El balance del parte de este tercer encierro de San Fermín no refleja lo que han transmitido las imágenes: un herido por cornada en el brazo izquierdo y 14 contusionados con diversos traumatismos en el cráneo y las extremidades.Pero si los toros del miércoles, de Cebada Gago, con fama de fieros y peligrosos, destacaron por su nobleza y buen talante, los de hoy, de Victoriano de Río, llegaron a Pamplona con el diploma de expertos en carreras limpias y divertidas bajo el brazo. Asustan, claro que sí, implican riesgo, cómo no, pero su presencia ofrece confianza. No es que sean nobles, es que son buenos y conocen a la perfección su cometido: correr pegados al compañero, zafarse de los mozos que les impiden el paso, y, a ser posible, no causar daño alguno. ‘Perdone si le he molestado, no era mi intención, pero es que debo seguir corriendo’, parecen decirles a ese corredor que se da de bruces contra los adoquines empujado por la bulla y no por los toros.Esta es la 15º vez que los representantes de esta ganadería madrileña corren por las calles de Pamplona y han hecho honor a su bien ganada fama.Por lo que se ha visto, se puede afirmar con escaso margen de error, que los contusionados no responden a la peligrosidad de los victorianos, sino a la cantidad de personas que abarrotaba las calles del recorrido e impedía materialmente el paso de los animales.Antes de que sonara el cohete que anuncia el inicio del espectáculo, ya estaban los toros, prestos, despiertos y dispuestos en los corrales para salir a la pista, correr y correr y, si es posible, batir el récord del año anterior, cuando el reloj se detuvo en los 2 minutos y 19 segundos. No fue posible, porque en esta ocasión tardaron cuatro segundos más (dos minutos y 23 segundos), pero no fue por falta de interés.Otra mañana más, hasta tres cabestros volaron al frente de la manada por la empinada Cuesta de Santo Domingo, y ya en esos primeros metros se encontraron con los primeros mozos, que no eran más que la abultada avanzadilla de una bulla más propia de la Semana Santa sevillana que de un espectáculo protagonizado por astifinos toros bravos.Los animales llegaron juntos hasta la Plaza Consistorial y bajaron veloces por la calle Mercaderes, y una mañana más, y ya van tres, ninguno de los toros se empotró contra los tablones que dan paso a la calle Estafeta.Pero ahí comenzaron los problemas. Ese tramo largo y recto no era una calle al uso, sino un vendaval humano blanco, rojo y del algún otro color despistado que no dejaba el más mínimo espacio posible. Comenzaron los resbalones, las caídas, los atropellos… Lo normal. El cabestro que iba en cabeza arrollaba sin más remedio a los mozos que le cerraban el paso. Al poco tiempo, algún toro también mordió el polvo y la manada se rompió. Pero tal circunstancia no evitó que la carrera prosiguiese según el plan previsto. Los de detrás perdieron el contacto con la cabeza, pero conocían a la perfección su papel.Claro que en el tramo de Telefónica, donde se ha producido la única cornada de la mañana, y en la bajada al callejón, que da entrada a la plaza, era prácticamente imposible el paso de la manada; de ahí, que muchos mozos notaran en la nuca el aliento caliente de los animales y otros el roce temible de los pitones.Por fin, y por fortuna, apareció el ruedo. Los toros y sus acompañantes buscaron con ansiedad la puerta de los corrales; y allí ya descansan los atletas de Victorino del Río: Entonado, de 610 kilos, Casero, de 585 kilos, Jara, de 605, Soleares, de 595, Alabardero, de 570, y Devoto, de 585 kilos, cuatro de capa nagra, un castaño y un colorao.La terna de toreros que esta tarde hará el paseíllo la integran Alejandro Talavante, Roca Rey y David de Miranda, uno de los carteles estrella de la feria sanferminera.
Un herido en un brazo y 14 contusionados en un rapidísimo y abarrotado tercer encierro con los toros de Victoriano del Río
Se produjeron numerosas caídas y resbalones a causa de los muchísimos corredores que saturaron las calles del recorrido












