Hay algo deliciosamente ir�nico y prof�tico en el hecho de que el 28 de agosto de 2018, el d�a en el que Gianni Infantino y Donald Trump se conocieron, el presidente de la federaci�n internacional de f�tbol le regalara al (otro) pol�tico un juego personalizado de tarjetas rojas y amarillas y le dijera: "ahora es usted parte de la FIFA". El suizo, convertido desde entonces probablemente en el mayor adulador internacional del presidente, le sugiri� que las utilizara contra la prensa cuando se cansara de ella. Y Trump, encantado, mostr� inmediatamente la roja a las c�maras, sin saber que ocho a�os despu�s, de nuevo en la Casa Blanca, el planeta entero iba a escandalizarse por sus maniobras para anular una igual a uno de los jugadores de su selecci�n.Llevarse bien con Trump es complicado. El estadounidense entiende todas las relaciones desde la �ptica del poder crudo, y consider�ndose el hombre m�s poderoso del planeta exige no s�lo lealtad y entrega, sino sumisi�n. Todo va bien si hay genuflexi�n, elogios y regalos, preferiblemente muy grandes y dorados. Quiere estar en todo y a todas horas, y eso incluye el f�tbol estas semanas. Tras la contundente derrota ayer de la selecci�n frente a B�lgica, celebrada en todos los continentes, editoriales y columnas se preguntan hoy en EEUU por qu� el presidente siente esa necesidad expansiva sin ser consciente del da�o y odio que ocasiona.Infantino entendi� muy r�pido c�mo era su interlocutor y se adapt�. Mientras jefes de Estado y de Gobierno llevan una d�cada desesperados para encontrar el tono adecuado con Trump y rezando para evitar encerronas y humillaciones, especialmente, pero no s�lo en el Despacho Oval, Infantino nunca ha tenido el menor roce. Al rev�s. Ese primer d�a, Trump asegur� que su hijo peque�o, Barron, el �nico aficionado al f�tbol de toda la familia, era un fan del dirigente y quer�a conocerlo. "Debes de ser muy famoso", le dijo Trump entonces con un punto de admiraci�n y otro de recelo. Desde entonces, todo ha sido una luna de miel entre ambos.Acuerdos de AbrahamEn su primer mandato, para celebrar que EEUU albergar�a el Mundial junto a Canad� y M�xico, y para empezar las labores de coordinaci�n, Infantino y el presidente se vieron una y otra vez. En agosto del 19 en uno de los campos de golf del multimillonario, que pasa los calurosos veranos en Nueva Jersey, no muy lejos de donde se disputar� precisamente la final del torneo. Pocas semanas despu�s, Infantino volvi� al Despacho Oval. Y en enero de 2020 comieron durante la cita anual del Foro de Davos, en Suiza. Ah� el lazo entre ambos ya era fuerte. No personal, pero s� m�s all� de lo meramente deportivo. Infantino y el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, parec�an los �nicos en toda Europa capaces de llevarse bien siempre y sin fisuras ni broncas con Trump. El helv�tico, de hecho, aprovech� para cimentar algo que ser�a clave en el segundo mandato: el rol pacificador del presidente estadounidense.Para muchos fue una enorme sorpresa que en septiembre de 2020, a menos de dos meses de las elecciones, Infantino fuera uno de los invitados a la firma de los Acuerdos de Abraham, la gran iniciativa de la administraci�n Trump para acabar con las guerras en Oriente Pr�ximo y lograr establecer relaciones entre Israel y sus vecinos. Fue la tercera visita al Despacho Oval del dirigente deportivo, m�s que casi cualquier l�der mundial, salvo Benjamin Netanyahu, a pesar incluso de que en esos momentos era investigado por la justicia de su propio pa�s.Infantino y Trump, en una imagen del pasado agosto.APPero sin duda ha sido lo visto durante el segundo mandato de Trump lo que ha dado la vuelta al mundo. Una entrega absoluta, obscena por momentos. Totalmente acr�tica, entusiasta, con elogios, halagos y regalos mientras Trump bombardeaba pa�ses, atacaba las instituciones, amenazaba a sus socios y aliados, deten�a masivamente a inmigrantes con tratos brutales, insultaba a los medios y sus rivales y opositores. Infantino, siempre volcado y sin complejos (mientras hace campa�a para su propia reelecci�n) llam� a Trump "el rey del soccer" en marzo del a�o pasado, d�ndole adem�s el trofeo de oro del Mundial de Clubes, que se qued� en la Casa Blanca.En diciembre, la FIFA celebr� el sorteo de grupos del Mundial haciendo una oda al presidente, con sus cantantes y canciones favoritas, en el escenario escogido por Trump (el Kennedy Center, rebautizado por �l como Kennedy Trump Center). E incluso le hizo entrega de un sonrojante Premio Fifa de la Paz al hombre que estaba ordenando hundir lanchas en el Caribe y d�as despu�s atacar�a Ir�n para compensarle por no haber ganado el Nobel.El problema con Trump es que nunca es suficiente. Su exigencia es absoluta, constante. Sus intereses son siempre prioritarios. Y si para conseguir lo que quiere, como la retirada de una tarjeta rota, tiene que quemar puentes, retorcer normas y dejar al resto expuestos, no vacila. Dan igual los premios, los piropos, el servilismo anterior. Lo �nico que cuenta para �l es la siguiente genuflexi�n.
Trump e Infantino: ocho a�os de amistad y tarjetas rojas
Hay algo deliciosamente ir�nico y prof�tico en el hecho de que el 28 de agosto de 2018, el d�a en el que Gianni Infantino y Donald Trump se conocieron, el presidente de la...











