El embarazo de Carmen Romero duró media hora. Esta tinerfeña, que entonces tenía 24 años, acudió a urgencias con un dolor de estómago y "ganas de ir al baño todo el rato". Había sido madre hacía año y medio y le había salido una hernia de hiato que le provocaba inflamación en el abdomen. Además, su menstruación no se había interrumpido en los últimos meses, por lo que nada le hizo sospechar que la causa de su malestar era que estaba de nuevo embarazada. Ni mucho menos, que estaba en el noveno mes de gestación."Me hicieron una eco y me dijeron: 'Estás embarazada'. Y yo: '¿Perdón? ¿de cuánto?'. Y me dice: 'Yo juraría que estás dando a luz'", recuerda ahora, con 31 años y dos hijos. Aquel día, tardó más tiempo en aceptar que tenía que entrar en el paritorio que en dar a luz a su segunda hija. "Yo me negaba rotundamente a meterme en en paritorio, no podía creer que estuviera embarazada. Pero, una vez me tranquilizaron y hablé con mi madre por teléfono, les dije que, por lo menos, me pusieran la epidural. Pero la chica me dijo: 'Es que tienes la cabeza fuera'. Estuve en el paritorio 10 minutos".Romero entonces no lo sabía, pero había vivido un embarazo críptico, aquel en el que la mujer no es consciente de estar embarazada hasta un estadio avanzado de la gestación o incluso hasta el inicio del parto, como fue su caso. Estos embarazos son muy excepcionales y casi no existen datos debido a la falta de registro de la mayoría de ellos. En España no hay cifras de prevalencia publicadas, pero algunos artículos como este hablan de entre uno de cada 1.400 y uno de cada 2.500 en distintos países. Las mujeres que lo viven sufren posteriormente problemas psicológicos, agravados en muchos casos por una extendida incomprensión y desconfianza por parte de su entorno social.Romero recuerda una sensación "horrorosa" justo después del parto. "Estaba sola, me pusieron a la criatura encima y me dijeron: 'Es una niña, está bien'. Yo miraba al bebé alucinando. Sentía que me habían dado un bebé que no era mío", declara Romero, que recuerda el ambiente en la sala de espera del hospital cuando fueron llegando sus familiares más parecido a "un funeral, con todo el mundo llorando". De aquellos días, a la memoria le viene una total incomprensión de una parte de su entorno familiar, llegando a recibir acusaciones tales como haber ocultado conscientemente el embarazo por ser fruto de una infidelidad, y admite que los días posteriores no quería a la hija que acababa de dar a luz.La desconexión emocional que sentía por su inesperado hijo recién nacido, un sentimiento compartido por muchas madres que han vivido un embarazo críptico, llegó a su fin 20 días después del parto. "Tienes una hija que ni siquiera eres capaz de querer en ese momento, porque estás tan en shock que no eres capaz de visualizar una maternidad", relata Romero. "Pero a los 20 días de nacer mi hija, le da una apnea del sueño y se me queda morada y se me queda sin respiración. En ese momento fue cuando yo dije: 'Mierda, la quiero'. Necesito que me salven a la niña. Fue como un golpe de realidad. Me di cuenta de que era una parte de mi que no había procesado'". La hija de Carmen Romero salió de la apnea y tiene actualmente ocho años.Menstruaciones irregulares y situaciones de estrésLa primera reacción a la que se enfrentan las mujeres que han vivido un embarazo críptico es la incomprensión. ¿Cómo es posible no haber notado nada, no haber sentido un aumento de volumen del abdomen, los movimientos del feto, las náuseas, la interrupción de la menstruación? Aunque parezca inverosímil, todo esto es posible. Esto es lo que corrobora el doctor Abel Renuncio, ginecólogo y responsable de la Unidad de la mujer en el Hospital Universitario de Burgos, que señala algunos de los factores que pueden llevar a esta situación tan excepcional."Puede haber mujeres con ciclos menstruales irregulares por algún problema fisiológico y eso puede hacer que un embarazo, sobre todo en etapas más iniciales, pase más desapercibido. O puede suceder lo contrario, mujeres que en el inicio de un embarazo pueden seguir teniendo la menstruación o bien sangrados que no procedan del interior del útero y que pueden condicionar que ella pueda atribuir a una menstruación, cuando realmente no lo es", explica el ginecólogo, que también es portavoz de la Sociedad Española de Contraconcepción (SEC).La inflamación del vientre, es cierto, indica el doctor, que no siempre es perceptible. "La posición de la placenta o, a veces, situaciones de sobrepeso u obesidad, pueden hacer que se perciba menos". En cuanto a los síntomas asociados al embarazo, como las náuseas, vómitos o molestias, el doctor atribuye la falta de percepción a lo que define como una "negación del embarazo inconsciente", que lleva a la mujer a atribuir los síntomas a otras causas. Esa negación, en muchos casos, esconde situaciones de alto estrés o algún trauma.Buena parte de estos factores tan excepcionales se cumplieron en el caso de Aina Binimelis, una agente de viajes mallorquina de 29 años, que dio a luz a su única hija cuando tenía 23. Padece de ovarios poliquísticos, un trastorno hormonal que suele afectar al ciclo menstrual, tuvo un sangrado que después supo que no fue uterino y vivió una época de gran estrés por el fallecimiento de su madre, la ruptura con su pareja y el regreso al hogar familiar."Tuve retraso y un sangrado, que yo lo asocié a una regla, normal y corriente, porque, yo, tres meses sin venirme la regla, lo consideraba natural, formaba parte de mi rutina", relata Binimelis. "No asocié nada a un embarazo porque no tenía ningún tipo de síntoma típico, además, nunca he estado muy delgada, entonces tampoco es que se me notase mucho la barriga, nunca tuve ningún tipo de molestias, ni vómitos, ni mareos, nada de nada".A pesar de todo, tras un retraso más largo de lo normal, Binimelis pidió cita con su ginecóloga, que se la dio un mes después. Tras la ecografía rutinaria llegó la noticia: "Me dice que, bueno, que lo que tengo es un embarazo muy gordo, que estoy de 27 semanas y que ya no hay vuelta atrás, que me quedan tres meses para parir básicamente".Tras un ataque de ansiedad en la misma consulta, la mallorquina recuerda las semanas posteriores con "mucho miedo y mucho shock" y las tibias reacciones de las personas a las que les comunicaba la noticia. "Hubo personas que se alegraron, pero es que generalmente la gente se quedó en shock, sobre todo mi entorno más cercano, tampoco sabían cómo reaccionar. En general sí que me sentí bastante incomprendida porque la gente te juzga y no entiende el por qué te puede pasar esto".Binimelis dio a luz a su hija, que ahora tiene cinco años, y consiguió salir del shock gracias al apoyo de su familia, que tras la parálisis inicial, le mostró todo su apoyo. Pero no olvida la sensación de soledad ante el juicio externo de aquellos primeros meses. "No conocía a nadie que hubiera pasado por lo mismo y que me hiciera pensar: 'Ostras, pues sí que es una cosa que puede pasar también'".Construir un vínculo materno-filialLa principal implicación de un embarazo críptico a nivel psicológico es la falta de tiempo para transitar la crisis vital que supone ser madre. Los meses en los que las mujeres embarazadas tienen habitualmente para ir afrontando el reto del parto y la maternidad se convierte en apenas unas semanas o días vertiginosos para las mujeres que viven este tipo de embarazo."La mujer que descubre su embarazo en la recta final del mismo puede experimentar un estado de shock que le impide procesar la noticia a un estado de ambivalencia necesaria para tomar muchas decisiones, algunas de gran importancia y trascendencia, en un corto espacio de tiempo", declara Patrica Fernández Lorenzo, psicóloga clínica, docente del Instituto Europeo de Salud Mental Perinatal y co-autora de Psicología del Embarazo."Generar un vínculo materno-filial es el gran reto que viene de la mano de la toma de decisiones, de dedicar un tiempo necesario para fomentar la expresión emocional y la búsqueda de recursos para garantizar un buen soporte afectivo. El vínculo con la criatura pasa porque la mujer pueda primero conectarse con su propio cuerpo y con su propia situación", añade la psicóloga, que incide en la importancia del acompañamiento a estas mujeres antes y tras el parto. "El vínculo en estos casos es difícil y por eso es prioritario ofrecer unos cuidados exquisitos a estas madres para que puedan conectar con sus bebés y ayudarles en la construcción de su historia".A Rocío Carrillo, la noticia de que estaba viviendo un embarazo críptico le llegó en el peor lugar posible para asumirlo: en una clínica abortiva. Esta enfermera barcelonesa de 39 años tenía entonces 22 recién cumplidos. Lo había dejado con su pareja hacía pocos meses y había vuelto a casa con sus padres. Las menstruaciones habían sido tan regulares como siempre hasta que tuvo un retraso. Aunque tomaba la píldora anticonceptiva, decidió hacerse un test de embarazo. Resultado: positivo. Lo tuvo claro, se lo contó a una amiga y, al día siguiente, acudió a una clínica para abortar."La médico me preguntó si sabía de cuánto estaba y yo le dije que no sabía porque era la primera falta que tenía. Me hizo una ecografía y se me quedó mirando. La volvió a hacer y me dijo: 'Pues estás de 29 semanas, no puedes abortar'", recuerda Carrillo 17 años después. Tuvo un sofoco y se desmayó allí mismo. "Yo no tenía barriga ni tenía absolutamente nada, o sea, cero es cero. Cuando ya recuperé un poco la conciencia, le dije: '¿Me puedes explicar cómo cojones cabe aquí un bebé de siete meses?'"Todavía en shock por la noticia, Carrillo tomó una decisión. Fue a servicios sociales para saber cómo proceder para dar al niño en adopción después del parto. También acudió al ginecólogo para comprobar que todo estaba bien porque, como es lógico, no había tomado ninguna precaución durante los más de siete meses de embarazo en los que había fumado y bebido alcohol entre otras conductas generalmente prohibidas durante la gestación. Allí detectaron que su embarazo había sido en realidad de riesgo al tener un hematoma en el cuello del útero desde el primer mes que, por otro lado, le había causado los sangrados mensuales que ella había confundido con la menstruación. "El ginecólogo, el pobre súper mono, me preguntó si quería saber si era niño o niña y yo le dije que me daba igual, que me importaba una mierda. Solo sentía rechazo".Todo estaba bien y su hijo nació sano mes y medio después. En ese tiempo, su familia la arropó y Carrillo acudió a terapia durante un año, primero para lograr asumir su nueva realidad y, después, para abrazarla. Poco a poco, el vínculo fue apareciendo. Aún tras el parto, su decisión seguía siendo entregarlo en adopción, pero fue aproximadamente a los dos meses, cuando le comunicó a su expareja que el niño también era suyo, cuando decidió que quería criarlo.Ahora Carrillo vive con su hijo ya adolescente a punto de cumplir la mayoría de edad. En este tiempo, nunca ha conocido a otra mujer que haya pasado por lo mismo que ella y, de hecho, no ha conocido el término embarazo críptico sino a través de alguna noticia que le ha enviado alguna amiga años después de su parto. "Si lo hubiera sabido habría pensado: 'No soy la chalada'". Porque al principio había mucha crítica de 'no me lo creo' y tenías que ir justificando lo que te había pasado", declara Carrillo. "Hoy en día, ves que le ha pasado a más gente y ves que no eres la chalada, porque a veces pensaba: 'Estoy loca'. Te daba la sensación de que la gente pensaba que estabas loca y, al final, tú misma te lo ibas a creer".Si quieres contactar con 20minutos, realizar alguna denuncia o tienes alguna historia que quieres que contemos, escribe a pablo.rodero@20minutos.es. También puedes suscribirte a las newsletters de 20minutos para recibir cada día las noticias más destacadas o la edición impresa.
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