Actualizado a las 23:39h.

La felicidad de Román era la de Victorino, y la de Victorino era la de todos. Aquel tercer capítulo vibró con alma propia, con una intensidad cegadora. Y eso que Gallarete, sin ese remate de su anteriores hermanos pese a su cinqueña edad, había sido ... protestado tras estamparse contra el burladero y echar las manos por delante. Mucho capotazo recibió, además de un desatinado tercio de varas, con el animal empujando. Hasta la pezuña sangró y pendiente de todo anduvo en banderillas. Cuando se quedó a solas con el matador -en una faena brindada a Manuel Martínez Erice, uno de los mejores tipos de este mundo taurino-, rompió a embestir. ¿Saben por qué? Porque su fondo era de bravura y porque se encontró con un torero bravo. Se creció Román con fe y, sin probaturas, regaló una luminosa serie con la derecha, que encendió la plaza entera. Tanto ardían los ánimos que en la grada del 5 estalló una pelea: era sábado sabadete, «el del cubata con triplete», y alguien olvidó que debajo había un hombre jugándose las femorales. «¡Fuera ese tío! ¡Un respeto!».

Plaza Monumental de las Ventas

Corrida de toros

Victorino Martín