En una esquina del cuadrilátero, Donald Trump, 80 años, 1,92 cm. de estatura. En el otro, Giorgia Meloni, 49 años, 1,63 cm. Así debe verse él, o mejor, en el centro del ring. Del mundo. Del universo. Dice, escribe el presidente estadounidense que, ante la cumbre de la OTAN que se inicia en Ankara, quiere orden de alejamiento de la primera ministra italiana porque… ¡Ella le acosa sexualmente! La boutade servirá para distraer de asuntos más esenciales, pero lo grave es que en la cabeza de ese ser que ocupa tan irracionalmente la Casa Blanca la idea de su magnetismo sexual debe encajar.
Insistamos en cómo Trump utiliza el cargo para enriquecerse obscenamente a él y a su familia. Y que, entre una cosa y otra, sigue bombardeando poblaciones, asesinando personas, y utilizando todo tipo de chantajes a países enteros. Nada más llegar a Ankara ha vuelto a insistir en que quiere Groenlandia, como un malcriado bebe octogenario.












