España no es un caso aislado. Tras la ola de calor “sin precedentes” en Europa, han llegado los incendios. Y con las llamas, la destrucción de miles de hectáreas, la evacuación de miles de personas y hasta la prohibición de espectadores en las cunetas del Tour de Francia —algo que solo había conseguido la pandemia de covid—.
La secuencia sigue una lógica sólida: el cambio climático, generado por los humanos, ha causado un calor extremo que, de otra manera, “habría sido virtualmente imposible”, según los científicos de la World Weather Attribution. En mayo, Europa experimentó “una inusualmente temprana e intensa ola de calor”. En junio, las temperaturas redoblaron su escalada. Ese calor no sale gratis y los incendios forestales son la siguiente etapa de esa progresión.
Al entrar en julio, las condiciones que se han generado en Portugal han hecho que los montes sean “un polvorín”, como ha explicado el primer ministro de luso, Luis Neves. Allí, un incendio en el municipio de Vouzela —en el centro-norte— ha quemado unas 15.000 hectáreas. La columna de humo de la vegetación ardiendo era visible desde el espacio por los satélites Sentinel y se alargó más de 600 km sobre el Atlántico.
Al norte de España, este lunes 6 de julio de 2026 quedará como una fecha relevante en el calendario. La tercera etapa del Tour de Francia se disputó sin espectadores en las cunetas. Las autoridades francesas prohibieron a los aficionados acudir “cerca de la ruta o la línea de meta” por un incendio cercano. Hasta ahora, —aparte de razones de seguridad puntuales— solo la pandemia de covid había conseguido que la Grand Boucle se corriera sin público. Tampoco pudo circular la caravana publicitaria del Tour.













