La monogamia de por vida en el reino animal es una excepción y aparece en especies como el lobo ártico y algunos agapornis africanos (Imagen Ilustrativa Infobae)En el mundo animal, la monogamia de por vida suele asociarse a especies que presentan vínculos estables. Un ejemplo es el lobo ártico, donde la pareja dominante permanece unida durante toda su existencia. Los agapornis africanos también muestran este comportamiento: eligen un solo compañero, se alimentan juntos y manifiestan angustia si se separan. Estas conductas no representan la norma en el reino animal.La mayoría de las aves practica la llamada monogamia social, pero rara vez mantiene la misma pareja año tras año. Solo algunos loros, cisnes, águilas y albatros se emparejan de por vida. Entre los mamíferos, la fidelidad permanente es aún menos común y, en otros grupos animales, prácticamente una rareza. Bart Kempenaers —director de Ornitología en el Max Planck Institute— resalta que la monogamia verdadera es, en realidad, la excepción.PUBLICIDADEn mamíferos como lobos, coyotes y zorros, la fidelidad de pareja se vincula con la caza, la defensa territorial y el cuidado de las crías
(Imagen Ilustrativa Infobae)Bart Kempenaers explica que la monogamia social en aves está vinculada al beneficio de la cooperación parental. Cuando ambos progenitores colaboran, la experiencia y la coordinación mejoran la supervivencia de las crías. Especies como los cardenales mantienen su unión incluso fuera de la época de cría, defendiendo juntos su territorio. Esta colaboración genera ventajas evolutivas claras para la pareja y su descendencia.En mamíferos como lobos, coyotes y zorros, el trabajo conjunto incluye la caza y la defensa territorial, además del cuidado de las crías. Los castores y nutrias colaboran en tareas como la construcción de presas y refugios. En los peces ángel franceses, la pareja patrulla su zona de alimentación siempre unida, aunque no cuida a los jóvenes. La monogamia permite dividir tareas, optimizar recursos y mejorar la supervivencia.PUBLICIDADLa longevidad y la fidelidad al sitio de anidación aumentan las chances de que aves como los albatros mantengan vínculos de pareja duraderos (EFE/ Ronald Wittek)La longevidad es un factor en la fidelidad de pareja, según Bart Kempenaers. Las aves grandes y longevas, como los albatros, tienen más posibilidades de permanecer con la misma pareja durante varias temporadas. Un albatros puede vivir más de 50 años, mientras que aves pequeñas como los carboneros rara vez superan los tres años. La supervivencia de ambos miembros es esencial para consolidar vínculos duraderos.La capacidad de reencontrarse es también determinante: las especies que permanecen juntas todo el año o que regresan al mismo sitio de anidación tienden a mantener la pareja. Este fenómeno, llamado fidelidad al sitio, facilita que los mismos ejemplares se reúnan cada año. Por el contrario, las aves pequeñas enfrentan más depredadores y tienen menos oportunidades.PUBLICIDADEn aves migratorias, la ruptura de parejas monógamas ocurre cuando un integrante no regresa a tiempo y la temporada reproductiva obliga a buscar otro compañero (Captura)El término “divorcio” se utiliza para describir la ruptura de parejas en especies monógamas, aunque no implica siempre una decisión consciente. En aves migratorias como grullas y cisnes, la pareja suele viajar y reproducirse en familia, fortaleciendo el lazo. No obstante, en la mayoría de las aves migratorias, cada miembro viaja por separado y puede formar una nueva pareja si su antiguo compañero no regresa a tiempo.Bart Kempenaers señala que este comportamiento responde a la urgencia de aprovechar la temporada reproductiva. Si el primer integrante que llega se encuentra solo, suele buscar otro compañero en vez de esperar indefinidamente. Un estudio con cisnes mudos mostró que la “tasa de divorcio” se triplica en parejas que no logran criar con éxito. La presión reproductiva prima sobre la fidelidad estricta.PUBLICIDADLa monogamia social no implica exclusividad sexual y en los cisnes negros hasta el 40 % de los nidos contiene al menos un polluelo de otro macho La monogamia social no siempre equivale a exclusividad sexual entre los miembros de la pareja. Muchas aves y algunos mamíferos mantienen un vínculo estable, pero pueden tener descendencia con otros individuos. Bart Kempenaers documenta que, en ocasiones, el padre social cría polluelos que no son genéticamente suyos. En los cisnes negros, hasta el 40 % de los nidos contienen al menos un polluelo de otro macho.Los motivos de esta conducta varían según el sexo y la especie. Los machos buscan aumentar el número de descendientes, mientras que las hembras pueden asegurarse así la viabilidad genética si su pareja resulta infértil. En especies como el herrerillo común, las hembras reciben ayuda adicional de otros machos, favoreciendo la supervivencia de sus crías. La infidelidad puede aportar beneficios evolutivos inesperados.PUBLICIDADUn estudio de 2023 sobre el long-billed dowitcher en Alaska mostró que la separación invernal de machos y hembras impide el reencuentro y favorece el cambio de pareja (Pixabay)Bart Kempenaers reconoce que muchas preguntas sobre la cooperación y el apareamiento en animales siguen sin respuesta. No está del todo claro por qué algunos sistemas evolutivos favorecen la monogamia estricta, mientras que otros promueven el cambio de pareja. El caso del long-billed dowitcher en Alaska resulta desconcertante: a pesar de practicar la monogamia social y compartir el cuidado de los huevos, cada año elige una nueva pareja y un nuevo sitio para anidar.El estudio, con ayuda de rastreadores satelitales, mostró que las hembras abandonan antes la zona de cría y pasan el invierno en lugares distintos a los machos. Esta separación física impide el reencuentro y explica el cambio constante de compañero. Sin embargo, la razón evolutiva detrás de esta estrategia, en contraste con otras aves del mismo entorno, sigue siendo un misterio para la ciencia.PUBLICIDAD







