Permiten a los emisores captar una demanda más profunda, diversificada y resiliente y construir carteras disciplinadas y que ofrezcan visión de futuro para los inversores.
El pasado 24 de junio, BBVA colocó un bono verde de 1.250 millones de euros a cinco años, con una sobredemanda de 3.200 millones; esta emisión seguía a las de Iberdrola y Telefónica, entre otras (ver información adjunta).
"Tras una década de rápida expansión, el mercado de bonos Verdes, Sociales, de Sostenibilidad y Vinculados a la Sostenibilidad (GSS+) ha madurado hasta convertirse en un segmento central de la renta fija global", se asegura en Exploring structural demand for sustainable bonds: Perspectives from investor practice, de la Asociación Internacional del Mercado de Capitales (ICMA).
La emisión global de bonos GSS+ alcanzó 1,8 billones de dólares (1,57 billones de euros) en 2025, en línea con 2024, aunque con diferencias por regiones. "Los bonos verdes han seguido siendo la columna vertebral del mercado sostenible de deuda", y "los denominados en euros la piedra angular de la oferta etiquetada", según Bloomberg NEF.
"Para 2026 se espera un mayor crecimiento de los bonos verdes, impulsado por inversiones significativas en infraestructuras, especialmente en inteligencia artificial y energía renovable", aseguran desde BNP.







