El equipo, formado en torno al jugador de 39 a�os, depende de la posesi�n controlada del bal�n.A sus 39 a�os, Leo Messi pasa la mayor parte del partido caminando o parado, mientras sus compa�eros argentinos intercambian pacientemente pases cortos, esperando su se�al. Cuando arranca, significa que ve una oportunidad de gol y quiere el bal�n. Contra Cabo Verde el viernes de la semana pasada en Miami, la nueva ciudad de residencia de Messi, el central Lisandro Mart�nez le lanz� el bal�n desde 40 metros. Para cualquier otro futbolista, ese remate habr�a sido, en el mejor de los casos, una oportunidad del 25% de marcar gol. Para Messi era rutina: un toque para controlar, y otro para picar el bal�n por encima del guardameta Vozinha y marcar su s�ptimo gol en cuatro partidos en este torneo.Argentina aspira a ser el primer campe�n del mundo que revalida el t�tulo desde Brasil en 1962.Tienen el camino m�s f�cil hacia la final, comenzando con el partido de octavos de final contra Egipto en Atlanta el 7 de julio, que ganaron 3-2, sumando otro gol al total de Messi en el torneo. Esta es, sin duda, la �ltima versi�n de Messi con la camiseta blanquiazul. �Qu� forma adoptar�?No esperaba estar aqu�. Tras ganar la semifinal en Catar en 2022, a los 35 a�os, declar�: "Estoy muy feliz de terminar mi trayectoria en los Mundiales en una final, de jugar el �ltimo partido en una final". La victoria sobre Francia parec�a el final predestinado. Por fin, hab�a estado a la altura del legado imponente de Diego Armando Maradona, quien en 1986 le dio a Argentina un Mundial pr�cticamente �l solo. Meses despu�s, Messi se incorpor� al Inter de Miami, en el cementerio de elefantes de la Major League Soccer estadounidense, para relajarse tras casi 20 a�os de f�tbol profesional. Pero, para su propia sorpresa, su talento no se apag�.Messi rara vez habla, pero me hice una idea de c�mo es al entrevistar a sus compa�eros, entrenadores y directivos del F.C. Barcelona para mi libro sobre el club. Muchos parec�an tenerle miedo, porque ejerc�a un poder enorme en el Barcelona. Ante cada decisi�n importante —como qu� entrenador contratar o qu� jugador fichar—, los supuestos responsables se preguntaban: "�Qu� quiere Leo?". Si no estaba contento, lo hac�a saber, m�s con miradas y gestos de enfado que con palabras. El Bar�a, al igual que Argentina, giraba en torno a sus deseos. A cambio, Messi sent�a la obligaci�n de cumplir. Sobre todo con Argentina, asum�a la responsabilidad de los resultados. Tal era la carga que a veces vomitaba por el estr�s antes de los partidos.Hoy, juega sin presi�n, sin nada que demostrar. Dice: "Dios me ha dado demasiado, ahora s�lo me queda disfrutar". El Mundial es su torneo. Domina sus r�cords, incluyendo el m�ximo n�mero de goles (21), asistencias, ocasiones creadas y minutos jugados. Casi todos los hinchas argentinos en Miami llevaban "Messi" en la espalda de su camiseta.Ahora expresa sus emociones, algo muy inusual en �l. Se ech� a re�r a carcajadas cuando los agentes de seguridad que registraban a la selecci�n argentina en la pista del aeropuerto encontraron las pinzas de barbacoa de su compa�ero Cristian Romero. Contra Argelia llor� en el campo, quiz�s por su padre enfermo, y pisote� con su caracter�stica precisi�n el gemelo de un rival. Ni siquiera le sacaron tarjeta, porque el f�tbol tiene reglas especiales para Messi —que le permiten, por ejemplo, reclamar tiros libres siempre que juzgue que le han hecho falta—.Se siente libre tambi�n porque hoy en d�a Argentina juega como �l quiere. Cada vez que sale al campo, ambos equipos tienen una "estrategia Messi": su equipo para desatarlo, el rival para detenerlo. Argentina se equivoc� con la suya durante a�os. Recuerdo a un entrenador argentino explic�ndomela en el bar de un hotel parisino. Meses despu�s, cay� a mitad del Mundial.Cuando Lionel Scaloni se convirti� en el seleccionador argentino en 2018, al principio quer�a que la Albiceleste jugase m�s r�pido, como los europeos. Pero a Messi no le gust�. Para entender su f�tbol ideal, basta con ver sus discursos previos al partido en el Barcelona, que se muestran en la serie documental de Rakuten TV. Antes del pitido inicial, tras la charla del entrenador, Messi a�ad�a unas �ltimas palabras con su caracter�stico tono mon�tono, generalmente pidiendo calma. Por ejemplo: "Tranquilos, como siempre, sin perder la cabeza. No demasiado r�pido". Jugando contra el Liverpool en casa en 2019, advirti� contra el juego "de ida y vuelta", como quer�a el Liverpool: "Si tenemos el control, ser� otra historia".El juego de Argentina ahora se basa en la posesi�n controlada. Su segundo entrenador, Mat�as Manna, quien tambi�n es novelista, afirma que el estilo argentino es "el pase corto... unirse para tocar el bal�n, el toque argentino, sin imitar el modelo europeo". En 2022, me dijo que era "europeizante" descartar ese estilo como obsoleto.As�, Argentina teje pases intrincados en el medio del campo, y casi nunca intentan centros o contraataques r�pidos.Messi se mueve a su antojo, a veces retrocede para crear juego, a veces se queda en la banda derecha, siempre buscando terminar justo fuera del �rea de penalti. Ah� es donde se dirigen los ataques argentinos. Los jugadores de las bandas funcionan principalmente como se�uelos, atrayendo a los rivales lejos del territorio de Messi en el centro.Ha perdido su aceleraci�n y rara vez regatea. En su lugar, se ha convertido en lo que su rival portugu�s Cristiano Ronaldo, de 41 a�os, sue�a con ser: un goleador infalible.Sin embargo, Argentina tuvo grandes dificultades para vencer a la peque�a Cabo Verde por 3-2. Su "Messidependencia" es extrema. Jugar sin velocidad es una debilidad. Defienden mal, casi nunca presionan y rara vez incomodan al rival cuando tiene el bal�n. Si un hombre de 39 a�os puede ganarles otra Copa Mundial, podr�a ser la haza�a individual m�s extraordinaria de la historia del torneo.� The Financial Times Limited [2026]. Todos los derechos reservados. FT y Financial Times son marcas registradas de Financial Times Limited. Queda prohibida la redistribuci�n, copia o modificaci�n. EXPANSI�N es el �nico responsable de esta traducci�n y Financial Times Limited no se hace responsable de la exactitud de la misma.