El cumple de Marta (cinco años), que se celebraba a primera hora de la tarde de un domingo, terminó alargándose casi hasta la medianoche. Su madre tuvo que llevar a su padre a casa. “Se pasó con las cervezas”, recuerda la mamá, “pero no fue el único”, añade. En la comunión de Leo (ocho años), tíos, abuelos y primos mayores disfrutaron de más de dos horas de barra libre. “Había vino, cerveza y copas, nos costó una pasta”, recuerda su padre. La comunión terminó con baño colectivo en la piscina, protagonizado por adultos claramente ebrios. Los ejemplos de Marta y Leo (que en realidad no se llaman así) son dos ejemplos de hasta qué punto el alcohol está normalizado en fiestas infantiles. Cumpleaños, comuniones y bautizos en los que las personas adultas terminan pasándose con la bebida.
Según la encuesta EDADES, del Ministerio de Sanidad, el alcohol sigue siendo la sustancia que antes empieza a consumirse (a los 16,4 años, con datos de 2024). El estudio señala que el 76,5% de la población de 15 a 64 años consume alcohol regularmente. Pese a ser la sustancia más consumida, es la que menor riesgo percibido genera: es decir, quien la utiliza no es consciente de los riesgos que conlleva. Otro informe oficial, ESTUDES, subraya también la precocidad en el consumo de alcohol: entre el alumnado de 14 a 18 años el sigue siendo la sustancia más consumida: casi tres de cada cuatro estudiantes lo han probado alguna vez. La edad media de inicio en este estudio baja a los 13,9 años.






