Actualizado a las 06:55h.
A principios de los noventa, Madrid comenzaba a tener una resaca de la que no despertaba del todo. Del «que todo el mundo se coloque» de Tierno Galván a la peseta de Lola Flores, había pasado de todo. El sur de la ciudad atravesaba ... también uno de los peores momentos de su historia reciente y entre todo ese ruido se alzó una voz que trataba de poner fin a las chutas y al suicidio de una generación perdida por la heroína. Era la de Nicanor Briceño, un tipo normal que decidió hacer cosas cuando todos los demás miraban a otro lado.
Jóvenes
Calles
Poblados








