FrancescBombí-VilasecaBarcelona 08/07/2026 22:45 Actualizado a 08/07/2026 23:19 Que sí, que el lector ya sabe que Josep Pons está todavía dirigiendo la última ópera de Verdi en el Liceu, el gran Falstaff, y el día 24 aún tendrá ocasión de despedirse como es debido en el coliseo de la Rambla con la Octava de Mahler, pero este miércoles los barceloneses tuvieron ocasión de disfrutar de su última dirección al frente de la Orquestra del Gran Teatre del Liceu, al menos como titular, en sesión gratuita y popular, junto al Club Natació Barcelona, en la arena de San Sebastià, dentro del Clàssica a la Platja, un año más bajo el paraguas de Barcelona Obertura. Tumbonas, toallas, ropa de baño o más de noche, más sandalias y chancletas que zapatos, la arena fue una platea poco improvisada. Hasta el mar seguía el ritmo con las olas y servía para refrescar el día más caluroso jamás registrado en Barcelona.El programa, como corresponde, estaba pensado para todos los públicos, aún con más motivo pues, con el título de Liceu Simfònic, música per a tothom, el concierto formaba parte de la celebración del 25.º aniversario del Petit Liceu, con piezas emblemáticas del repertorio sinfónico que empezaron, pasada la introducción de Laura Sangrà, con la enérgica Danza húngara n.º 1 de Johannes Brahms. Tras una presentación del maestro Pons, que insistió en el recorrido por “danzas de la periferia europea”, la orquesta siguió bailando con una de las danzas eslavas de Antonín Dvořák y, acto seguido, algunas de las piezas más emblemáticas de otro clásico fantástico como El Cascanueces de Chaikovski –Marcha, Danza del hada de azúcar, Danza de los Mirlitones y el Vals de las flores–. Aunque fuera de noche, con tanto calor parecía que estuviéramos delante mismo de la chimenea en una de las Navidades en que se suele representar este ballet. Los músicos, eso sí, tenían ventiladores –y agua dulce, además de la mediterránea– muy cerca.El Liceu anuncia que hasta el domingo las entradas para el ‘Falstaff’ de Verdi costarán 50 €La orquesta mantuvo la intensidad en las Danzas polovtsianas de la ópera El príncipe Ígor de Alexánder Borodín, antes de que una nueva intervención del maestro diera paso a una pieza tan conocida como la apasionada Dansa ritual del fuego de El amor brujo de Manuel de Falla, siguiendo con la rítmica de Malambo, una de las danzas del ballet Estancia del argentino Alberto Ginastera –nieto de catalanes– para culminar con el fervor de los más o menos 30.000 asistentes –y los que se conectaran a Betevé o a Catalunya Música– con el celebérrimo Boléro de Maurice Ravel y su característico ostinato rítmico de la caja clara, sus solos obsesivos con una hipnótica dinámica in crescendo que hizo llegar al trance colectivo hasta el último compás, y los que siguieron, porque el Boléro continuó en un bis cómico.Lee tambiénEn modo leitmotiv Pons, durante el concierto se anunció que hasta este domingo todas las entradas que se compren para el Falstaff del Liceu costarán 50 €, para despedir al maestro en su última gran producción en el teatro.La música no se despide de las olas, este jueves vuelve a la playa con Una simfonia imaginària, con el concierto de la Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya (OBC) dirigida por Ludovic Morlot, repitiendo algunos de los nombres propios –Brahms Borodín, Dvořák, Chaikovski– con otras piezas y sumando el allegro molto de la Segunda sinfonía de Rajmáninov. Arena, agua, sal, sol, do, fa, la...Redactor de Cultura. Autor de 'Febre amb gel (Fonoll, 2023) y 'Roger Mas. La pell i l'os' (Satélite K, 2011). Licenciado en Periodismo (UAB) y en Filologia Catalana (UB)