El primer parte médico del segundo encierro de San Fermín señala que se han producido tres incidencias, y entre ellas, una cornada que no reviste gravedad en un brazo a un corredor guipuzcoano de 23 años, que ya está siendo atendido en el hospital; otra, con una contusión en una pierna, y ya en la zona de la plaza de toros, una hemorragia por caída. Un parte muy leve para lo que podía esperarse de los temibles toros de Cebada Gago que hacían hoy su carrera número 36, y cuya hoja de servicios dice que es el hierro más peligroso que viaja cada año a Navarra, de modo que han corneado a 63 personas (64 ya) a lo largo de su historia.Pero lo cierto es que los toros, los de hoy y todos los que han corrido y correrán por estas calles, están cada vez más familiarizados con las carreras en las dehesas, y los veteranos cabestros los guían con conocimiento y aparente facilidad por las calles de Pamplona, lo que resta vistosidad a los encierros de San Fermín.Había tensión esta mañana, miedo y también angustia ante la presencia de los temibles toros gaditanos de la ganadería de Cebaga Gago; ahí está la lista de heridos que llevan ya sobre sus espaldas; toros, además, especialmente astifinos, fieros y listos, que se suelen sentir muy molestos ante la presencia de extraños.Pues, nada. Frente al miedo, la sorpresa de una carrera rapidísima (dos minutos y 26 segundos) en relación con la del año pasado, que duró cinco minutos y 22 segundos, y señal inequívoca de que la carrera ha carecido de incidencias reseñables, de que todos los toros se han aislado de la marabunta callejera y han seguido a toda velocidad el camino hacia los corrales de la plaza.Como sucedió este martes, uno de los cabestros lideró la carrera en la Cuesta de Santo Domingo, junto a un toro de capa negra, pegado a su piel, más temeroso que temible; y detrás, apelotonados, todos los demás.Mucha gente en esa zona, y más en la Plaza Consistorial y la calle Mercaderes. A velocidad de vértigo se plantaron en el ángulo recto donde unos tablones dan paso a la calle Estafeta. No hubo golpetazo, señal de que el líquido antideslizante cumple su cometido.Y esa calle larga era, una mañana más, un hervidero de mozos y algunas mozas que, literalmente, estorbaban el paso de los animales. Hubo caídas, resbalones, pequeños montones, lo normal para tal circunstancia.Pero los toros de Cebada Gago se comportaron como toros muy nobles, con la lección aprendida de correr y no crear problemas, más preocupados de zafarse de quienes le cerraban el paso que de defenderse de los molestos humanos.Algunos mozos los molestaron de verdad, bien colgándose de los pitones, lo que está terminantemente prohibido y puede ser motivo de sanción, o impidiendo el paso de la manada, lo que acabó en sucesivos revolcones y pisotones, al parecer sin graves consecuencias.Así llegó la manada al ruedo de la plaza, limpio de corredores, como indica la nueva instrucción de los responsables del encierro y, sin más dilación, entraron en los corrales.Allí descansan ya Filófoso, de 565 kilos, Branador, de 555 kilos, Palillero, de 585 kilos, Pintado, de 565 kilos, Cepillito, de 575 y Manijero, de 590 kilos.Los seis serán lidiados esta tarde por una terna formada por David Galván, Román, que ya se enfrentó a este hierro en la pasada feria, y Manuel Diosleguarde, que debuta en Pamplona.