En el d ía más caluroso de toda la historia de la ciudad, el festival Cruïlla arrancó acompañado de un soplo de brisa en el Parc del Fòrum, señal de buenos augurios. Con la furia solar algo apaciguada, el protagonismo en esta primera jornada del miércoles fue para Renée Rapp y Halsey, dos representantes del starsystem de divas pop con el que Estados Unidos se ha adueñado del planeta musical, un escalafón al que también aspiran la noruega Sigrid y la venezolana Joaquina, en la liga de las cantautoras. Voces femeninas que reunieron a 10.000 personas en una jornada donde Sen Senra aportó la sorpresa actuando con banda para reinterpretar su década musical.Rapp, 26 años, rubia como el sol, había reunido a un público numeroso cuando apareció sobre el escenario a las 20.30 h a todo tren con Leave me alone y Kiss it kiss it casi sin pausa. La autora de Good girllució pose de niña mala y desplegó dominio escénico sin dejar de saltar y moverse por todo el escenario. Le ayudaban ritmos desenfrenados como los de Talk too much, cantada por la primera fila.Lee tambiénEn su primera visita a la península, la artista de Carolina del Norte demostró haber aprendido de Alanis Morisette con la rockera Shy o Mad. Más rock que pop, pulido por una voz bien modulada que lució en la balada Sometimes y un carácter que irradiaba energía, excesiva tal vez para los músicos, que se despojaron de sus camisetas para combatir el calor.También sudaba Rapp, que no por ello dejó de moverse con el sonido disco de Swim, en el que distorsiona la voz, y dirigirse a un público magnetizado por el espectáculo, que bailó entre la fiesta y la pausa de temas como I think i like you better when you’re gone, en la escuela de Beyoncé, o In the kitchen, de dulce melodía, antes de concluir el show con la exhuberante At least I’m hot, título muy apropiado para una jornada como la de este miércoles.Ya en plena noche, Halsey se presentó a través de una arcada de apariencia pétrea para bajar escaleras como una diosa en este espectáculo que ha denominado The girl in the corner . Rodeada de fuego, emprendió con Nightmareante un espacio más vacío de lo esperado, pero bien pertrechado de fans que habían hecho guardia en las primeras filas.Sen Senra se rodeó de un sexteto para reinterpretar su repertorio con sonidos analógicosLa artista a la que no le preocupa dejar de ser estrella pop ofreció un espectáculo poderoso donde dejó claro que I am not a mother, I’m a god, lo que no le evitó tener un problema con el micro que la obligó a interrumpir Castle para repetirla a continuación desde el principio.La artista de 31 años, que luce en su brazo un tatuaje de Sin Cara, del filme animado El viaje de Chihiro, se apoyó en un cuarteto instrumental para desarrollar un pop rock de reminiscencias góticas acompañado por imágenes de iglesias y castillos mientras sonaba You should be sad. Con más luz en el escenario pero oscuridad en la letra sonó Dog years, guitarras distorsionadas y Halsey, atada al cuello por una cadena, mezclando oscuridad y fuerza en su voz. Sonidos grunge que se dejaron ver en You asked for this, recuerdo de su mala experiencia con el éxito, que orilló para hacer temas cargados de furia como Experience on me.Antes de que las grandes protagonistas hicieran sus respectivos shows se pudo ver a Sigrid, estrella pop noruega que bebe del pop rock dulzón americano con canciones en inglés, peleó a las 18 horas para reunir a todo aquel que pudo refugiarse en la sombra proyectada por el escenario Occident. Ataviada como una turista dispuesta a patearse las Ramblas y la Sagrada Família, Sigrid ofreció temas frescos como el inicial I’ll always be your girl o It get’s dark . Música redonda –tal vez demasiado redonda– que aprovecha su bonita voz. A la misma hora, el escenario Vueling acogía a la venezolana Joaquina, melódica en Una foto de nosotros, mientras que con Freno o Rabia desplegó un pop de matriz clásica en la línea de artistas latinas como Julieta Venegas.Rapp demostró sus dotes escénicas, mientras que Halsey descargó su furia con sonidos distorsionadosMás sorprendente fue la actuación de Sen Senra, que llegó al Cruïlla con el tercer álbum de su trilogía PO2054AZ bajo el brazo, aunque no le hizo demasiado caso. A diferencia de apariciones anteriores, donde Christian Senra se apoyaba en bases grabadas y aparecía solo sobre las tablas, en esta ocasión los instrumentos de seis músicos, con un saxo que añadió lentitud bluesera a la inicial Como el fuego , y aportó nuevos matices a la voz aflautada característica de Me debes esto, de ritmo lento y suave.Sentado en un taburete, con una copa de vino blanco a mano, gorro y gafas de sol, Senra adoptó pose de cantautor acorde con los arreglos de Meu amore o Perfecto, que aligerada de electrónica suena a soul, con el añadido de una flauta travesera, efecto parecido al de No me sueltes más, de aire funky.Dejando de lado lo más novedoso, el gallego recorrió sus diez años de carrera para comprobar que el público se animaba a cantar Por ti. Y no faltó en el repaso Qué facilidad , con el toque de C. Tangana, ni Ya no te hago falta, o piezas de su trilogía, caso de Uno de eses gatos , con el que se levantó por primera vez del taburete a la hora de concierto con la duda de si prefiere ser el músico sentado o el que se mueve por el escenario entre bases grabadas.