Desde esta tribuna analizamos un tema esencial para el desarrollo social de nuestro entorno: el autogobierno de la persona como base de libertad, dignidad y convivencia.Vivimos en una época que suele identificar la libertad con la posibilidad de hacer cuanto se desea, sin límites ni responsabilidades. Sin embargo, la experiencia demuestra que quien se deja arrastrar por sus impulsos, emociones o ambiciones termina perdiendo el control de su propia vida. La auténtica independencia no nace de satisfacer todos los deseos, sino de desarrollar la capacidad de decidir con prudencia cuáles merecen ser atendidos y cuáles deben ser rechazados.La historia de la humanidad ha demostrado que las personas de carácter firme son aquellas capaces de sostener sus principios aun cuando ello implique renunciar a placeres inmediatos, beneficios pasajeros o relaciones que afectan su tranquilidad. Esa fortaleza interior no es señal de debilidad, sino de una profunda madurez moral.PublicidadQuien vive pendiente de la aprobación ajena corre el riesgo de convertirse en rehén de las opiniones de los demás. Quien hace del placer su única meta difícilmente encontrará estabilidad. Del mismo modo, quien teme a la soledad puede terminar aceptando compañías que comprometan su paz, sus valores y hasta su dignidad.La verdadera libertad se construye cuando la conciencia dirige las decisiones y no las pasiones del momento. El dominio de uno mismo fortalece el carácter, favorece la responsabilidad personal y permite actuar con serenidad incluso frente a las dificultades. Esa disciplina interior constituye uno de los pilares de una sociedad más justa, respetuosa y solidaria.La libertad más valiosa es aquella que nace del dominio de sí mismo y permite vivir con principios, honor y responsabilidad. (O)PublicidadPublicidadElio Roberto Ortega Icaza, mediador y abogado criminalista, El Coca
Dominio de uno mismo
La libertad más valiosa nace del dominio de sí mismo y permite vivir con principios...









