Las obras del Faro Santander, el futuro centro cultural del Paseo Pereda, han sido, probablemente, las m�s dif�ciles de terminar que se han visto en Espa�a desde la pandemia. Todo ha sido un problema: el suelo de los cimientos, ganado al mar durante el siglo XIX, es de barro en su primera capa bajo la losa y de una caliza dur�sima debajo. Los edificios vecinos est�n a 10 metros exactos, de modo que apenas ha habido espacio para maniobrar y para retirar los escombros. Peor a�n: la ciudad que est� al otro lado de la valla es el ensanche de Santander, tan casi-perfecto como es, con la bah�a delante y sus tilos y sus magnolios que parecen caballeros del siglo XIX. Las fachadas originales del Faro, una imagen en la que se han fijado todos los visitantes de la ciudad desde la d�cada de 1950 y que est� en la memoria de sus vecinos como un s�mbolo, tuvieron que ser apuntaladas con una estructura de metal complej�sima porque estaban desgastadas por m�s de un siglo de salitre y humedad.Adem�s, pesaba la exigencia energ�tica del proyecto, que era alt�sima. El combustible que este invierno calentar� el edificio viene del subsuelo, llegar� a trav�s de micropozos de 150 metros de profundidad que llevar�n calor geod�sico. Un l�o. En cuanto a la carga tecnolog�a, �no hay nada que no pueda hacerse en este edificio como centro de arte. Si alguien quisiera exponer aqu� la Gioconda, el edificio estar�a preparado, las condiciones ser�an las mejores�, dice el arquitecto Jos� Azevedo. �Y eso se ha conseguido con much�sima exigencia de superficie expositiva. Si divide los metros c�bicos disponibles para exposici�n que tenemos entre el tama�o del solar, sale una proporci�n alt�sima�.Para saber m�sAzevedo es el arquitecto del estudio londinense de David Chipperfield que ha trabajado sobre el terreno en el Faro Santander, el centro cultural que la Fundaci�n Santander abrir� el 8 de septiembre en su antigua sede del Paseo Pereda. Todo el mundo se ha fijado en ese edificio, que en realidad fue siempre un conjunto de dos piezas construidas en momentos diferentes y unidas formalmente por un arco, pero desconectadas en la pr�ctica. Hasta ahora.El edificio de la izquierda (mirando desde la bah�a) es de 1881. Su gemelo de la derecha es de 1921; la cavalcav�a central es de los a�os 50. Los promotores del primer edificio lo proyectaron como edificio de viviendas, las mejores del primer ensanche de Santander, frente a los jardines de Pereda, pero el Banco de Santander compr� y ocup� el edificio en 1919 y mand� construir el segundo, abri� oficinas all� y destin� sus estancias nobles a acoger su Consejo. Durante d�cadas, los dos edificios fueron una sede bancaria en la que se intu�an las formas de los pisos burgueses: recovecos, balcones, offices...Hay fotos que documentan el aspecto de aquellos interiores. Una alfombra de 700 kilos de peso ocupaba 14 metros y medio de lado. Los suelos eran ajedrezados. Hab�a nueve cuadros de Jos� Guti�rrez Solana. Y la pieza central del edificio era una antig�edad impresionante, una chimenea italiana de m�rmol del siglo XVIII.Fotograf�as: JUAN BARAJAA medida que el siglo XXI avanz�, el edificio qued� obsoleto, demasiado grande para una funci�n de cortes�a. En 2019, la Fundaci�n del banco, propietaria de una colecci�n de 1.200 obras de arte, recibi� el edificio con el encargo de abrir en �l un centro de arte del primer nivel, as� que hubo que embalar la alfombra, la chimenea y el resto de los tesoros. En 2022, las obras ya eran radicales: las fachadas segu�an en pie, pero el interior estaba vac�o y las excavadoras llegaban a una cota de menos siete metros.Ahora, con las obras terminadas y abiertas a la primera visita de los periodistas, no queda rastro de los m�rmoles ni de las antig�edades. �Esta no es una obra suntuosa. Los materiales son los que ve: hormig�n, madera y acero�, dice Azevedo. �No es una obra cara en ese sentido, pero s� lo es por lo complejo que ha sido su proyecto�, a�ade Alfonso R�ez, el director corporativo de Inmuebles del Grupo Santander. �Habr�a sido m�s barato comprar un solar m�s grande en las afueras de Santander, construir un museo nuevo y vender estos edificios para que hagan viviendas de lujo. Pero no habr�a sido un museo como este�.No hay un centro cultural y de arte en Espa�a que se parezca al Faro, eso es verdad, aunque haya otro que tenga las mismas vistas: el Centro Bot�n, a 200 metros. Y, en realidad, no hay dos espacios para el arte m�s diferentes que las dos fundaciones y su contraste sirve para explicar el nuevo Faro Santander. El Centro Bot�n est� levantado sobre postes, su volumen recuerda al casco de un barco y, por tanto, remite a los muelles vecinos de Santander, y su fachada es ligera y porosa porque est� hecha de chapa y de vidrio. Nadie se sorprender� al recordar que su autor, Renzo Piano, construy� el Centro Pompidou.En cambio, el Faro se presenta con dos fachadas que parecen clavadas en la historia de Santander. Desde la calle, las modificaciones son m�nimas, m�s propias de una reparaci�n que de una intervenci�n tan radical. La vieja fachada de piedra y madera (llena de parches de cemento) ha sido restaurada, igual que las esculturas de la cornisa. Las verjas de los bajos ya no llegan hasta el suelo sino que se quedan a media altura porque el trabajo de herrer�a era un tesoro, pero no encajaba bien un enrejado as� en la fachada de un museo. En cualquier caso, la verdadera novedad est� en el arco que une los dos edificios.De todas las decisiones que se tomaron en este proyecto, �cu�l fue la m�s importante? �El arco. La clave fue comunicar las dos piezas a trav�s del arco y conseguir que fueran por fin un solo edificio�, responde Jos� Azevedo. �Fue una decisi�n obvia? �Algo que habr�an visto 95 de cada 100 arquitectos? �No fue obvia. Nos cost� entender qu� hacer. Pasamos cuatro d�as delante, d�ndole vueltas�.JUAN BARAJAAzevedo se refiere al cubo casi perfecto de hormig�n y cristal, 11 metros de fachada, 11 metros de fondo y 10 metros de altura, que est� encajado en el arco sobre la calle Sanz de Sautuola. Que nadie se preocupe: el cristal no est� tintado ni es reflectante, de modo que el arco se ve como siempre desde el Paseo Pereda. La funci�n de la caja es permitir que todas las plantas del conjunto se comuniquen en horizontal, de un edificio al otro, de modo que las dos piezas funcionen como una.Las dos salas principales del Faro Santander tambi�n son muy diferentes a las del Centro Bot�n. Las dos salas, las de las plantas 2 y 4, son dos espacios en doble altura, aproximadamente cuadrados y sin pilares en m�s de 20 metros de extremo a extremo. En la planta 2 el techo es de hormig�n visto y hay dos muros que llevan las instalaciones y que fragmentan m�nimamente el espacio. En la planta 4 el techo est� hecho de 120 celdas cuadradas de luz que podr�an recordar a la llamada Sala Di�fana del Museo de Bellas Artes de Bilbao. Hay una diferencia: las ventanas de la vieja fachada burguesa que se asoma al ensanche por un lado y a la bah�a por el otro son un lujo ins�lito.Hay algo m�s que contar: en lo alto del edificio, un poco retranqueado de modo que apenas se vea desde la calle, David Chipperfield ha a�adido otra pieza de vidrio y cemento que recuerda a la Nationalgallerie de Berl�n de Mies Van der Rohe que su estudio reform� en 2024. Es el restaurante-cafeter�a del Faro Santander, cuya terraza ofrece las vistas con las que todos los visitantes de Santander hemos so�ado en cada paseo.�Cu�les son las ideas m�s importantes para explicar el proyecto? �Flexibilidad y transparencia�, dice Azevedo. �Trabajo milim�trico�, a�ade R�ez.No hay ning�n museo en Espa�a, quiz� tampoco en el mundo, que encaje en un edificio de viviendas, con sus forjados de dos metros y pico y sus ventanales. No, desde luego, con la misma ambici�n como proyecto. El Faro Santander ofrecer� 3.000 metros cuadros para exposiciones, m�s que el Centro Bot�n y que la Fundaci� Joan Mir� en Barcelona y un poco menos que el Musac de Le�n, para poner tres referencias.El prop�sito de su equipo dirigido por Daniel Vega P�rez de Arlucea (antes director de Exposiciones y Conservaci�n del Museo Guggenheim Bilbao) consistir� en funcionar como centro de proximidad, atento al trabajo de los artistas c�ntabros y abierto a los vecinos, y, a la vez, como centro de referencia en Europa. Y su n�cleo duro ser� una selecci�n de los tesoros de la colecci�n de la Fundaci�n Santander, que a�n est� por presentar, y, durante dos a�os, la llamada Colecci�n Gelman Santander, un sobresaliente conjunto de arte mexicano que gestiona la Fundaci�n (aunque no su propiedad) y que har� una itinerancia de dos a�os en el Paseo Pereda. Su origen es el tesoro que reunieron Jacques y Natasha Gelman entre 1941 y 1998 y que incluye obras de primer nivel y poco conocidas de Frida Kahlo, Diego Rivera, Mar�a Izquierdo, David Alfaro Siqueiros, Rufino Tamayo, Jos� Clemente Orozco y Tina Modotti. En M�xico, el viaje de la colecci�n a Europa caus� una intensa discusi�n en la que particip� la presidenta Claudia Sheinbaum. En la Fundaci�n, recuerdan que la colecci�n no est� en Espa�a para quedarse ni es propiedad del banco.Junto a esas dos exposiciones largas, el Faro Santander programar� muestras temporales: la primera, tendr� un valor simb�lico para la ciudad de Santander: Leonora Carrington: el surrealismo sintom�tico girar� en torno a la pintura conocida como Villa Pilar, un lienzo que la pintora inglesa hizo en 1940 durante su estancia en Cantabria, internada en un psiqui�trico, y que nunca antes se ha expuesto en Espa�a.�Cu�l ser� el impacto de un centro de arte as� en Espa�a? En parte, la respuesta estar� m�s all� del propio Faro.A 200 metros, ya est� dicho, est� el Centro Bot�n. Junto a los mismos jardines, el Reina Sof�a ocupar� dentro de unos meses la antigua sede del Banco de Espa�a para exponer el Archivo Lafuente. Y a un kil�metro, junto a la Plaza de Puerto Chico, se construye el Museo de Prehistoria y Arqueolog�a de Cantabria.