Éxodo jurisdiccional. Contra sus probables propósitos, la cronología presentada ayer por la secretaria de Gobernación conduce a tres conclusiones: a) que el régimen mexicano sigue empeñado —insuficientemente— en mostrar un cambio, de los abrazos al crimen, de su antecesor, a la persecución de algunos líderes criminales requeridos por Washington; b) pero que no hay disposición a entregar a las contrapartes del poder criminal en el poder político, y 3) que igual que muchos particulares están optando por fincar la solución de sus controversias en tribunales extranjeros, los delincuentes también muestran preferencia por ser juzgados en cortes estadounidenses y no en los escombros de las fiscalías y del poder judicial en que el régimen ha dejado el sistema de justicia de México. Parece una suerte de éxodo jurisdiccional a punto de abrir una nueva vertiente a la migración mexicana. Violación de expectativas. En la mañanera de ayer, el régimen violó las expectativas generadas por los anuncios de la presidenta. La secretaria de Gobernación no reveló algo nuevo, como sugerían los anuncios presidenciales sobre el traslado, hace dos años, del Mayo Zambada a una prisión de Estados Unidos. Y tampoco dio a conocer algo diferente a lo que se sabe del sistema —legal— de investigación de delitos en Estados Unidos, incluyendo el intercambio de confesiones y delaciones por beneficios procesales y de derechos a la seguridad y la salud. A esperar la serie o la peli. Respecto del caso Zambada, dos años después del vuelo de Sinaloa a Nuevo México, el FBI ya exhibe, en una exposición, la nave en que trasladaron al capo, y es hora de que el régimen mexicano no se da por enterado y sigue pidiéndole informes a EU. Seguro vendrá una serie o una peli sobre el operativo antes de lo que aquí se suman los hechos. A salvo, el Mayo y sus cómplices. Ayer dio frutos la insistencia del expresidente López Obrador y de la presidenta Sheinbaum en declararse ajenos, en descalificar y en condenar ese traslado, al extremo de escudar la impunidad del capo con la soberanía nacional. Quizás, el temor de que ayer se anunciara que el Mayo iría a juicio a exhibir sus alianzas con el régimen, llevó al régimen presentar, ayer mismo, en la mañanera, las no revelaciones del régimen. Pero amor con amor se paga y el Mayo no delatará a sus cómplices del poder político: se declaró culpable y aceptó cadena perpetua en la corte de Brooklyn. Aparentemente bastó su confesión para obtener lo que buscaba: evitar ser enviado a una prisión de máxima seguridad y contar con buena atención médica. Conciliados con el sistema. Respecto de las revelaciones anunciadas sobre acuerdos del gobierno de Estados Unidos con criminales, el régimen mexicano aplaudió ese sistema acusatorio cuando se trató de condenar a García Luna, secretario de seguridad de Calderón. Y será difícil encontrar mexicanos que no estén familiarizados —e incluso conciliados— con esos métodos de investigación, ya sea por la propaganda diaria que le dispensó López Obrador al juicio en que se aplicaron contra su enemigo, o ya sea por la cantidad de películas y series estadounidenses de ese género que hemos consumido en nuestro país.Nada que ver. Pero nada que ver con el cotejo que pretendió trazar la secretaria Rosa Icela Rodríguez de ese sistema acusatorio, que permite la negociación con los acusados, con la fusión de poder político y poder criminal de la que se acusa a exponentes del régimen protegidos en su impunidad por este gobierno. Académico de la UNAMÚnete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.
Tres efectos no deseados de la mañanera de ayer, escribe José Carreño Carlón
Éxodo jurisdiccional. Contra sus probables propósitos, la cronología presentada ayer por la secretaria de Gobernación conduce a tres conclusiones: a) que el régimen mexicano sigue empeñado —insuficientemente— en mostrar un cambio, de los abrazos al crimen, de su antecesor, a la persecución de algunos líderes criminales requeridos por Washington; b) pero que no hay disposición a entregar a las contrapartes del poder criminal en el poder político, y 3) que igual que muchos particulares están optando por fincar la solución de sus controversias en tribunales extranjeros, los delincuentes también muestran preferencia por ser juzgados en cortes estadounidenses y no en los escombros de las fiscalías y del poder judicial en que el régimen ha dejado el sistema de justicia de México. Parece una suerte de éxodo jurisdiccional a punto de abrir una nueva vertiente a la migración mexicana. Violación de expectativas. En la mañanera de ayer, el régimen violó las expectativas generadas por los anuncios de la presidenta. La secretaria de Gobernación no reveló algo nuevo, como sugerían los anuncios presidenciales sobre el traslado, hace dos años, del Mayo Zambada a una prisión de Estados Unidos. Y tampoco dio a conocer algo diferente a lo que se sabe del sistema —legal— de investigación de delitos en Estados Unidos, incluyendo el intercambio de confesiones y delaciones por beneficios procesales y de derechos a la seguridad y la salud. A esperar la serie o la peli. Respecto del caso Zambada, dos años después del vuelo de Sinaloa a Nuevo México, el FBI ya exhibe, en una exposición, la nave en que trasladaron al capo, y es hora de que el régimen mexicano no se da por enterado y sigue pidiéndole informes a EU. Seguro vendrá una serie o una peli sobre el operativo antes de lo que aquí se suman los hechos. A salvo, el Mayo y sus cómplices. Ayer dio frutos la insistencia del expresidente López Obrador y de la presidenta Sheinbaum en declararse ajenos, en descalificar y en condenar ese traslado, al extremo de escudar la impunidad del capo con la soberanía nacional. Quizás, el temor de que ayer se anunciara que el Mayo iría a juicio a exhibir sus alianzas con el régimen, llevó al régimen presentar, ayer mismo, en la mañanera, las no revelaciones del régimen. Pero amor con amor se paga y el Mayo no delatará a sus cómplices del poder político: se declaró culpable y aceptó cadena perpetua en la corte de Brooklyn. Aparentemente bastó su confesión para obtener lo que buscaba: evitar ser enviado a una prisión de máxima seguridad y contar con buena atención médica. Conciliados con el sistema. Respecto de las revelaciones anunciadas sobre acuerdos del gobierno de Estados Unidos con criminales, el régimen mexicano aplaudió ese sistema acusatorio cuando se trató de condenar a García Luna, secretario de seguridad de Calderón. Y será difícil encontrar mexicanos que no estén familiarizados —e incluso conciliados— con esos métodos de investigación, ya sea por la propaganda diaria que le dispensó López Obrador al juicio en que se aplicaron contra su enemigo, o ya sea por la cantidad de películas y series estadounidenses de ese género que hemos consumido en nuestro país.Nada que ver. Pero nada que ver con el cotejo que pretendió trazar la secretaria Rosa Icela Rodríguez de ese sistema acusatorio, que permite la negociación con los acusados, con la fusión de poder político y poder criminal de la que se acusa a exponentes del régimen protegidos en su impunidad por este gobierno. Académico de la UNAMÚnete a nuestro canal ¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.







