Ana Boga posa para ICON con hombreras Evadehouse y camiseta de Versace.Pablo ZamoraComo un destello, aparecen y desaparecen. Los instantes en los que se intuye el ciclo de una vida son escasos y muy escurridizos. Ana Boga (32 años, Madrid) vivió uno hace días y lo tuvo que dejar por escrito. Estaba con su madre viendo fotos de su hijo, cuando esta le enseñó, a su vez, fotos de la propia Boga de niña. “Aún me emociona. Vi su mirada de nostalgia con mis fotos y entendí muchas cosas. Mi madre, esa mujer, soy yo dentro de 30 años”, recuerda.Quizá por eso, posa para esta revista con una serenidad inusitada. Estas fotos registran el inicio de su nuevo ciclo vital, como madre, pero también como actriz. Hace dos años estaba de excedencia, sufriendo por cómo iba a conciliar los horarios locos de la hostelería con criar a su recién nacido. Ahora es la gran revelación de Yo siempre a veces, serie de Movistar Plus creada por Marta Bassols y Marta Loza con producción de Los Javis, que recibió el pasado mayo un premio en Cannes al mejor guion. La historia retrata la precariedad de una madre soltera, Laura, que lucha por ser mucho más que eso.“Está fatal decirlo pero siempre pensé que si me tenía que ocurrir, me ocurriría. Hay una parte de sentimiento de culpa porque me haya salido tan bien, pero imagino que tienes buena suerte en unas cosas y mala suerte en otras”, reflexiona sobre su salto a la interpretación. Boga se crió completamente ajena a este mundo en una familia dedicada al turismo, pero siempre tuvo esa intuición. “Cuando me preguntaban de niña, siempre decía que quería ser actriz o cantante. Cualquier cosa que implicase llamar la atención”, recuerda. Pero nunca tuvo fe en que pudiese hacerse realidad, así que acabó dedicada también al turismo.Hasta que llegaron los treinta, su primer embarazo y, con él, su primera crisis maternal. “No sabía qué iba a hacer con mi vida. Es esa crisis que sufren las madres y que te lleva a replantearte tu profesión, tu vida, cómo te vas a organizar…”, explica. En ese momento, una amiga le envió un casting en el que buscaban mujeres que hubieran sido madres y ella se apuntó sin haber actuado nunca profesionalmente. “Soy una persona bastante inconsciente. Puedo trabajar bien en la incomodidad, el pudor y la vergüenza. Disocio y luego ya me viene todo”, comenta entre risas.Con esa misma ligereza se aventuró a un rodaje que le exigía poner cuerpo a realidades dentro de la maternidad, como el sexo, el desenfreno o la lactancia, que no suelen mostrarse tan crudas. “Me costó porque el cuerpo que tenía allí, no es el mismo que tengo ahora, ni el que tenía antes de quedarme embarazada. Pensaba: ‘Voy a salir con barriga, se me va a ver el pecho de esta manera…’. Pero me valía la pena sentirme incómoda si eso iba a hacer a otras madres sentirse cómodas después”. En la serie, esa responsabilidad con la realidad se respira en cada detalle: desde la elección de los actores hasta al guion, que huye de cualquier lugar común para representar la maternidad del 2026 en todas sus contradicciones.“Se habla mucho de los nuevos modelos familiares con las amigas, pero luego reina el individualismo y el egoísmo. Nuestro sistema está montado así. Ahora hay poco sentido de lo común, estamos todos muy enfocados en nosotros mismos y, aunque la gente tenga muy buenas intenciones, luego no te puede atender porque quieren priorizarse o porque su trabajo no se lo permite”, defiende. En su caso, pudo conciliar la exigencia del rodaje gracias a los esfuerzos de la productora que, asegura, puso todas las facilidades para que el mensaje de la serie se llevará a la práctica, pero sobre todo a su propia madre que se volcó en el cuidado de su hijo.“Ha sido un proceso muy intenso, de mucha entrega y cuando te entregas tanto esperas que ese esfuerzo sirva, que llegue”. Y así ha sido, su Instagram ahora de mensajes de agradecimiento. “Me escriben muchas madres, una comunidad de Lauras: madres jodidas que lo han pasado mal, pero también madres que no tienen nada que ver y se sienten identificadas con su soledad. No hace falta haber tomado drogas, salir de fiesta, ni ser tan trash como Laura para sentir empatía. Aunque la maternidad es muy solitaria, por lo menos sientes que hay muchas mujeres solas igual que tú ”, matiza. Las alegrías que le regaló aquella sacrosanta crisis maternal no han hecho más que empezar, pero Boga no quiere entusiasmarse, prefiere seguir aferrada a esa inconsciencia suya: “No tengo miedo al futuro, precisamente porque no tengo ningún objetivo absoluto”.