«La paz es mucho más que la ausencia de guerra; es una virtud, un estado de ánimo, una disposición hacia la benevolencia, la confianza y la justicia.» Baruch Spinoza Hay preguntas que trascienden a quienes las formulan. Se convierten en asuntos de Estado porque su respuesta define el nivel de confianza que puede existir entre gobiernos. La planteada esta semana por la presidenta Claudia Sheinbaum pertenece a esa categoría. La interrogante surgió después de presentar una secuencia cronológica que merece revisarse con atención. El 5 de enero de 2023, Ovidio Guzmán fue detenido por fuerzas mexicanas en Jesús María, Sinaloa, durante un operativo en el que perdieron la vida 10 elementos del Ejército Mexicano. Meses después, el 15 de septiembre de ese mismo año, el Gobierno de México lo extraditó a Estados Unidos conforme a los procedimientos previstos entre ambos países. El siguiente episodio ocurrió el 25 de julio de 2024. Ese día una aeronave aterrizó en Santa Teresa, Nuevo México, con Joaquín Guzmán López e Ismael “El Mayo” Zambada a bordo. Ambos fueron detenidos por autoridades estadounidenses. Desde el primer momento surgió una pregunta inevitable: ¿participó alguna agencia de Estados Unidos en una operación desarrollada desde territorio mexicano? 6 días después, el 31 de julio, el Gobierno de México solicitó formalmente información a la Embajada de Estados Unidos. La respuesta llegó el 9 de agosto. El entonces embajador Ken Salazar aseguró públicamente que ninguna agencia estadounidense había participado en el operativo. Durante casi dos años esa fue la versión oficial. El escenario cambió el 2 de julio de 2026. Una investigación periodística de Pie de Nota reveló que la aeronave utilizada para trasladar a Zambada forma parte de una exhibición en Estados Unidos donde el FBI presenta esa misión como una operación realizada por sus agentes. El reportaje incorpora imágenes del avión, documentos internos y referencias a la descripción institucional de esa agencia sobre un operativo considerado histórico. El contraste resulta evidente. En agosto de 2024 se afirmó que ninguna agencia estadounidense intervino. En julio de 2026 aparece una exhibición institucional en la que el FBI atribuye a sus agentes un papel relevante en esa operación. Al menos una de las dos versiones requiere una explicación que permita reconciliar los hechos conocidos. Por ello, la pregunta formulada por la presidenta adquiere especial relevancia: ¿quién mintió? La respuesta es importa porque, de confirmarse una intervención de una agencia estadounidense en territorio mexicano o mediante mecanismos no informados al Estado mexicano, surgirían interrogantes jurídicas y diplomáticas sobre el respeto a la soberanía nacional y sobre los compromisos internacionales que regulan la cooperación bilateral en materia de seguridad. Del mismo modo, si la explicación demuestra que ambas versiones describían momentos distintos de la operación, también sería indispensable conocerlo para disipar cualquier duda. La pregunta planteada por la presidenta busca algo más profundo que señalar responsabilidades individuales. Las versiones oficiales representan la palabra de las instituciones. Cuando esa palabra pierde consistencia, también se debilita la confianza que sostiene la cooperación entre dos gobiernos llamados a trabajar de manera permanente. Más de tres mil kilómetros de frontera convierten a México y Estados Unidos en socios permanentes. Esa realidad demanda respeto recíproco, instituciones que hablen con claridad y gobiernos capaces de sostener la credibilidad de sus decisiones. Quizá la pregunta ya no sea únicamente quién mintió. La verdadera pregunta es si dos naciones llamadas a cooperar de manera permanente pueden construir una estrategia común cuando un episodio de esta magnitud sigue rodeado de versiones que requieren ser aclaradas. La confianza entre los Estados no se sostiene sobre silencios ni sobre dudas persistentes; se construye con transparencia, responsabilidad y verdad. Solo así la cooperación bilateral podrá descansar sobre bases firmes para las nuevas generaciones. Únete a nuestro canal
¿Quién mintió? , escribe Jorge Gaviño
«La paz es mucho más que la ausencia de guerra; es una virtud, un estado de ánimo, una disposición hacia la benevolencia, la confianza y la justicia.» Baruch Spinoza Hay preguntas que trascienden a quienes las formulan. Se convierten en asuntos de Estado porque su respuesta define el nivel de confianza que puede existir entre gobiernos. La planteada esta semana por la presidenta Claudia Sheinbaum pertenece a esa categoría. La interrogante surgió después de presentar una secuencia cronológica que merece revisarse con atención. El 5 de enero de 2023, Ovidio Guzmán fue detenido por fuerzas mexicanas en Jesús María, Sinaloa, durante un operativo en el que perdieron la vida 10 elementos del Ejército Mexicano. Meses después, el 15 de septiembre de ese mismo año, el Gobierno de México lo extraditó a Estados Unidos conforme a los procedimientos previstos entre ambos países. El siguiente episodio ocurrió el 25 de julio de 2024. Ese día una aeronave aterrizó en Santa Teresa, Nuevo México, con Joaquín Guzmán López e Ismael “El Mayo” Zambada a bordo. Ambos fueron detenidos por autoridades estadounidenses. Desde el primer momento surgió una pregunta inevitable: ¿participó alguna agencia de Estados Unidos en una operación desarrollada desde territorio mexicano? 6 días después, el 31 de julio, el Gobierno de México solicitó formalmente información a la Embajada de Estados Unidos. La respuesta llegó el 9 de agosto. El entonces embajador Ken Salazar aseguró públicamente que ninguna agencia estadounidense había participado en el operativo. Durante casi dos años esa fue la versión oficial. El escenario cambió el 2 de julio de 2026. Una investigación periodística de Pie de Nota reveló que la aeronave utilizada para trasladar a Zambada forma parte de una exhibición en Estados Unidos donde el FBI presenta esa misión como una operación realizada por sus agentes. El reportaje incorpora imágenes del avión, documentos internos y referencias a la descripción institucional de esa agencia sobre un operativo considerado histórico. El contraste resulta evidente. En agosto de 2024 se afirmó que ninguna agencia estadounidense intervino. En julio de 2026 aparece una exhibición institucional en la que el FBI atribuye a sus agentes un papel relevante en esa operación. Al menos una de las dos versiones requiere una explicación que permita reconciliar los hechos conocidos. Por ello, la pregunta formulada por la presidenta adquiere especial relevancia: ¿quién mintió? La respuesta es importa porque, de confirmarse una intervención de una agencia estadounidense en territorio mexicano o mediante mecanismos no informados al Estado mexicano, surgirían interrogantes jurídicas y diplomáticas sobre el respeto a la soberanía nacional y sobre los compromisos internacionales que regulan la cooperación bilateral en materia de seguridad. Del mismo modo, si la explicación demuestra que ambas versiones describían momentos distintos de la operación, también sería indispensable conocerlo para disipar cualquier duda. La pregunta planteada por la presidenta busca algo más profundo que señalar responsabilidades individuales. Las versiones oficiales representan la palabra de las instituciones. Cuando esa palabra pierde consistencia, también se debilita la confianza que sostiene la cooperación entre dos gobiernos llamados a trabajar de manera permanente. Más de tres mil kilómetros de frontera convierten a México y Estados Unidos en socios permanentes. Esa realidad demanda respeto recíproco, instituciones que hablen con claridad y gobiernos capaces de sostener la credibilidad de sus decisiones. Quizá la pregunta ya no sea únicamente quién mintió. La verdadera pregunta es si dos naciones llamadas a cooperar de manera permanente pueden construir una estrategia común cuando un episodio de esta magnitud sigue rodeado de versiones que requieren ser aclaradas. La confianza entre los Estados no se sostiene sobre silencios ni sobre dudas persistentes; se construye con transparencia, responsabilidad y verdad. Solo así la cooperación bilateral podrá descansar sobre bases firmes para las nuevas generaciones. Únete a nuestro canal















