El parte médico provisional informa de que ha habido un herido por cornada en la cara y 13 contusionados en piernas, brazos, muñecas, hombros y pies en el quinto encierro de los sanfermines, protagonizados por los toros de José EscolarPoco es. Hoy es sábado y en las calles del encierro no cabía un alfiler, una auténtica marabunta en la que se mezclaron corredores avezados con muchos novatos que llegan el fin de semana y pagan su temeridad con atropellos, caídas y algún que otro derrote. Quede constancia, no obstante, de que los toros modernos, incluidos los musculados, descarados de pitones, serios, exigentes, ásperos, fieros e imprevisibles de la ganadería abulense de José Escolar —esa es su fama— ya no tiran cornadas, no se separan de la manada, agachan las cabezas, se arropan con los cabestros y huyen del bullicio con frenesí. Toros que pasan miedo, acostumbrados a las pacíficas carreras en la dehesa, y no son conscientes del peligro que pueden transmitir con su fortaleza y sus pitones. Pero prevalece su nobleza frente a la bulla de corredores y las imprudencias de muchos de ellos. Esas son las causas fundamentales que provocan el parte de contusionados, y seguro que el herido no lo ha sido, precisamente, porque un toro lo haya buscado para alcanzarlo con los pitones. Fama de fieros tienen los de José Escolar, que han corrido esta mañana su décima carrera desde su estreno en el año 2015. Pero corderitos bonancibles parecían minutos antes de las 8 de la mañana, en los corrales de Santo Domingo, ajenos al bullicio, al griterío y a las molestias de la dura prueba que les esperaba a pocos metros. Así que despistados los sorprendió el cohete, algunos de ellos recularon por el estallido, lo que permitió a los cabestros enfilar la cuesta, como suele ser habitual cada mañana. Hasta cuatro cabestros encabezaron la carrera en esos primeros metros, al tiempo que los toros apretaban sus carnes a las de los veteranos y huían hacia adelante sin rumbo conocido. Muchos corredores en las aceras, muchos más en la plaza del Ayuntamiento y la calle Mercaderes. Justamente ahí, un toro se puso en cabeza, aceleró, cualquiera sabe por qué motivo, y fue a estrellarse contra los tablones que dan paso a la calle Estafeta. Un mozo quedó literalmente atrapado entre un toro y un cabestro y a estas horas le deben doler hasta las entrañas. Como suele ocurrir, y hoy sábado con más razón, Estafeta no era más que una estela multicolor, sin espacio alguno para el paso de la manada. Zancadillas, resbalones, caídas, contusiones… y los toros buscando aire para seguir adelante. La bulla acabó por romper el grupo, y dos toros y tres cabestros fueron los primeros en alcanzar el tramo de Telefónica y la entrada al callejón. La manada llegó rota al ruedo de la plaza; un toro y un cabestro, los primeros. Los mozos con la vista hacia atrás por todo lo que se les venía encima; a uno de ellos, un encanecido y veterano corredor lo atropelló con violencia uno de los toros rezagados y se dio de bruces contra el suelo. Al final, 2 minutos y 36 segundos duró este quinto encierro, cuatro segundos menos que en 2025, en el que solo hubo cinco contusionados. Los toros que ya descansan en los corrales son los siguientes: Cantito, de 590 kilos, Carpintero, de 610, Chismoso, de 615, Secretario, de 570, Tomillero, de 595, y Campanero, de 600 kilos. Los seis serán lidiados esta tarde por los diestros Antonio Ferrera, Juan de Castilla e Isaac Fonseca.
Un herido y 13 contusionados en un multitudinario y peligroso quinto encierro de los toros de José Escolar
Las abarrotadas calles de la carrera y las imprudencias, y no la fiereza de las reses, causas principales de las caídas y atropellos











