Actualizado a las 22:32h.
Mil cuatrocientos diez días. Exactos. Mil cuatrocientos diez amaneceres, que se volvían noche, separaban Cuéllar de Pamplona, la muerte de la resurrección. Atrás quedaba aquel 28 de agosto en el que Manuel Diosleguarde caminó entre dos mundos con la femoral partida y un hilo ... de vida, cosida a cicatrices que se cerraron este 8-J. Era su debut en San Fermín. Y lo hacía con el hierro que le abrió las puertas del infierno para cerrarlas con la llave de un trofeo de ley tras enterrar la espada al sexto, el menos bello de una seria y armónica corrida de Cebada Gago, pintura tras pintura. Divinas sus expresiones y nobilísima su condición, alejada de su temible fama, a la que colgaban más orejas de las dos que se cortaron: una para cada debutante, David Galván y Diosleguarde.
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