capital, se incorporaron los habitantes sin distinciones relacionadas con la guerra, las autoridades eclesiásticas y civiles, cincuenta carabineros en sus caballos y más de ochocientos soldados del Rey bien armados, en procesión desde Santa Bárbara hasta la iglesia de San Ignacio, habilitada por esos días como catedral.El “pacificador” español Pablo Morillo, en ChiquinquiráEl 23 de mayo de ese año (1816) Pablo Morillo entra a Chiquinquirá con sus tropas procedentes de Cartagena. En su recorrido había dejado pueblos arrasados y muertos por doquier. El temor del clero y de la población era enorme porque estaban advertidos que Morillo sabía de la conducta de los dominicos y el comportamiento independentista de los pobladores.En las oficinas del ayuntamiento en la plaza de la Renovación, Morillo increpó a los frailes del convento Mariano por la entrega de los tesoros de la Virgen para financiar a los independentistas. (La entrega de los tesoros y dinero del santuario de Chiquinquirá había ocurrido un año antes, para financiar la cuota que Cundinamarca debía aportar al gobierno de las Provincias Unidas a la guerra de independencia. El libertador Simón Bolivar agradeció en varios momentos la valiosa ayuda). “Las angustiosas circunstancias eran de tremendo apremio y había que apelar a lo que fuera posible para desarmar las iras de Morillo” (Alberto Ariza, ob.cit).Morillo no pasó de las palabras: se salvaron del patíbulo los frailes por las explicaciones que estos le dieron, o por el riesgo de una reacción nacional. Por lo pronto no tomó decisiones de fondo, pero ordenó capturar al prior del Convento, fray Miguel Garnica y el 25 sale con su comitiva y el fraile, a quien castigó obligándolo a caminar hasta Zipaquirá. (Miguel Garnica Orjuela tiene el mérito de haber dirigido la construcción de la basílica de Chiquinquirá que hoy contemplamos, en medio de la precariedad financiera que padecía entonces el convento y la anarquía social de la guerra).El régimen del terror y el respeto al Lienzo en SantaféDos asuntos preocupaban a los habitantes de Santafé: las celebraciones con motivo de la presencia de la Virgen y el propósito implacable de exterminio al que estaban condenados.En la noche del 26 de mayo, Morillo y sus tropas llega a Santafé por el barrio San Diego y por entre arcos triunfales y balcones decorados por acomedidos, recorre hasta la plaza mayor en medio de ovaciones. Se incorporó como personaje principal en diversos actos públicos de homenaje a la Virgen, al tiempo que imponía el terror sobre la capital.El día 30 se realizó una ceremonia en la catedral, presidida por la Virgen y el general Morillo. A la salida, parada militar, corrida de toros. En la noche, misa solemne en la iglesia del convento de Santo Domingo encabezada por las mismas personalidades. En junio, el día 5, es fusilado Antonio Villavicencio; el 9 los dominicos hicieron otra celebración en su convento con la asistencia del Pacificador y sus oficiales y predicación del provincial de la Comunidad, Francisco de Paula Ley. En los días siguientes la Virgen fue homenajeada en los conventos de Santa Inés, La Concepción, Santa Clara, El Carmen y La Enseñanza. El 19 se cumplió la sentencia de ahorcamiento de José María Carbonell, el líder de San Victorino, protagonista destacado de los hechos del 20 de julio, y de tres rebeldes más. El 24, los militares comandados por Morillo despidieron a la Virgen con una fiesta solemne y multitudinario desfile hasta la iglesia de San Diego en donde permaneció custodiada esa noche para salir al día siguiente hacia Boyacá.En Santafé, durante las semanas siguientes continuaba el terror en el que murieron en patíbulo decenas de criollos destacados, entre ellos: Jorge Tadeo Lozano, Miguel de Pombo, Antonio Baraya, Custodio García Rovira, José Joaquín Camacho (líder de Tunja), Bernardo Álvarez, Manuel Rodríguez Torices, Camilo Torres Tenorio. En mayores cantidades fueron llevados rebeldes con grillos a Cartagena y a Puerto Cabello.A fines de mayo, el cabildo de Santafé y el virrey Juan Sámano solicitaron al rey que, en acuerdo con el Papa, el día que entraron los ejércitos pacificadores a Santafé y un grupo de ellos partió en persecución de Serviez para rescatar a la Virgen, se declarara a perpetuidad como día de rezo especial conmemorativo en todos los templos de la Nueva Granada.El retorno del Lienzo se hizo con entrada solemne a Tunja. Al cabo de setenta y tres días de recorridos, contingencias y celebraciones, regresó a su trono el 3 de julio en medio del júbilo de los habitantes de la población, de lugares vecinos y de peregrinos que concurrieron alborozados.Entre tanto, Morillo ordenó medidas que afectaron directamente a los chiquinquireños: Derogó el rango de “villa” que había adquirido el municipio y que le otorgaba facultades para gobernar municipios de la región; abrió procesos judiciales contra líderes locales a quienes por medio de la “Junta de Purificación” de Tunja les expropió bienes; judicializó a los frailes del convento y ordenó el destierro de varios de ellos.