Blanca Escribano | València (EFE).- Si algo tienen claro Manolo García y Quimi Portet es que volver a los escenarios con una gira de doce conciertos ha sido un placer, un acierto y un «regalo de la vida» que los de El Último de la Fila recordarán con satisfacción, aunque desvelan que tienen sentimientos encontrados: «Este oficio tiene las dos caras».
Un día antes de despedirse de la gira en el Estadio Ciutat de València, García y Portet revelan en una entrevista con EFE que, entre tantas emociones, también hay hueco para la tristeza, pero subrayan que una de las cosas más importantes ha sido «poder reír con amigos» y reconectar con el equipo y el público.
«Éramos ya familia porque habíamos hecho muchísima carretera juntos, pero ahora esa amistad se ha renovado y la gente ha estado maravillosa», explica García, quien ha destacado que había «muy pocos móviles» en los conciertos, porque el público estaba «viviendo el momento» después de 30 años de ausencia.
Los músicos -que no han perdido la oportunidad para nombrar y agradecer a todo el equipo que les acompaña- se han encontrado con la nostalgia de hace tres décadas entre los asistentes más veteranos, pero también han hecho cantar y bailar a lo que ellos llaman «los adoctrinados», gente más joven que «ha picado el cebo» de la mano de familiares más mayores.






