Se veían en bancos de los parques y en terrazas de bares, como en las películas; dejaban tarjetas de memoria en un escondite convenido en la ranura de un muro; metían los móviles en el microondas para hablar sin ser escuchados; y a cambio de información confidencial, un oficial ruso entregaba a su confidente italiano sobres con 4.000 euros. Esta semana ha estallado una historia de espías en Italia que ya se ha convertido en un choque diplomático: el Gobierno italiano ha anunciado este jueves la expulsión de dos agregados militares de la Embajada de Rusia en Roma, Ivan Petrovich Gorbachov y Mijail Vasilievich Astakhov, a quienes acusa de espionaje. El Ministerio de Asuntos Exteriores ruso ya ha advertido que responderá con medidas similares contra el personal diplomático italiano en Moscú.El ministro de Asuntos Exteriores italiano, Antonio Tajani, ha informado a mediodía de que ha comunicado al embajador ruso que los dos acusados “deben abandonar Roma en un plazo de tres días”. ”Moscú sigue utilizando su armamento híbrido para atacar a Occidente e Italia. Esto constituye una injerencia grave e inaceptable en las instituciones italianas y en la seguridad nacional”, ha afirmado. La decisión del Ejecutivo italiano se veía venir, pues sigue a una investigación de la Fiscalía de Roma que salió a la luz el martes y llevó al arresto de dos exfuncionarios de inteligencia italiana ya jubilados, Gavino Raoul Piras y Vincenzo Di Pasquale, ambos de 59 años. Están acusados de pasar información a agentes rusos a cambio de dinero, al menos desde 2013. Dejaron los servicios secretos hace más de diez años, pero como ha quedado en evidencia, aún mantienen contactos y manejan información relevante. Otros cinco militares del departamento informático del Ministerio de Defensa que estaban aún en activo, hasta ahora, también están bajo investigación. Todos están acusados de espionaje político y militar y revelación de información clasificada, en una operación de contraespionaje que comenzó en mayo de 2025.Los encuentros de intercambio de información eran entre Piras y Astakhov, y se han documentado al menos cuatro, con fotos, vídeos y grabaciones de sus conversaciones con todo lujo de detalles. La gravedad del asunto se mezcla con cierto aire de vodevil, pues el informador italiano se queja en un momento a su colega ruso de que le pagan poco: “No me llega el dinero ni para un café”. “Antes al menos me invitabais a comer. Ya me he hartado. Yo puedo bajar el precio hasta un cierto punto, pero sois unos muertos de hambre”, reprocha a su interlocutor, a quien le recuerda que muchas veces ha adelantado gastos de su bolsillo. Pero la cuestión es seria. Los confidentes italianos supuestamente desvelaron nombres de al menos cinco agentes de su país, con riesgo para su vida; datos de tecnología y sistemas de defensa, tanto de Italia como de la OTAN; y sobre el armamento enviado a Ucrania.“Están por todas partes”, dice el ministro de DefensaEl ministro italiano de Defensa, Guido Crosetto, ha sido muy directo en sus valoraciones. “Este asunto es la punta de un iceberg gigantesco, hecho de enemigos externos y traidores internos dispuestos a vender su nación”, ha dicho. En su opinión, los espías rusos “están por todas partes”. “No estoy nada sorprendido porque desde hace años pongo en guardia sobre el riesgo de penetración. Basta hacer un análisis de bots para darse cuenta. El aumento ha sido con las redes sociales”.Astakhov, oficial del GRU, los servicios secretos militares rusos, es el protagonista de las diligencias de la Fiscalía de Roma, como interlocutor directo de Gavino Raoul Piras. La investigación de la unidad de operaciones especiales de los Carabinieri, el ROS (Raggruppamento Operativo Speciale), ha encontrado en el registro de la casa de Piras un papel entregado por el oficial ruso que es una especie de lista de la compra de los asuntos que interesan a los servicios secretos de Moscú: información sobre los ataques de EE UU a las instalaciones nucleares iraníes; los planes de rearme de Italia, de la UE y la OTAN; el programa de compra de misiles de largo alcance Storm Shadow-Scalp, entre otros. En una de las conversaciones grabadas, Piras revela a su confidente el interés de Italia por el carro armado ruso T-90 Vladimir: “Están detrás de él, pero no consiguen entender la ametralladora que tiene encima, cómo se mueve autónomamente; si consiguen robaros el secreto, os lo roban”. Astakhov también le pregunta por un nuevo sistema naval sin tripulación que Italia está probando en el puerto militar de La Spezia. Su último encuentro, según el auto, fue en la propia casa de Piras, que le entregó información reservada en una tarjeta de memoria. El militar ruso le preguntó si habría otras personas dispuestas a dar información y Piras respondió: “Claro, basta pagar”. El principal acusado en Italia, Gavino Raoul Piras, se ha declarado inocente porque, según su abogado, “es un servidor del Estado y está convencido de que puede demostrar la corrección de su conducta”. Sostiene que la información que manejaba no era clasificada, se dedicaba a análisis de inteligencia independiente y obtenía la información solo de fuentes abiertas.No es la primera vez que un asunto de espionaje desata un choque diplomático entre Italia y Rusia. En 2021, fue arrestado el oficial de la Marina italiana Walter Biot mientras entregaba documentos clasificados a un oficial ruso a cambio de 5.000 euros. Fue condenado a 20 años de cárcel por espionaje, confirmados el pasados mayo por el Tribunal de la Casación, equivalente al Supremo en Italia, pena que se ha sumado a la anterior de 29 años de un tribunal militar. Entonces, Italia también expulsó a dos funcionarios de la embajada rusa y Moscú respondió con una medida similar.