Pocos museos se atreven a poner un Picasso al lado de un Brueghel el Viejo. Ni un par de Goyas frente a un Fra Ang�lico. Muchos menos, tal vez ninguno, pueda presumir de haberlos a�adido a sus colecciones (junto con miles de obras maestras m�s) en los �ltimos 25 a�os. El Museo del Prado saca m�sculo en su �ltima exposici�n temporal, Prado. Siglo XXI. Pinturas, esculturas, miniaturas, fotograf�as, estampas, dibujos, libros, documentos variados, materiales audiovisuales y recursos expositivos hasta un centenar de piezas, que relatan los retos superados por la instituci�n madrile�a para convertirse en uno de los gigantes del panorama cultural internacional.En esta expo el protagonista no es un pintor, una escuela o una tem�tica determinados, el protagonista es el propio museo y el camino que ha seguido en este tercer milenio. "Los directores de otros museos me preguntan si seguimos adquiriendo obras y se sorprenden cuando les digo que s�. La pregunta refleja la idea extendida de que este museo es algo concluido y cerrado, pero no es verdad. Estamos en continua evoluci�n", se�al� en la presentaci�n Miguel Falomir, director del Prado.Alfonso Palacio, director adjunto de Conservaci�n e Investigaci�n y comisario de la muestra, junto a Elena Cenalmor, redunda en la idea al tiempo que desecha la etiqueta de enfermo cr�nico que colgaba a las puertas del Museo del Prado a finales del siglo XX. Ambos se�alan que fue decisiva la ley de autonom�a del Prado de 2003, acordada por todos los grupos parlamentarios y otorg� a la instituci�n autonom�a, independencia y capacidad de financiaci�n. Fue el despegue que la ha llevado a una actualidad resaltada por cifras que casi nublan el entendimiento.'El vino de la fiesta de San Mart�n', de Pieter Bruegel el Viejo (1566-67).MUSEO DEL PRADOEn este periodo el Prado ha incorporado 14.203 nuevas piezas a su colecci�n. Ha realizado m�s de 350 exposiciones temporales, publicado 350 libros y 330 cat�logos. Se han restaurado m�s de 6000 obras. Su web tiene m�s de siete millones de visitas anuales y en 2025 lo visitaron 3,5 millones de personas. "Solo cerramos tres d�as al a�o y nuestros horarios son de los m�s prolongados del mundo", subraya Falom�n.Puertas afuera, entre las nutridas colas de visitantes y el tumulto de turistas el cronista bracea para acceder a la presentaci�n. Ya dentro del templo madrile�o del arte, la marea se dirige a rendir vasallaje y lamentarse de no poder tirarse un selfi (en el Prado no dejan hacer fotos) ante los bestseller del lugar: Las Meninas de Vel�zquez y El Jard�n de las Delicias de El Bosco.Con esta muestra el Prado quiere desbrozar esta corriente, ense�ar que dentro de sus muros hay otras cosas no menos interesantes. Junto a las obras adquiridas, gu�a al p�blico por senderos desapercibidos. Abre la muestra una maqueta del Campus del Prado, el conjunto de edificios que se culminar� en 2028 con la apertura del Sal�n de Reinos. M�s adelante, un expositor esquinero muestra la evoluci�n de las cartelas que acompa�an a las piezas. Junto a las venerables tablillas de madera, pintadas a mano hace 200 a�os, lucen las contempor�neas, escritas en dos idiomas hace un par de semanas con impresora l�ser.'Vuelo de brujas', de Francisco de Goya (1798).MUSEO DEL PRADOEn otra esquina, como una obra de arte m�s, un termohidr�grafo. Los m�s veteranos recordar�n estos aparatos que registraban temperatura y humedad de las salas hasta finales del siglo XX. Se han sustituido por una red invisible de sondas y un sistema de climatizaci�n integral. Ahora hay l�mparas led en lugar de las hal�genas, y una nueva decoraci�n de paredes que ha ocupado los tejidos adamascados que dise�� Torner. Dep�sito inagotable de obras maestras de la pintura universal, a partir de ellas el Prado se ha actualizado y crecido cient�fica, cultural, art�stica, econ�mica y socialmente.La secci�n Nuevas l�neas de enriquecimiento para una colecci�n en evoluci�n acoge miniaturas y fotograf�as, no demasiado atendidas hasta ahora. Y al fin, espacio para las mujeres. Presentes a lo largo de la muestra, la Roldana, Mar�a Blanchard, Rosa Bonheur, Sofonisba Anguissola y Rosario Weiss, salen de su secular invisibilidad y ense�an su poder�o.Lejos de la idea primigenia de espacio silente de contemplaci�n que tanto tiempo lo ha acompa�ado, hoy el Prado rebosa vitalidad. Junto a las obras maestras, aqu� se muestran las tripas de la instituci�n. Los mecanismos internos que la han convertido en centro educativo, crisol de investigaci�n, para�so de conservaci�n, plataforma editorial y platea p�blica cultural. M�s all� de las salas atestadas de visitantes, nos ense�a el papel que juegan sus talleres, despachos, almacenes, aulas y biblioteca. Nuevos m�todos de trabajo, radicales planteamientos expositivos, intensa relaci�n con la sociedad son los palos que aqu� se tocan.La bolo�esa (La boulonnaise), de Mar�a Blanchard (1922-23), adquirido por el Prado con fondos del legado de Carmen S�nchez Garc�a, en 2021.MUSEO DEL PRADO"El Prado ser� lo que los visitantes quieran", concluye Falomir a la pregunta de hacia d�nde camina la instituci�n que comanda. El final de la muestra apuntala la respuesta. Gui�o con el que el Prado se sumerge en las redes sociales, en colaboraci�n con Samsung, propone la experiencia de hacerse un photocall con el fondo de la pintura que se elija.Din�mico y complejo, su maquinaria se muestra engrasada y �vida de cabalgar sobre los tiempos que corren. Esta exposici�n ense�a el camino que ha recorrido el Prado los �ltimos 25 a�os. Estrella Polar del descollante firmamento de arte y cultura que es el Paisaje de la Luz, su brillo seguir� marcando el norte mucho tiempo.
Y el Museo del Prado sac� pecho de s� mismo: de c�mo en 25 a�os mud� de 'enfermo cr�nico' a dep�sito inagotable de obras maestras de la pintura universal
Pocos museos se atreven a poner un Picasso al lado de un Brueghel el Viejo. Ni un par de Goyas frente a un Fra Ang�lico. Muchos menos, tal vez ninguno, pueda presumir de haberlos...








